1896 - SAN VICENTE DE LA BARQUERA - por el profesor RAFAEL TORRES CAMPOS - (Segunda parte, Boletín del 30 de noviembre de 1896)

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Segunda y última entrega sobre el escrito del profesor Rafael Torres Campos en los Boletines de la "Institución Libre de Enseñanza", números 438 y 440 del 30 de septiembre y 30 de noviembre de 1896, Secretario general de la Sociedad geográfica, un artículo sobre San Vicente, del que ofrecemos la segunda parte que dice así:

"La iglesia -en que tal vez pensó Pérez Galdós al hacer la descripción de la abadía de Ficóbriga, en Gloria,- está formada con retazos de muy diversas épocas; tiene elementos y detalles de cuatro o cinco siglos. 

Por Real cédula de 3 de Abril de 1248, D. Alfonso VII, y su mujer Doña Leonor "hacen donación a Miguel, su escribiente y amado criado, de la iglesia y los dos tercios de los diezmos por los días de su vida, con obligación de que haga la referida iglesia y la provea de clérigos, lámparas, campanas, ornamentos y todas las cosas necesarias." Servirá entonces de parroquia, no estando habilitado el templo hoy principal de la villa, la capilla románica bajo la advocación de San Vicente, situada junto al puente, que la tradición, con motivo, hace más antigua que la iglesia (1). Santa María se construye en el estilo gótico. Los siglos XIV, XV y XVI, han dejado en el templo numerosas huellas. Los últimos años del siglo XV y los primeros del XVI, constituyen un período importante en la construcción, durante el cual se levantan el crucero, la capilla mayor y la del inquisidor Corro. 

(1) Reconstruida sin duda, conserva la actual dos antiguos capiteles. 

De notar son en las fachadas de S. y O. lienzos de muro de carcomida piedra, y, sobre todo, dos interesantes portadas románicas. Como este estilo no acaba rigurosamente, según a veces con error se piensa, en el siglo XII, bien podían ser posteriores a la carta de D. Alfonso VIII, y más si se tiene en cuenta que la fecha de 1248 es era, no año, y equivale, por tanto, al año 1210 después de J.C.; pero no forme, en rigor, sistema con la construcción gótica. Al hacer ésta se aprovechó, sin duda, fábrica antigua e inspirada en el anterior estilo. Explicase por la existencia de un templo principiado la aparente antinomia que resulta de la citada carta, según la cual se hace donación de la iglesia, y se impone el deber de reedificarla. 

El interés capital del templo está en la capilla de San Antonio de Padua, de patronato de la ilustre familia del Corro reedificada por D. Antonio del Corro, canónigo de Sevilla primero, inquisidor apostólico más tarde, y "preclaro varón en virtudes y nobleza digno de perpetua memoria," según reza el epitafio del peregrino sepulcro que contiene sus restos. Junto a éste, se halla el de sus padres con estatuas yacentes estimables del siglo XV; pero quedan eclipsadas por la admirable figura del inquisidor, que, recostada sobre el brazo derecho en almohadón verdaderamente muelle, lee un libro que sostiene con la mano izquierda. La perfección del dibujo, la gracia sin afectación de la postura, la firmeza en la ejecución, la naturalidad, la soltura y la riqueza en el plegado de los paños, y la expresión de inteligencia y dulzura de aquel rostro singular, hacen de la desconocida obra, a nuestro juicio, una de las importantes escultóricas que del Renacimiento hay en España. El inquisidor muere en 1556; poco posterior es su efigie. Escasos datos hay acerca de ella. Después de revolver muchos papeles, sólo he hallado una indicación que concuerda con el carácter de la obra: dícese que la estatua vino de Sevilla, y fue hecha en Italia; en otra parte se menciona a Génova como punto de procedencia. Pertenece, en efecto, a este segundo estilo de la escultura italiana del siglo XVI que se propone la imitación de Miguel Ángel, e incurre con frecuencia en el efectismo, cuyo más alto representante es Juan de Bolonia, y en el cual trabajan en Génova, Montorsoli y Guillermo della Porta (1). La urna, harto más descuidada, tiene dos ángeles de medio relieve que sostienen cartelas con estas leyendas: "El que está aquí sepultado, no murió" "Que fue partida su muerte para la vida." 

Fundación del inquisidor fue el hospital de la Concepción, instalado en bellísimo edificio al lado de la iglesia, que acusa notablemente el influjo en el antiguo estilo de la arquitectura del cinquecento. Se han perdido allí las proporciones y las molduras góticas; domina la línea horizontal en lugar del sistema vertical de los últimos siglos de la Edad Media, y los arcos de varios centros, elípticos y canopiales, alternan con las ventanas rectangulares y las puertas de adovelados medios puntos. 

Menos gracia, si más purismo y corrección clásica, tiene la llamada casa del Inquisidor, no lejana, en la cual las formas del Renacimiento no se combinan ya con otras, si no dominan en absoluto. Los huecos rectangulares, tienen pilastras y cornisamentos decorativos, y están coronados por frontones. 

Más allá del puente de Mazas, en una ladera sombreada por soberbias encinas y dominando el panorama de la ría y de la alta mar, está el convento franciscano de San Luís, fundado en aquellos tiempos en que el estilo gótico, próximo a desaparecer, hizo manifestación ostentosa de sus primores (2). 

Ruinoso, abierto por todas partes a los agentes atmosféricos, y abandonado por completo hace muchos años, la vegetación ha hecho de él presa, produciendo por todas partes aquella rica flora cantábrica maravillosos efectos decorativos. La hiedra y la zarzaparrilla europea, forman tapices de verdura de una gracia en el dibujo, una variedad de matices y una riqueza de color que no alcanzaron nunca los artistas flamencos en sus orlas. Las vigas del claustro, mal sujetas y desprendidas á trechos, cuando han recogido en el desplome alguna tierra, son jardines suspendidos en que los helechos, las ortigas, y varios tipos de crucíferas, producen deliciosas siluetas. 

(1) Habiendo tenido ocasión de visitar a Génova y de ver las obras del retablo de la Catedral con posterioridad a la redacción de este trabajo, no vacilo en atribuir a los hermanos della Porta (Guillermo y Hacobo) el sepulcro de San Vicente. 

(2) Se erigió en 1468. 

La nave es hoy un bosque espesísimo en el que cuesta gran trabajo penetrar. La piedra de las bóvedas ojivales derrumbadas, la madera de los retablos y de los santos, y los restos de los muertos, depositados en un tiempo en próximo osario decorado con calaveras, han hecho sobre el pavimento montañas cubiertas de arbustos corpulentos y espeso follaje. Pero oculta éste tantas profanaciones, que a poco que se remueva la tierra se tropieza con restos de imágenes que recibieron culto en los altares. Aquello es una página elocuente de lo que ha sido la desamortización en España. 

El templo más venerado y que tiene verdadera celebridad es el de la Virgen de la Barquera, situado a 800 pasos del pueblo, a la orilla de la ría, cerca de un grupo de añosas encinas, y dominando un paisaje incomparable cuyos elementos son la alta mar, la dilatada mancha de agua limpia y tranquila de la ría, los dos grandes puentes que atraviesan los brazos en que ésta se divide - sobre todo el de la Maza del siglo XVI reformado, que es de 28 ojos- el pueblo tendido pintorescamente en anfiteatro al pie de la iglesia y del castillo, hermosas praderas donde quiera y cuestas cubiertas de manzanos, y allá a lo lejos, el soberbio fondo de los picos de Europa, dominados por las crestas blancas de las Torres de Cerredo y de Cambión, la Peña de Moñas y el Naranjo de Bulnes. 

Tiene la _Virgen de la Barquera tradición famosa, que encuentro minuciosamente referida en papeles que conserva el mayorazgo de la casa del Corro, y que daré en extracto. 

