1926 - VELADA LITERARIA EN EL COLEGIO DE "CRISTO REY"
El 25 de mayo de 1926, (hoy hace cien
años), el corresponsal del diario “El Cantábrico”, publicaba en su página 4, la
fiesta escolar del Colegio Cristo Rey, como acto en “honor de los fundadores de
aquel centro” y que reproducimos a continuación, con fotografía de alumnas y
profesoras, que publicó, posteriormente, el día 3 de junio de 1926.
“LA FIESTA ESCOLAR
EL CORRESPONSAL."
1929 - LAS TRAGEDIAS DEL MAR, (Más sobre el naufragio del "Reina de los Ángeles")
El cinco de diciembre de 1.929 se publica en "El Cantábrico, el siguiente y largo reportaje, como continuación del ofrecido el día anterior, sobre la noticia del naufragio del pesquero "Reina de los Ángeles" y que protagoniza la página primera de dicho diario. También se incluye un poema del poeta Jesús Cancio, sobre este naufragio, que se publicó en ese día.
"LAS TRAGEDIAS DEL MAR
EL ENTIERRO DE LAS VICTIMAS CONSTITUYE UNA IMPONENTE MANIFESTACION DE DUELO
En todos los puertos de la
provincia, al ser conocida ayer en toda su Magnitud la desgracia, y muy
particularmente en Santander, Castro, Santoña, Laredo, Suances y Comillas, en
los que la familia pescadora numerosísima, el sentimiento por las víctimas del
naufragio que ha llevado negro desconsuelo a cinco hogares humildes de
Lequeitio, ha sido tan hondo como sincero, y las conversaciones en todos los
lugares donde se reúnen los trabajadores del mar han versado acerca de este
luctuoso suceso.
Las manifestaciones de condolencia por el naufragio se han extendido en todos los puertos de la provincia, siendo muchos los telegramas que se enviaron ayer al Gremio de pescadores de Lequeitio y a las familias de los cinco tripulantes que perecieron en el naufragio. En iguales términos enviaron despachos al mismo puerto las tripulaciones de algunos barcos pesqueros vizcaínos que se encontraban en Santander de arribada.
A media mañana comenzó a
circular por San Vicente de la Barquera el rumor de que en un playazo de la
extensa bahía bahía aparecido un cadáver, que se suponía muy fundadamente
pertenecía a un tripulante de la dotación, de la lanchilla "Reina de los
Ángeles".
Poco más tarde la noticia
tenía plena confirmación.
Se trataba del cadáver del
tripulante desaparecido Cándido Anazahe, natural de Lequeitio, que deja viuda y
ocho hijos, todos menores de edad.
El cadáver tenía el jersey
a medio quitar, agarrotándole los brazos. Se conoce que el desventurado, al
volcar la lanchilla y caer al agua, intentó despojarse del jersey, que le
estorbaba para poder ganar a nado la orilla, sorprendiéndole la muerte en esta
operación.
En el lugar del hallazgo que se denomina Abaño, se constituyeron las autoridades de Marina, procediendo al levantamiento y traslado a la capilla, donde se encontraban los cuerpos de los otros dos tripulantes recogidos en el lugar del naufragio el martes.
VELANDO A LAS VICTIMAS
Durante toda la noche del
martes y la madrugada de ayer, por la capilla donde fueron expuestos los
cadáveres de Tomás Iturraspi y Fidel Urquiri desfiló la mayor parte del vecindario
de San Vicente de la Barquera, velando a aquellos los marineros del Gremio de
pescadores, las autoridades y otras muchas personas".
A las nueve de la mañana, en la capilla de La Barquera, en la que se venera a la Patrona de los marineros de la hospitalaria villa, dijo una misa por el eterno descanso de las víctimas el virtuoso párroco de San Vicente, don Ángel Bolloqui, asistiendo el vecindario.
EL ENTIERRO DE LAS VICTIMAS
A las cuatro de la tarde
se verificó el traslado de los tres cadáveres rescatados al mar, y puede
asegurarse que jamás se ha visto en San Vicente de la Barquera una
manifestación fúnebre tan sentida y numerosa.