En edades remotísimas, que cálculos y suposiciones de algunos hacen ascender a la época en que los sectarios de Mahoma se apoderaron de la Palestina y lugares santos, los vecinos de San Vicente vieron dirigirse hacia la población una barca misteriosa no tripulada por hombre alguno, sin vela, remos ni timón y rodeada de una aureola luminosa, que venía de alta mar a la ría, y, pasando bajo el puente que la cruzaba, se dirigía hacia la población de San Vicente, nombrada así entonces, puesto que recibió el nombre de la Barquera a principios del siglo XIII, por habérselo dado D. Alfonso VIII, haciendo referencia a la santa imagen y a la prodigiosa manera como había llegado. La barca se detuvo; clero y pueblo salieron a hacerse cargo de la merced extraordinaria que Señor les otorgaba. Entrando los sacerdotes en la misteriosa barca, hallaron en ella la efigie de la Madre de Dios, que había elegido aquel punto para recibir culto. 

Resolviese edificar una ermita, que fue levantada con los cantos que las rocas arrojaban a la playa, y quisieron sirviera de altar un trozo de roca de un escollo, que poco tardó en verse rodeado de exvotos, áncoras, navecillas, maromas y otros objetos que atestiguaban los favores recibidos en los peligros del mar y en otras penalidades. Como la barca se consideraba un objeto muy precioso y venerado, fue suspendida de la bóveda de la ermita, y es fama que aquella, como el barquito actual que la reemplazó, señalaba las variaciones del tiempo, apuntando con la proa al que ha de reinar con dos o tres días de anticipación. 

Hoy ni Virgen, ni barca, ni capilla antigua existen; todo es reciente. Hubo de chocarme tanta innovación, y deseoso de comprobar la antigüedad de la leyenda, me dediqué con ardor a revolver papeles de la parroquia, del municipio y de la casa del Corro. Con poca fortuna trabajé en mi rebusca. Ni un documento, ni una cita auténtica, ninguno de esos medios de prueba a que da valor la crítica, me deparó la suerte; sólo testimonios modernos, afirmaciones vagas y envueltas en nebulosidades pude encontrar. Habla la tradición de Alfonso VIII, y creí resuelto el problema al caer en mis manos la copia de un documento de este monarca en que se mencionaba la Barquera; era una donación del sitio sin referencia alguna a la Virgen. Empeñábame más y más en mi investigación, y comenzaba a abrigar dudas sobre el objeto de ella, cuando leí en el periódico Le Temps un precioso artículo de Anatole France sobre bendición de una barca de Saint Valery, que me hizo pensar en lo ingrato que podría resultar mi trabajo. Después de referir de ingeniosa manera la ceremonia, y de analizar, en el terreno que podríamos llamar posisivo, ciertas fórmulas unidas en ocasiones a aquel piadoso acto, como el riego del nuevo casco con una botella de vino, para desarmar al destino si fuera adverso, concluía con una seria reflexión, haciendo notar que tales prácticas y creencias constituyen el más eficaz camino por el cual puede entrar el elemento religioso e ideal de la vida de ciertas pobres gentes, y que la existencia de un pescador, sería verdaderamente sombría si no viese de vez en cuando un pedazo de cielo entreabierto por la leyenda, algo que levante su ánimo de la triste realidad en que se mueve. Tiene razón el ilustre autor de La vie hors Paris, las prácticas populares de sentido profundo, las tradiciones extraordinarias, y, sobre todo, las de carácter piadoso, constituyen un sagrado, al cual no se debe atentar en modo alguno. En las penalidades y angustias que constituyen la épica vida del marinero de San Vicente; en aquellas largas horas de desaliento en que, después de penosísima faena, recorren la costa, sin hallar, por el estado de las rías y el peligro que ofrece la entrada de los puertos, abrigo para sus embarcaciones, y algún descanso para sus fustigados y maltrechos cuerpos; en los frecuentes casos en que la galerna, al tomar un puerto o atravesar una barra, amenaza con la muerte; cuando en la costera del bonito sus frágiles e inseguras lanchas se alejan a 20 ó 30 leguas de tierra, hasta perder de vista los Picos de Europa, en busca de un mar tempestuoso donde coger, con inminente riesgo de su vida, una pesca que les proporcione ganancia de 8 reales diarios, y en lucha sin tregua con el temporal, pasan días enteros sin comer, porque un momento de descuido expone al naufragio, ¿qué podría sostenerlos y reemplazar las esperanzas de salvación que infunde el recuerdo de la Virgen de la Barquera? No, no se debe quitar, a título de depurar la leyenda, un átomo de prestigio a aquella imagen discutiendo sus orígenes, ni una sola probabilidad a la exactitud puntual de lo que se cuenta. 

Cerca de San Vicente, en el término de Santillán, hay un curioso sitio donde puede formarse cabal idea de las costas bravas del Norte: la gruta del  Cuegle ó del Cúlebre. La pendiente es abrupta, el batir de las olas tremendo, la descomposición del terreno rápida. Como la caliza cretácea alterna allí con margas muy arenosas y deleznables, hay grandes derrumbamientos, y se forman profundas oquedades. Una de ellas, es la citada caverna, donde habitaba un horrible monstruo, al cual tenían que entregar un tributo cada año, los de Santillán, una doncella para que la devorase, como medio de librarse de mayores males. Una vez fue designada como víctima por la suerte, una muchacha muy singularmente devota de Santiago; invocó con fervor á su Santo Patrón en el momento crítico de arrojarse sobre ella el Culebre y apareciendo aquél, la salvó y ahuyentó para siempre al monstruo. Los campesinos de los alrededores hacen fijar la atención en una indudable señal de la aparición del Santo Apóstol: las impresiones de los pies de su caballo. Y existe, en efecto, algo que da idea de gigantescas herraduras: las requienias, fósiles característicos del horizonte geológico. ¡Lástima que las frecuentes visitas de naturalistas a aquel sitio vayan consumiendo las numerosas herraduras del caballo de Santiago!

1896 - SAN VICENTE DE LA BARQUERA - Por el profesor RAFAEL TORRES CAMPOS - (Primera parte, Boletín del 30 de septiembre de 1896)

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En los Boletines de la "Institución Libre de Enseñanza", números 438 y 440 del 30 de septiembre y 30 de noviembre de 1896, publica el profesor Rafael Torres Campos, Secretario general de la Sociedad geográfica, el siguiente artículo sobre San Vicente, del que ofrecemos la primera parte que dice así:

"SAN VICENTE DE LA BARQUERA 

Uno de los sitios menos conocidos y más interesantes, sin duda, de la costa cantábrica es la histórica y monumental villa de San Vicente de la Barquera. 

A las ventajas comunes en aquel litoral de excelente playa y de temperatura gratísima, une la de ofrecer excepcional paisaje y no pocos monumentos y ruinas que recuerdan hechos pasados, despiertan idea, hablan al espíritu y permiten que éste se recree en la contemplación e interpretación de restos de lejanas edades. San Vicente es uno de esos pueblos que tienen historia, y que en su parte vieja muestra el carácter de los favorecidos por la abundancia de antiguallas. 

Dos profundas y pintorescas rías rompen la costa a ambos lados de la villa, dejando en el centro un promontorio numulítico resistente, sobre el cual trepa el caserío desde el mar hasta el templo de Santa María de los Ángeles, edificado en lo más alto. En la espina de la península y alrededor de la iglesia estaba la morada de los que vivían de la tierra y del señorío: al pie del alto y junto al mar vivían los dedicados a la pesca y al tráfico. Los solares abandonados y ruinosos de aquellos. sólo rara persona de buen gusto reedifica y repara las viejas casas en el barrio de la iglesia- son manifestación elocuente de la decadencia de una clase. En cambio, las humildes viviendas de los pescadores y de los traficantes se han ampliado y extendido por modo considerable, reemplazando a la madera la piedra, al zarzo el sólido muro, al puntal el poste de bien labrada sillería, y hoy forman a la inmediación del puerto y a lo largo del camino, en el emplazamiento propio de una población que trabaja, un excelente barrio a que da carácter monumental cierto lujo en la construcción y la conservación de formas y proporciones que recuerdan el estilo de los siglos medios. Las arcadas y los contrafuertes de muchas casas modernas parecen inspiradas en los tipos románicos, que se conservan allí tradicionalmente. Siguiendo la ley de la vida moderna, el nuevo San Vicente se ha bajado al llano en busca de comunicaciones; en lo alto queda un museo de antigüedades, verdadera riqueza para el pintor romántico y para el amante de las ruinas con hiedras, que la necesidad de desmontar en muchas partes para los nuevos edificios, con la abundancia de materiales que proporciona, hace que se mantenga casi intacto. 

Muy próspera hicieron esta villa las industrias de mar en la época en que las pesquerías estaban en su auge, tomando parte los puertos del Cantábrico en las expediciones de la ballena y existiendo en ellos fábricas, artefactos y depósitos para la grasa. Se hacían también en gran escala otras pescas, cuyos productos eran dedicados, no sólo al abastecimiento propio, sino también a la exportación a provincias del interior y a países extranjeros, de lo que resultaba un ramo de comercio activo. Papeles del Archivo de Toledo demuestran que era grande y estaba perfectamente organizado el comercio que se verificaba entre dicha ciudad y San Vicente, yendo a este puerto numerosos comerciantes de aquella en busca del pescado, lo que ocasionó, según Reguart (1), la invención del escabeche. 

(1) Diccionario histórico de la pesca. 

En la petición 29 de las Cortes de Valladolid, que corresponden al reinado de D. Pedro (era 1389, año 1351), consta que el pescado seco - que se curaba en Bermeo, Castro, Laredo, Santander, San Vicente, Llanes, Rivadesella, Luanco y Luarca- figuraba en la lista de comestibles para los convites del rey en los días de vigilia. Las ciudades, villas, maestres y priores de órdenes de caballería, prelados, ricos-hombres y caballeros, cuando hospedaban al monarca en los días en que era obligatorio el pescado, debían ofrecerlo de esta clase. 

La importancia de la riqueza pesquera era tal, que al representar sobre los perjuicios que podría irrogar el abandono de la defensa de los barcos de pesca, perseguidos y robados por los piratas, se decía que, si cundía el pánico y faltaban marineros, sufrirían rudo golpe los bastimentos de pescados y los ingresos del Real Patrimonio. 

Las modestas pesquerías de ahora, el tráfico actual con el interior y la preparación de conservas no son sino débil recuerdo de las importantes industrias de mar que en otro tiempo tuvo San Vicente. La explotación regular de Terranova después de las expediciones de los franceses al golfo de San Lorenzo - por la extraordinaria abundancia de pesca que allí hay y la gran facilidad con que se extrae- fue un grave golpe para nuestras pesquerías, en cuanto a salazón perjudicadas más y más por la decisión de Felipe II de incorporar todas las salinas a la Corona. El aumento del precio de la sal y los impuestos dañaron a la producción necesariamente. La pesca de la ballena se sostiene hasta 1719, y se restablece, pero sólo artificial y transitoriamente, en 1789. 

Todavía queda algo en San Vicente que recuerda los tiempos en que el pensamiento de sus habitantes estaba puesto en el mar. En cumplimiento de un estatuto de piadosa cofradía (1), todas las noches, después del toque en la parroquia, una persona juiciosa nombrada por el mayordomo recorre los sitios más concurridos del pueblo con una campanilla, rezando en alta voz e invitando a orar en favor de los navegantes. Si en tiempos bonancibles la exhortación pasa ante la indiferencia general, y aún hay quien comenta festivamente su literatura extraña, cuando sopla el NO., el mar está hinchado, la barra se agiganta y las olas, al estallar con furia en el acantilado próximo, forman solemne acompañamiento a la canturia del postulante, sobre todo si no han vuelto las barcas de pesca, aquellas palabras tienen sentido aun para los que no encuentran sabor a estas cosas tradicionales, conmueven a todo el mundo, y no son pocos los que dirigen al cielo fervorosamente una plegaria. Consérvese en buen hora tan piadosa costumbre montañesa; pero sin perjuicio de ella, ¿no se podría afirmar de manera positiva el sentimiento de solidaridad y simpatía hacia el prójimo dotando aquellas costas con aparatos de salvamento para evitar que los marinos perezcan, como ha sucedido a veces en la inmediata villa de Comillas, cerca de tierra y a la vista de personas tan deseosas como incapacitadas de socorrerlos? 

(1) Estatutos de la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio, formada en 1815 al organizarse sus capítulos y reglas para el mejor gobierno y fomento de ella, en atención a haber perecido sus libros y acuerdos por la invasión y saqueo. Archivo municipal. 

Paralela a la importancia de las pesquerías tenía que ser la marítima de San Vicente en otros respectos. En el siglo XIII cooperan gloriosamente sus embarcaciones a la toma de Sevilla, como demuestra el privilegio por virtud del cual puso en su escudo el navío rompiendo una cadena a toda vela, en recuerdo de la rotura del puente de barcas sujeto con cadenas que había en el Guadalquivir, por un navío tripulado por hombres de San Vicente, Laredo, Santander y Castro, hecho que cooperó grandemente al éxito de aquella empresa. A principios del siglo XVI, cuando España tenía muchos buques ocupados en la pesca, en descubrimientos y en el tráfico de América, Inglaterra y Holanda figuraba la bandera de San Vicente dignamente. Por provisión de D. Carlos y doña Juana de 5 de Abril de 1550, se mandaron armar dos navíos para escoltar y convoyar más de sesenta barcos mayores de vecinos de esta villa que iban a los puertos de Irlanda, Andalucía y otros mares. Sesenta chalupas de ochenta toneles procedentes de las mismas frecuentaban la pesca en Irlanda, según D. José de Vargas Ponce en su libro Importancia de la marina española (1). El emperador Carlos V mandó armar en 1523 una zabra para la defensa del litoral frecuentado por enemigos, a las otras villas de la costa sólo dos zabras entre las tres. Cuando en tiempo de Felipe II se perdió la escuadra en el Canal de la Mancha, había 52 navíos de transporte de San Vicente, de cuyas dotaciones murió mucha gente. Entonces el tráfico marítimo y la importancia del comercio de esta villa eran grandes, el puerto muy encarecido. 

(1) Imprenta Real, 1807. 

Mucha población debía tener San Vicente y las otras villas de la costa, cuando al repoblar a Cádiz después de su conquista (era 1268) salieron con aquel destino 300 familias de Laredo, Santander, San Vicente de la Barquera y Castro Urdiales. Hay tradición de que llegó a tener 5.000 vecinos, y hallo cita de lista vecinal de 1550, que no ha llegado a mis manos, en que figuraban 2.500. Pero faltó para alimentar al tráfico, sostener y aun aumentar la población un factor esencial: la comunicación directa con Castilla, que vino a monopolizar Santander, dependiendo de esto el extraordinario crecimiento de la villa de San Emeterio en perjuicio de las otras de la costa y la formación en 1801 de la nueva provincia de que fue centro. A costa de San Vicente, y también para su daño, se fundó la villa próxima de Comillas en 1483 por vecinos que huyeron de aquella a consecuencia de un incendio. Una peste y nuevos incendios en los siglos XVI y XVII contribuyeron a despoblarla Según justificación hecha por el Gobernador de Laredo, se quemaron en 1636 más de 500 habitaciones y 5 hospitales, de 7 que había, ausentándose con este motivo muchas familias. 

Además, San Vicente era una posición militar. Constituían su sistema defensivo el castillo, la iglesia, que algo tiene de fortaleza, situados respectivamente en los dos puntos altos de la península y un recinto almenado, que en gran parte se conserva. 