Rompían la marcha de la
fúnebre comitiva los niños de las escuelas públicas, y a continuación seguía
una representación numerosísima del Gremio de pescadores de Comillas, con
bandera enlutada por crespones.
A continuación formaba el
estandarte del Gremio de San Vicente, también enlutado, y rodeado por el
Cabildo.
Los féretros con los
cuerpos de los tres pescadores fueron conducidos a hombros de marineros de San
Vicente.
Seguía la comitiva,
compuesta de los supervivientes del naufragio, en cuyos rostros se reflejaba la
intensa emoción del acto, y seguidamente el alcalde, señor Díaz; el juez de
instrucción, señor Gavito; ayudante de Marina, señor Horjales, y el párroco,
señor Belloqui, que ostentaba al mismo tiempo la representación del Obispado.
Al entierro asistió
también el Ayuntamiento en corporación y todo el vecindario, incluyendo al
comercio, que, como las oficinas y otros centros, cerró sus puertas durante el
fúnebre acto.
El Cabildo de pescadores
de Santander estuvo representado en el entierro por el vicepresidente, Antonio
Samperio, con los individuos de la Directiva José Fernández, José Escobedo y
Antonio Isa, y un grupo numeroso de marineros.
Cinco magníficas y monumentales coronas de flores naturales fueron ofrendadas a las víctimas: una recibida de Lequeitio, que enviaban los familiares de uno de los marineros ahogados; dos que dedicó el Gremio de San Vicente, y otras dos que llevó la Comisión de pescadores santanderinos para ofrendarlas a sus camaradas.
LA AUTOPSIA DE LOS CADAVERES
Después del entierro, del
que repetimos que constituyó una manifestación de duelo, a la que se asociaron
los Cabildos y el pueblo entero de San Vicente de la Barquera se practicó la
autopsia a los tres cadáveres de los náufragos, comprobándose que los tres
habían dejado de existir por sumersión en el agua.
La operación de rigor la practicaron el titular de San Vicente de la Barquera, señor Pérez Carral, y el médico de Comillas señor Cambón, asistiendo a este acto la autoridad correspondiente.
HOY SE CELEBRARÁN FUNERALES
Hoy, a las once de la
mañana, se celebrarán solemnes funerales por el eterno descanso de las
víctimas.
A este acto han sido
invitadas, y se espera que asistan, las representaciones de los Gremios del litoral.
ANTE LAS VICTIMAS DEL "REINA DE LOS ANGELES"
Rosas de espuma cubren su tumba;
las olas cantan su
redención;
la cesta es muro de un
camposanto
con la esperanza del cielo
en flor.
Dormid, hermanos,
eternamente
bajo las aguas de
maldición,
que vuestra alma dió ya la
proa
hacia un remanso de paz y
amor.
Que ya en la barra de la
otra vida
"¡Jesús y
adentro!"— dijo el Patrón— .
Porque sabía que era su
'gente
pellejo heroico del mismo
Dios.
¡Dormid, poetas de la
tragedia
que más ha helado mi
corazón!
tanta amargura, tanto
dolor,
tal marejada de
pesadumbres,
tan espantosa desolación!
Jesús CANCIO
San Vicente de la
Barquera, 4-XII-29."
1929 - LAS TRAGEDIAS DEL MAR, (Naufragio del "Reina de los Ángeles")
El cuatro de diciembre de 1.929 se publica en "El Cantábrico, el siguiente y largo reportaje que parte de la noticia del naufragio del pesquero "Reina de los Ángeles" y que protagoniza las páginas primera y segunda, de dicho diario, con fotografía que acompañamos.