Atribuyese el castillo a la época de repoblación de San Vicente con los cristianos que se transportaron de las comarcas dominadas en los primeros tiempos de la Reconquista; se habla de un plan general de defensa de la costa inspirado por una sola voluntad soberana, que pudo ser la de don Alfonso el Católico; se dice construido aquel fuerte bajo el reinado de Alfonso III el Magno, y aun se da la fecha de 884. Pero nada hay en la fábrica actual que autorice tal aserto. Por su disposición general, es uno de aquellos refugios construidos en la época del desarrollo de la navegación, con la mira de defenderse de las incursiones marítimas y poner a los habitantes al abrigo de los piratas, y por la forma de sus escasos huecos y otros detalles, no puede pertener á tiempos anteriores al siglo XV. Todas las noticias más antiguas sobre la fundación de un castillo9 por el duque de Estrada, según papeles de esta casa, en el siglo IX y alcaides del siglo XIV no se refieren al que está hoy en pie sobre la escarpada peña que domina el muelle. Pudo alcanzarlo ya la real cédula de Enrique IV de 8 de Febrero de 1453 otorgando para siempre al procurador general de la villa la tenencia de la fortaleza. 

Al venir Carlos V en 1517 a hacerse cargo de la corona, desembarcó en Villaviciosa y lo detuvieron en San Vicente. Entonces se alojó en este castillo y permaneció en él varios días. 

Un recinto de muralla de piedra, con cinco puertas provistas de rastrillos, rodeaba la península, formando una verdadera plaza de armas. Aún se conserva un buen trozo almenado entre el castillo y la iglesia. Las viviendas construidas al pie de la roca y junto al mar, han hecho desaparecer la otra parte, dejando sólo restos y algún característico arco apuntado. 

La iglesia, dentro del recinto y en situación dominante, venía a ser un punto fuerte, el de mayor y última resistencia en caso de ataque, algo parecido a una torre del homenaje con relación a las defensas de la villa. Todavía en la fachada de levante de aquélla, a despecho de restauraciones y remiendos, se ven salientes matacanes; y las elegantes almenas, que también conserva a modo de crestería, revelan que se pensó en los usos militares al reparar la fábrica en los últimos tiempos del período gótico. 

Más tarde, en 1578, se estableció a la entrada del puerto el castillo de Santa Cruz, que estuvo artillado con ocho piezas, hoy inútiles. 

Pueden registrarse repetidas concesiones de los reyes para mantener en pie el castillo y las murallas, que demuestran la importancia militar que se atribuía a San Vicente, favorecido sin duda, por la naturaleza para la defensa por su situación en escarpada roca, rodeada casi completamente por el mar y las rías, que dejan sólo una estrecha lengua de tierra al vendaval en la unión con la costa, y al cual las obras mencionadas hicieron, en tiempos en que los medios de impugnación eran muy limitados, respetable plaza fuerte. 

Los Reyes Católicos concedieron, en cédula de 1496 (1), los maravedís que se cobrasen en los valles de Asturias de Santillana para la reparación del castillo y fuerte. Dichos monarcas consideraban como perjuicio para la defensa de sus reinos, que se despoblase y decayera San Vicente, dejando de estar como hasta entonces "muy poblado y a buen recaudo." Por esto confirman en 1503 antiguos privilegios de aquel puerto, desconocidos en su daño por los vecinos de los inmediatos, que intentaban rivalizar con el mismo. 

(1) Archivo de Simancas. 

En documentos de fines del siglo XVI, se dice que es "lugar cercado con muy buena y fuerte muralla, y armado con artillería y guarnición y gente de guerra que allí reside, y siempre se ha defendido de los enemigos y corsarios" (1). 

La historia militar de San Vicente acaba en 1808, al destruir los franceses su más temible fortaleza de Santa Cruz, clavando é inutilizando los cañones. Hoy el castillo sirve de observatorio a los bañistas para contemplar el panorama de la ría, la alta mar y los efectos destructores del oleaje en la costa; y en verdad que el punto de vista es hermoso. Se comprende desde allí cómo al deshacerse las arcillas rojas, de que aún quedan restos en el estuario, se formó una cuenca que llena en la pleamar el agua salada, rodeando el peñasco de dura caliza numulítica, que detuvo la acción erosiva, y donde está el pueblo edificado. 

El flujo, penetrando por brechas fluviales que fueron insignificantes, ha hecho una obra de destrucción notable; pero aquella profunda entrada es verdadero dominio del mar. No hay allí la indecisión, la lucha entre dos acciones encontradas y la mezcla de capas de agua de densidad y coloración diversas propias de los estuarios de los ríos abundantes. La masa líquida que en el flujo corre en dirección al mar, semejando un río, como la que al subir la marea remonta el lecho, que llega a quedar casi completamente en seco, es siempre limpia, transparente y verde esmeralda: procede del Océano. Este se revuelve sobre sí propio, y en el límite de las aguas, encerradas en la cuenca con las agitadas que se mantienen en sus condiciones naturales y en su propio medio en el mar abierto, el choque de la masa movida con la inmóvil, eleva el fondo por el depósito de arenas y restos orgánicos, y forma en la superficie la línea de espuma al parecer inofensiva de la barra. Uno de los brazos penetra tres cuartos de legua hasta el Barcenal, y la otra media legua hasta Entrambos Ríos, siguiendo los cauces de dos corrientes que vienen del Escudo de Cabuérniga y de su estribación la sierra de Lleno, y enlazan el mar con la montaña. Abrupto escollo, la isleta del Callo, divide en dos bocas le entrada del puerto. Fuera de la barra, hacia el E. y al pie de Merón, antiguo patrimonio de San Pedro de Cardeña, las olas, estallando generalmente en dirección normal a la línea de costa, desgastan poco, y antes bien depositan detritus que acrecen la playa dedicada a las salutíferas inmersiones. Distínguese en el arenal la característica silueta de la Peña del Zapato, alternativamente bañada por el mar y en seco, con su acuario natural y una gran riqueza de flora marina. Al pie y al O. del castillo, la roca, atacada más trasversalmente por las olas, se deja triturar, formando cortaduras salvajes. El incesante batir de aquéllas, ha suprimido las pendientes que se inclinaba al mar suavemente, y dejan en todas partes declives rápidos y muros verticales. Los guijarros ruedan arrastrados por las olas, estas los arrojan con violencia sobre la costa, y antes de pulverizarse en arenas, sirven de percutores que contribuyen al efecto demoledor de las aguas agitadas por el viento. Cuando la superficie de la roca que cubre la pleamar se ha mantenido intacta por algún tiempo, las algas y los moluscos que allí se depositan, forman una defensa bastante eficaz contra la fuerza de la ola; pero si es deleznable y está incesantemente perdiendo capas, sin dar lugar a que se fijen aquellas colonias de plantas y animales, entonces el macizo, falto de base sólida, sin cimientos, socavado por el mar, cae en poco tiempo por grades fragmentos. Convertidos ya los materiales en arenas, al chocar con la costa la pulimenta y desgastan, continúan la obra de destrucción del terreno, y como éste no es en todas sus capas de la misma composición, ni ofrece idéntica resistencia, cede desigualmente y da lugar a la formación de cavidades, grietas y pozos, que originan sordos ruidos, surtidores y magníficas pulverizaciones de agua. 

(1) Leguina.- San Vicente de la Barquera.

Continuará...

1910 - BODA DE HILARIA ESCANDÓN LAVERDE E INDALECIO SOBERÓN DE LA FUENTE

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El veinte de mayo de 1910 se publica en la revista quincenal "La Voz de Liébana", el siguiente reportaje sobre la boda de Hilaria Escandón Laverde con el abogado Indalecio Soberón de la Fuente.  Por parecer curiosa e interesante, acompañamos la noticia.

 

"DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA 

UNA BODA 

En la Iglesia parroquial de Santa María de los Ángeles, de la villa de San Vicente de la Barquera, se unieron el día 12 del actual con el indisoluble lazo del matrimonio, la muy virtuosa y simpática señorita Hilaria Escandón Laverde, con el distinguido joven abogado don Indalecio Soberón de la Fuente.


Fueron apadrinados por la distinguida señora doña María Prellezo de la Fuente, tía del novio y por el acaudalado propietario don Basilio Escandón, padre de la desposada.

Bendijo la unión el celoso párroco don Narciso Herrero.

Fueron acompañados a la ceremonia por distinguida concurrencia, formándola la señora María Luisa Prellezo de la Fuente, del Barrio, de Ocampo, López Dóriga, Montejo, Gallegos, Pantorrilla y su hija Ángeles, y las señoritas de Hoyos, García, Hoyos, del Barrio, Blanco, Durantes, Noriega, Diego, Herrero, Velarde, Barrio, Cotero, del Corro, Carranceja y otras, que sentimos no recordar; y de los caballeros // don Basilio Escandón, de la Fuente, Cuevas, Soberón, Montojo, López-Dóriga, del Barrio, Gallegos, Ocampo, Noriega, Sainz y otros.

La novia lució riquísimo y elegante traje blanco, guarnecido de preciosos encajes.

Terminada la ceremonia, se dirigió la comitiva al suntuoso Hotel Miramar de don Silverio Gómez, donde se la sirvió esplendida comida con arreglo al siguiente menú:

Entremeses variados, Consomé Royal, Frito variado, Salmón Mayonesa, Velauvent  con guisantes, Pollos asados, Jamón en dulce y trufado, Huevos hilados, Helado de Mantecado, Tartas y postres variados, Vinos Riscal, Soternés, Oporto Cort, Wino é Misa, viuda de Clicot y otros. 


El comedor estaba sencilla y elegantemente decorado y la mesa adornada con guirnaldas de flores y centro de estilo Luis XV, leyéndose en los extremos en caminos de mesas, formados de flores en dicho estilo, los nombres de los contrayentes, que en el mismo día salieron para recorrer varias capitales. 

El Corresponsal."

1753 - CATASTRO DEL MARQUÉS DE LA ENSENADA - SAN VICENTE DE LA BARQUERA, Pregunta 17

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Sobre los molinos que había en San Vicente de la Barquera, en 1753, nos acercaremos al Catastro del Marqués de la Ensenada y a la pregunta número 17 que decía: "Si hay algunas Minas, Salinas, Molinos Harineros, ú de Papel, Batanes, ú otros Artefactos en el Termino, distinguiendo de qué Metales, y de qué uso, explicando sus Dueños, y lo que se regula produce cada uno de utilidad al año."

La respuesta (que   se puede  ver y conseguir en su totalidad, en Internet, en la página del Catastro del Marqués de la Ensenada), es la siguiente:

 


"17.ª A la decima septima dijeron que en la Xurisdicion de esta Villa y sus barrios ay un molino arinero junto a el de Ortigal propio de Basilio Fernandez y consortes que muele con dos ruedas y por administrarlo por si se le rregula le baldra Catorce Celemines de maiz de la medida de esta tierra: otro en el sitio del Oyo propio de Joachim de Cos Vecino de esta villa de una muela a el que le bale? Catorce Celemines de maiz de la dicha medida Le lleva a rrenta Juan Fernandez de Ziris Vezino de Coto de Extrada y le bale Siette Celemines de maiz en cada un año otro en el mismo Sitio propio de D.a Maria Theresa de la Mata de dos Ruedas por el q.e le dan de arrendamientto diez y ocho Celemines de maiz de la dicha medida llebalo a rrenta D.n Domingo Garcia de zelis morador de Abaño y Le queda de utilidad igual Cantidad: otro junto á Entrambos Rios que llaman Depresena? De una rueda muele con agua dulze como los antezedenttes propio de D.n Juan de Ibio vecino de esta Villa a el que le bale Cinquenta y cinco rr.s de v.n y a Joseph Gonzalez de Escandon morador de dicho Varrio por dos partes que tiene Arrendadas le produzen seis Celemines y La otra parte La lleba Antonio Gonzalez de Orbaneja vecino de esta villa a q.n Le quedan tres Celemines: Otro mas avajo en dicho rio que llaman de solapeña de una rueda cuia quarta parte es propia de D.n Diego de Cobrezes vecino de esta Villa Le renta veinte y quatro rr.s de v.n Y a su molinero Pedro Gonzalez de Orbaneja Vecino de dicho Varrio dos Celemines y medio: otra es de Antonio del Valle vezino de esta Villa a quien Le bale su parte Veintte y cinco R.s y a su molinero Diego Fernandez de Ziris morador de la Zebosa dos Celemines y m.º  de La misma expecie Las otras dos parttes son de D.a Ursula de Cos vecina de esta villa Le balen Cinquenta y cinco rr.s y a su molinera Theresa Garzia Vezina de la Zebosa y Fran.co Canal Vecino de Abaño les quedan cinco Celemines: otro en dicho Rio que llaman de medio de una rueda propio de D.n Fran.co Xavier de Barreda vecino de esta Villa Le tiene dado a medias a Maria Gutierrez de Gandarilla vezina de Entrambos Ríos a quienes Les queda de util a seis Celemines y medio de maiz a cada uno: otro en dicho varrio y Rio que llaman de avajo de dos Ruedas es La mitad de Diego del Castillo Le lleva a medias Julian Fernandez morador de dicho varrio: Le queda al dueño Cinquentta y cinco rr.s de v.n y al dicho Julian quarenta y quatro: La otra mitad es propio de D.a Josepha y D.a Rosa de Cosio vecinas de esta Villa Les bale quarenta y quatro rr.s y Igual Cantidad a Thomas Fernandez de Ziris otro de zinco rruedas que llaman de Lloredo propio de D.n Juan Balthasar de Toñanes Presbitero y Vezino de esta Villa muele con agua de la mar Veintte y cinco aguadas cada año le dan de rrenta cada año Ciento y setenta y cinco Celemines de maiz de la medida de esta tierra lleva las tres Ruedas Domingo Fernandez Vezino de Serdio  a quien Le queda por sus maquilas doze Celemines de maiz y las otras rruedas las Yeba Pedro Gonzalez de Orbaneja a quien le produzen ocho Celemines de la misma expezie: Otro de zinco Ruedas que muelen con agua del mar: otras Veintte y cinco aguadas propio de D.n Joseph de la Madrid Vezino de esta Villa a quien le dan de renta doscientos Celemines de maiz lleba las dos Ruedas Bartholome Gonzalez de Orbaneja vezino de la Zevosa a quien le quedan diez Celemines de maiz, y Las otras Tres Ruedas las lleba Juan Antonio Gonzalez de Orbaneja Vecino de entrambos Ríos a quien Le quedan quinze // 212 // Celemines de maiz: Otro de dos Ruedas en el sitio de ostrera muele con agua del mar es propio de D.n Juan Antonio del Castillo Vecino de esta villa lo administra por si, por lo que se le rregula le dara de utilidad anual setenta Celemines de maiz: otro en el sitio de Tarambico tiene dos rruedas muele con agua del mar es propio de D.n Bentura Radillo Vezino de el Lugar del Tejo el qual Le tiene Arrendado a Juan Bentura Gutierrez Gayon Vezino de la Zebosa, quien Le paga en cada un año cinquenta Celemines de maiz y al expresado Le queda de utilidad diez y seis Celemines de la misma expezie: otro en el Sitio del Cueto tiene tres Ruedas muele con  Agua del mar es propio de D.n Jph del Corro vezino de la Villa de Carrion de los Condes a quien le pagan de rrenta en cada un año setenta y siete rr.s de vellon le lleban a rrenta por iguales parttes Thomas Garcia y Jph de Orbaneja vezinos de Abaño a quienes les queda de utilidad por iguales partes diez y seis Celemines de maiz: Otro en el Torrijon junto abaño tiene tres Ruedas muele con agua del mar propio de D.n Joseph Escandon vezino de esta villa al que le dan de rrenta cinquenta Celemines de maiz lo lleva a rrenta Luis de Barreda vezino de la Revilla a quien se le considera de utilidad ocho Celemines: otro en el sitio de la Gaiona y Rio del Barzenal muele con Agua dulze propio de D.n Phelipe Noreña vecino de esta villa y otros Interesados a quienes les bale anualmente diez y ocho Celemines de maiz le tiene arrendado á Francisco Ruy de la Canal vezino del Barzenal en la misma Cantidad que se rregula quedarle de utilidad: otro en dicho sitio de dos Ruedas propio de D.n Francisco Noriega Vezino de Pesues a quien le bale veinte Celemines de maiz y lo mismo a Francisco y Antonia Fernandez vezinos del Barzenal: otro en el sitio del Bonaco y rio de el Barzenal llamado el molinon propio de D.n Bernardo Manuel de la Madrid vez.º de esta villa de dos Ruedas y solo muele con una le bale cada año diez Celemines de maiz y La misma Cantidad se le rregula de utilidad a Juan Sanchez vecino de Gandarilla"


NOTA:

Se añaden las preguntas sobre el particular efectuadas en Gandarilla, (Val de San Vicente) y La Revilla, (Valdáliga), ya que en la declaración de 1.753 figuraron aparte de las de San Vicente. Estas respuestas se pueden ver en el libro digital sobre el Catastro del Marqués de la Ensenada de Tomás Maza Solano.

GANDARILLA:

17.ª Dixeron que en el thermino de dho Lugar de los Artefactos que dize la pregunta, solo hay un molino arinero sobre las aguas de el Rio Gandarilla al termino de la Vega dentro de el Pueblo tiene dos Ruedas y solo muele con la una y con fuerza de aguas de modo q.e de un año dha Rueda trabajara los tres meses, y en ellos rendira de utilidad cinco fanegas de maiz, y pertenece á D.n Juan Gutierrez de Gandarilla Vecino de dho Lugar quien le administra por si y su familia y resp.n...


LA REVILLA:

17 A la dezima Septtima preguntta Digeron que solo hai en estte Pueblo un molino arinero con solo una sola rrueda en el Sittio del Piquette y solo muele en tiempo de Ybierno? quando hai abundanzia de agua es propio de D.n Mattheo de Udias Zevallos Vezino de la Villa de san Vizentte De la Barquera Su productto es muy cortto regulanle en cada un año en treintta reales que no hai ottra casa en el Pueblo de lo que la preguntta Contiene.

 


1835 - PARTE DEL ALCALDE MAYOR AL GOBERNADOR CIVIL

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El diecisiete de febrero de 1835 se publica en el "Boletín oficial de Santander" el siguiente comunicado o noticia que el Alcalde Mayor de San Vicente dirige al Gobernador Civil de la provincia, según oficio del día nueve de dicho mes, y que reproducimos textualmente a continuación:

"Noticias de la Provincia, 


El Alcalde mayor de San Vicente de la Barquera dijo al Sr. Gobernador civil de la provincia en oficio de 9 del corriente lo siguiente. Ayer á las diez de su mañana se me avisó por un Alcalde de mi partido de que una partida de facciosos de doce caballos y cuatro infantes habían entrado en la Villa de Comillas, sorprendido y desarmado el Resguardo, sacando cuantos mozos pudieron haber; inmediatamente comboqué los mozos de esta Villa que voluntariamente y llenos del mayor fuego y entusiasmo se presentaron á tomar las armas. Doce fueron los que pude armar y municionar, que en unión de una partida de cinco hombres del regimiento de San Fernando su Comandante, el Teniente D. Mateo Pérez Villamil, tres individuos del resguardo con su cabo D. Ramon Anzua, y benemérito Teniente Coronel de ejército y escedente en esta Villa D. Ramón de Lamadrid, marchamos con dirección á Comillas; pero á la legua supe habían invadido mi partido y entrado en Lamadrid, y que su dirección al parecer era Ortigal y Estrada contramarché en su seguimiento, y a pesar de las muchas aguas y lo intransitable del camino, conseguí andando en dos horas y media tres leguas, darles alcance en la venta de Unquera. Luego que los avistamos , saliendo á la llanada y formado en batalla destacaron cuatro caballos en guerrilla, pero recibidos por nuestros valientes con una descarga se replegaron y viéndose perdidos y próximos á ser cortados por haber abanzado D. Ramón de Lamadrid con el Sargento y cuatro mas hacia el camino de Molleda único punto de su retirada, y marchar la demás fuerza hacia ellos, con el mayor entusiasmo, se pusieron en precipitada fuga poniendo antes en grupa los que llevaban á pie tomando el camino de Molleda por donde les seguimos tenazmente hasta que viéndoles arrojarse al Deva y pasarlo á nado desistí retrocediendo á Molleda donde pernocté. El resultado de la acción ha sido un prisionero con su caballo, otro caballo con ocho fusiles, un herido que no pedimos capturar y pasó también el rio, rescatando todos los mozos sacados en el tránsito; si el día no hubiera estado tan cruel y tempestuoso no hubiera escapado ninguno debiendo su fuga á la velocidad de sus caballos. Todo lo que pongo en conocimiento de V. S. para su inteligencia,


1929 - LAS TRAGEDIAS DEL MAR, (Naufragio del "Reina de los Ángeles")

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El cuatro de diciembre de 1.929 se publica en "El Cantábrico, el siguiente y largo reportaje que parte de la noticia del naufragio del pesquero "Reina de los Ángeles" y que protagoniza las páginas primera y segunda, de dicho diario, con fotografía que acompañamos.



Aprovechando unos segundos, en que las olas dejaron de pegar sobre el "Reina de los Ángeles", del que aquéllas han barrido la chimenea y la obra muerta, nuestro fotógrafo consiguió esta difícil fotografía. Una ola, rencorosa, le arrebató la máquina, tras la que salió "Samot", consiguiendo recuperársela al mar; pero a costa de un chapuzón. — El señalado con el número 1 es el patrón, Víctor Bengochea, al que persigue la fatalidad. — El número 2 es el patrón del "Marina", Justo Lecue, que abnegadamente se lanzó al mar en socorro de los náufragos. — El señalado con el número 3 es Pedro Urquiri, que ignoraba, cuando se le retrató, el triste fin de su pobre hermano. — El que tiene el número 4 es el pinche de la embarcación, y el 5, el maquinista y condueño, Francisco Eroa, que se salvó milagrosamente.

(Fotos Samot.) 

  

"LAS TRAGEDIAS DEL MAR 

Al pretender salvar la barra del puerto de San Vicente de la Barquera, una ola imponente hace naufragar a una embarcación.

Cinco marineros perecen ahogados, dejando huérfanas a veinte criaturas. 

Los dramas del marinero de la costa. 

Estos dramas del marinero de la costa tienen un terrible perfil patético. Ese perfil es la tierra quien lo presta. La tierra adusta, pero maternal, que reclama sus hombres con las hondas voces desgarradas de sus entrañas.

Y luego, el mar, plomo hervoroso en la mañana de ayer, que tira de los hombres y de los barcos, tan chiquitos, tan miserables.

Lo que grita en la costa no es el mar. Lo que grita es la tierra. La mar, sin la costa, es muda. Cuando a cientos de millas se arbola y se encrespa, es mayestática y solemne. La mar no grita. Grita la tierra, humanizada y materna.

Y esta tierra, frente a las barras de las villas marineras, grita más, grita y gime sin consuelo. Se enronquecen las fallas y los arrecifes Si la tierra pudiera avanzar su seno lo avanzaría para acoger al marinero, al hombre, al hijo...

Pero el Hombre tiene que entregar, por los siglos de los siglos, su tributo.

Estos hombres de las villas infanzonas de la costa Cantábrica, nietos de navegantes y de soldados, que rigieron naves gloriosas del rey y que han entregado su vida en todos los mares del mundo, rinden el tributo hoy desde sus humildes naves subsidiarias, donde se gana duramente el sustento.

Cada banca de una trainera es un banco de galera. Y es más héroe este hombre insignificante, que se juega humildemente la vida por cada hogaza que comen los suyos, que el que moría, en el abordaje, entre truenos de bombardas y arcabuces, votos y gritos, hachazos y cuchilladas "por Dios y por el rey", en una borrachera bélica.

Estos pobres héroes, tendidos en la playa yerta, frente al cielo acerado de la tarde, un ciclo signado de gritos y alas; estos pobres héroes, de traje de mahón, son mucho más héroes que los de cota o hábito cruzado; mucho más héroes que los que dan la vida por un ideal.

Dar la vida por un ideal tiene su compensación en la Historia. Pero dar la vida así, por el pan de los hijos, o por el de la madre anciana, no tiene el heroísmo elemental y primigenio, el más humano de todos los heroísmos.

El heroísmo del que día a día va dejando su salud en un tabuco de escritorio para criar a la prole. Y el heroísmo de estos; que sólo tenían el vario y traidor sendero de la mar, para buscar su pan. Y un día, el día de ayer, no volvieron más.

Los caminos del mar. los caminos del monte, los caminos del desierto, de la selva o de la tundra, son así. Son los caminos viejos del Hombre. Los caminos de los que, a veces, no se vuelve jamás. A pesar de que a ellos se va con más simpleza que por ningún otro en busca del pan nuestro de cada día.

V. 

 

LA PRIMERA NOTICIA DEL SUCESO 

La primera noticia de esta catástrofe la recibimos alrededor de las cinco de la tarde.

Nuestro querido amigo Alonso Velarde se apresuró a comunicárnosla telefónicamente, produciéndonos la sorpresa y el dolor que es de suponer.

Inmediatamente salimos para el lugar del suceso.

Ya en San Vicente de la Barquera apreciamos que la villa estaba sumida en honda consternación.

Todo el vecindario, que había participado intensamente en los trabajos de salvamento, estaba identificado en la desgracia, y en tanto que unos, en ofrenda piadosa, velaban a los marineros muertos, que descansaban sobre unas humildes angarillas en la modesta capilla, otros, animados de un fuerte espíritu de caridad, consolaban a los supervivientes.

La impresión de duelo era unánime, y para hacer más tétrica la impresión, las campanas de la iglesia doblaban a muerto. 

EL TEMOR DE LOS MARINEROS, JUSTIFICADO 

La pesca le sardina se había dado en los pasados días con tal abundancia, que las tripulaciones do los barcos pesqueros vizcaínos había escogido este lugar de la costa para sus operaciones.

El tiempo, durante la mañana y primeras horas de la tarde de ayer, había empeorado, haciendo temer por los pescadores que se hallaban en la mar.

Los conocedores de este peligro y las familias de los pescadores aguardaban, impacientes, los primeros; con angustia, las segundas, la llegada de las embarcaciones.

Dos de éstas aparecieron en el horizonte. En aquellos momentos había imponente marejada del Noroeste. La primera de, aquéllas, valientemente, enfiló al puerto. Fueron unos instantes de indescriptible angustia. Sin embargo, la embarcación, muy marinera, entró bien, aprovechando una aletía. La satisfacción se reflejó en todos los semblantes.

La segunda embarcación, con marineros de aquella tierra, tuvo desgracia al enfilar la barra. La sorprendió un violento golpe, de mar, y estuvo a punto de naufragar, entre el espanto de los que aguardaban sobrecogidos.

Y fué a penetrar la "Reina de los Ángeles", de Lequeitio. 

SE PRODUCE LA CATASTROFE 

El barco, entre aquel cuadro de terror, trató de penetrar en el puerto.

Toda la gente de la villa, desde los muelles, desde el castillo, desde los puntos estratégicos de San Vicente de la Barquera, tenía puestos los ojos en la débil embarcación.

Esta, valerosa, trató de ganar la barra; pero una ola imponente la levantó de popa y jugó con el barco como si éste fuera una pelota. La embarcación dió una, dos, tres vueltas. Se vió cómo los infelices tripulantes se agarraban desesperadamente a la quilla, cómo otros luchaban denodadamente con las olas, y, en pocos instantes, todo el vecindario, con sus autoridades al frente, se dirigió la playa. 

TRABAJOS DE SALVAMENTO 

No hubo vacilaciones ni desertó un solo vecino.

Los cafés, los comercios, los hogares, se quedaron desiertos. Todo el vecindario acudió a la playa. La resaca era temible; pero formando una cadena humana, los primeros con el agua hasta el cuello, los siguientes metidos en el mar hasta la cintura, trataron de rescatar aquellas vidas que luchaban ferozmente contra la muerte.

Algunos, más decididos, como el patrón del "Marina", Justo Lecue; como el patrón del "Luis". Pedro Arramarri y como Basilio Velardo y Gervasio Molleda, con verdadero desprecio de su vida, se lanzaron al mar. Unos llevaban salvavidas, para ofrecérselos a los náufragos; otros, cabos, para que se amarrasen aquéllos. Todos ofreciendo su existencia por salvar la de sus semejantes.

Así pudieron sacarse uno, dos, cinco, siete, diez...

Entre los últimos, después de haber estado luchando con las olas más de una hora, fué sacado Tomás Iturraspi. Su estado era desesperado, El médico le auxilió rápidamente; pero ya era tarde. El infeliz murió instantes después. 

RAPIDA CONDUCCION AL PUEBLO 

La gente, a medida que se iba sacando a los náufragos, los iba ofreciendo generosamente sus ropas.

Envueltos en estas eran conducidos en camionetas, en carros, como se podía, al centro de la villa, La propietaria de la fonda "La Dolores", doña Dolores González, con admirable abnegación, cedió desinteresadamente su casa. Y con ésta su servidumbre, sus ropas, todo.

Pronto los náufragos fueron auxiliados y atendidos.

Los más serenos se dirigieron al patrón, Víctor Bengochea. Este había estado a punto de perecer. Ya en el mar, la faja se le había soltado, aprisionándolo las piernas e impidiéndole nadar. Cuando, impotente para seguir la lucha, se dejó caer, una ola le echó, providencialmente, en manos de sus salvadores. En cuanto se repuso se le pidió la lista de la tripulación. Se hizo el recuento, y se vió, con espanto, que faltaban cinco hombres. 

LOS MARINEROS DESAPARECIDOS 

Se volvió a la playa. Se formó nuevamente la cadena humana. En ésta, con abnegación admirable, formaron el alcalde, el juez, el cura; todos. Allí, ni había clases ni diferencias de condición social.

Se buscó a los que faltaban; pero todo fué inútil.

Cuando ya la gente se retiraba desconsolada y afligida, el mar echó a la playa otro cadáver. Era el de Fidel Urquiri.

Los demás quedaron entre las olas. Mientras, el barco, se desfondaba y quedaba en la playa sobre un banco de arena.

Mientras tanto, otra embarcación de San Vicente de la Barquera trataba de ganar el puerto. Desde los muelles se la hizo señas para que continuase rumbo a Santander. Pero los tripulantes, al ver sobre el mar a la que había naufragado, desoyendo toda medida de precaución, acudieron en socorro de los náufragos. Poro ya era tarde. Sin embargo, la abnegación de los marineros fué tanta, que, ocupando débiles barquías, estuvieron por los alrededores del lugar del suceso, con verdadera exposición de sus vidas, buscando a los náufragos.

Mas ya hemos dicho que todo fué inútil. 

LOS QUE FORMABAN LA TRIPULACION 

Formaban la tripulación del "Reina de los Ángeles", de Lequeitio, el patrón, Víctor Bengochea. Este es actualmente presidente de la Cofradía de Lequeitio, y es marinero perseguido por la fatalidad. Recientemente, mandando un vapor pesquero, estalló la caldera, causando varias víctimas. Él se salvó milagrosamente.

Los demás tripulantes son:

Nicolás Zabala, José Márquez, Francisco Eroa, maquinista y condueño, de la lancha; Juan Urquizaba, Francisco Abastay, Francisco Benal, Pedro Urquiri, Gabino Belansátegui, Cándido Anazabe, Bonifacio Meave, Juan Cruz, Fidel Urquiri, Bernabé Urresti y Tomás Uturraspi. 

LOS MARINEROS MUERTOS Y DESAPARECIDOS 

Los tripulantes del "Reina de los Ángeles" muertos y desaparecidos, son los siguientes:

"Muertos: Tomás Uturraspi, casado, con cuatro hijos. Murió, como antes decimos, cuando ya estaba sobre la playa, y Fidel Urquiri, soltero. Su cuerpo lo devolvió el mar media hora después.

Desaparecidos: Cándido Anazabe, casado, con ocho hijos; Juan Cruz, casado, con ocho hijos, y Bernabé Urresti, casado, y sin hijos.

Los cuerpos de estos infortunados marineros no habían aparecido cuando nosotros, a las diez de la noche, abandonamos San Vicente de la Barquera. 

SACANDO UNA FOTOGRAFIA DEL BARCO 

El afán, justificado, de ofrecer información gráfica de esta horrible catástrofe, nos llevó a la playa de San Vicente de la Barquera.

Nos acompañaban dos grandes amigos de EL CANTABRICO: Alonso Velarde y Arturo Flores.  

El "Reina de los Ángeles" estaba a unos treinta metros de la orilla. Hubo que salvar la playa, iluminados desde un montículo próximo con los faros del automóvil, y meter los pies en el agua.

De vez en cuando, una ráfaga de niebla espesísima ocultaba al barco de nuestra vista. Otras, las olas nos obligaban a salir huyendo.

Una de éstas se echó encima de nosotros tan súbitamente, que, para librarnos de ella, tuvimos que alejarnos precipitadamente; pero en pie quedaba el trípode, y sobre éste, la máquina. La fuerte resaca, al volver la ola al mar, se llevó la máquina.

"Samot", al verse despojado de la más eficaz cooperadora de su arte de gran fotógrafo, se lanzó al mar, como si éste le arrebatase uno de sus más caros afectos. Fué inútil que le llamásemos. Nuestro compañero rescató la máquina; pero fué a costa de un remojón. 

EN LA CAPILLA DE SAN VICENTE MARTIR 

Desde la playa nos dirigimos a la capilla de San Vicente.

En el centro se había levantado un severo túmulo. Y cuatro cirios encendidos alumbraban los cuerpos de los infortunados marineros Tomás Iturraspi y Fidel Urquiri. Los cadáveres estaban cubiertos por una sábana, y el vecindario rezaba fervorosamente por el eterno descanso de los pobres tripulantes.

Por respeto al lugar y por lo tétrico del cuadro, no actuó nuestro fotógrafo.

Sacrificamos la nota de actualidad y sumamos nuestras oraciones a los del vecindario de San Vicente de la Barquera por las almas de las víctimas.

HABLANDO CON LOS NAUFRAGOS 

Nos trasladamos luego a la fonda "La Dolores".

Todas las habitaciones estaban ocupadas por los náufragos.

Antes de entrar se nos advirtió piadosamente: "No hablen ustedes, para nada, de muertos ni de desaparecidos. Los supervivientes ignoran la magnitud de la catástrofe, y a Pedro Urquiri, que ha preguntado diferentes veces por su hermano, se le ha dicho que ha sido rescatado al mar y que se encuentra en una habitación próxima. Varias veces ha intentado levantarse para ir a verle, pero se le ha prohibido; una de las veces, por mandato del médico."

Cumplimos rigurosamente las consignas 

Conversamos con él patrón. El relato que nos hizo Víctor Bengochea no difiere en nada del que nosotros hemos hecho de la catástrofe.

Luego nos entrevistamos con el maquinista y condueño. Francisco Eroa no había querido guardar cama. Temiendo el grave peligro que supone franquear la barra, realizaba todas las operaciones sacando por la ventana de la máquina más de medio cuerpo. Guando la ola volteó á la embarcación, cayó revuelto entre sus compañeros, y poco después pasaba a los brazos de los salvadores.

Estaba todavía, como los demás supervivientes con quienes conversamos, bajo la terrible impresión sufrida.

También hablamos con Pedro Urquiri. Desconocía el triste fin de su hermano y celebraba haberse salvado de la muerte. Nunca— nos dice — la vi más cerca.

"Samot", con su máquina, también "superviviente", tiró aisladamente algunos magnesios. Y para recoger en aquélla al "pinche" de la embarcación hubo que envolverle en unas mantas y conducirle a la cama del patrón, que le abrazó llorando. El pobre niño, después de sostenerse bravamente sobre el agua, nadando con gran agilidad, pudo ser salvado. Bien es verdad que todos se preocuparon de él, ayudándole en los momentos de desfallecimiento, que también los tuvo.

Todos los náufragos nos hicieron presente su reconocimiento por la hospitalidad del vecindario de San Vicente de la Barquera.

De no haber sido por su heroísmo nos dan algunos—, hubiéramos perecido todos, absolutamente todos, y los más fuertes acaso hubiésemos ido a morir en la playa. 

SE COMUNICA LA CATASTROFE A LEQUEITIO 

Con las naturales precauciones, se comunicó la infausta nueva a Lequeitio.

En la Cofradía produjo la noticia el efecto que es de suponer.

Desde el teléfono se oían las lamentaciones desgarradoras de las familias de los náufragos, que solicitaban insistentemente noticias de los suyos.

Hubo necesidad de pedir que se pusieran al aparato personas que conservasen la serenidad. "Que se llore — se dijo — por los muertos, no por los vivos".

Cuando se consiguió aquel concurso, se dijo que, si hacía falta, en San Vicente de la Barquera, y gratuitamente, se embalsamaría a los cadáveres.

Se rogó unos momentos de espera, pues la Cofradía iba a reunirse inmediatamente.

Se contestó que se agradecía el ofrecimiento, que no se escatimasen gastos, que una representación de aquélla se ponía en camino; pero que no se haría el traslado de los cadáveres, para evitar a aquellas familias nuevos momentos de trágica amargura.

En vista de esta contestación, se reunieron las autoridades y personas más significadas de la villa, conviniendo en establecer turnos en la capilla ardiente para volar los cadáveres de los pobres marineros y en preparar el entierro, que se verificará hoy, a las doce de la mañana. 

OTROS DETALLES DE LA CATASTROFE 

Entré los detalles de más interés de la catástrofe, que recordamos en esta precipitada información que hemos tenido que realizar, información salpicada de contratiempos, y de la que no traemos otros recuerdos gratos que las cariñosas atenciones recibidas de autoridades y vecinos de San Vicente de la Barquera, figuran los siguientes:

El mar echó a la playa las redes de la embarcación. Se creyó que entre éstas habría algún cadáver. Se examinaron para comprobarlo; pero no había ninguno.

También devolvió el mar algunos cestos, utensilios de la embarcación y las botas de varios tripulantes.

Con todo se hizo un grupo, del que quedaron al cuidado fuerzas de Carabineros.

El mar, con sus terribles embates, destrozó la chimenea, la máquina y toda la obra muerta.

Así puede apreciarse en la fotografía que publicamos.

El alcalde de San Vicente de la Barquera comunicó la catástrofe al gobernador civil, diciéndole también que todos los supervivientes quedaban bien atendidos, pues el vecindario se desvivía en ello.

El general Saliquet expresó su dolor por la gran desgracia, y anunció que participaría ésta, como lo hizo inmediatamente, al ministro de la Gobernación."