Aprovechando unos
segundos, en que las olas dejaron de pegar sobre el "Reina de los
Ángeles", del que aquéllas han barrido la chimenea y la obra muerta,
nuestro fotógrafo consiguió esta difícil fotografía. Una ola, rencorosa, le
arrebató la máquina, tras la que salió "Samot", consiguiendo
recuperársela al mar; pero a costa de un chapuzón. — El señalado con el número
1 es el patrón, Víctor Bengochea, al que persigue la fatalidad. — El número 2
es el patrón del "Marina", Justo Lecue, que abnegadamente se lanzó al
mar en socorro de los náufragos. — El señalado con el número 3 es Pedro
Urquiri, que ignoraba, cuando se le retrató, el triste fin de su pobre hermano.
— El que tiene el número 4 es el pinche de la embarcación, y el 5, el
maquinista y condueño, Francisco Eroa, que se salvó milagrosamente.
(Fotos Samot.)
Al pretender salvar la
barra del puerto de San Vicente de la Barquera, una ola imponente hace
naufragar a una embarcación.
Cinco marineros perecen ahogados, dejando huérfanas a veinte criaturas.
Los dramas del marinero de la costa.
Estos dramas del marinero
de la costa tienen un terrible perfil patético. Ese perfil es la tierra quien
lo presta. La tierra adusta, pero maternal, que reclama sus hombres con las
hondas voces desgarradas de sus entrañas.
Y luego, el mar, plomo
hervoroso en la mañana de ayer, que tira de los hombres y de los barcos, tan
chiquitos, tan miserables.
Lo que grita en la costa
no es el mar. Lo que grita es la tierra. La mar, sin la costa, es muda. Cuando
a cientos de millas se arbola y se encrespa, es mayestática y solemne. La mar
no grita. Grita la tierra, humanizada y materna.
Y esta tierra, frente a
las barras de las villas marineras, grita más, grita y gime sin consuelo. Se
enronquecen las fallas y los arrecifes Si la tierra pudiera avanzar su seno lo
avanzaría para acoger al marinero, al hombre, al hijo...
Pero el Hombre tiene que
entregar, por los siglos de los siglos, su tributo.
Estos hombres de las
villas infanzonas de la costa Cantábrica, nietos de navegantes y de soldados,
que rigieron naves gloriosas del rey y que han entregado su vida en todos los
mares del mundo, rinden el tributo hoy desde sus humildes naves subsidiarias,
donde se gana duramente el sustento.
Cada banca de una trainera
es un banco de galera. Y es más héroe este hombre insignificante, que se juega
humildemente la vida por cada hogaza que comen los suyos, que el que moría, en
el abordaje, entre truenos de bombardas y arcabuces, votos y gritos, hachazos y
cuchilladas "por Dios y por el rey", en una borrachera bélica.
Estos pobres héroes,
tendidos en la playa yerta, frente al cielo acerado de la tarde, un ciclo
signado de gritos y alas; estos pobres héroes, de traje de mahón, son mucho más
héroes que los de cota o hábito cruzado; mucho más héroes que los que dan la
vida por un ideal.
Dar la vida por un ideal
tiene su compensación en la Historia. Pero dar la vida así, por el pan de los
hijos, o por el de la madre anciana, no tiene el heroísmo elemental y
primigenio, el más humano de todos los heroísmos.
El heroísmo del que día a
día va dejando su salud en un tabuco de escritorio para criar a la prole. Y el
heroísmo de estos; que sólo tenían el vario y traidor sendero de la mar, para
buscar su pan. Y un día, el día de ayer, no volvieron más.
Los caminos del mar. los
caminos del monte, los caminos del desierto, de la selva o de la tundra, son
así. Son los caminos viejos del Hombre. Los caminos de los que, a veces, no se
vuelve jamás. A pesar de que a ellos se va con más simpleza que por ningún otro
en busca del pan nuestro de cada día.
V.
LA PRIMERA NOTICIA DEL SUCESO
La primera noticia de esta
catástrofe la recibimos alrededor de las cinco de la tarde.
Nuestro querido amigo
Alonso Velarde se apresuró a comunicárnosla telefónicamente, produciéndonos la
sorpresa y el dolor que es de suponer.
Inmediatamente salimos
para el lugar del suceso.
Ya en San Vicente de la
Barquera apreciamos que la villa estaba sumida en honda consternación.
Todo el vecindario, que
había participado intensamente en los trabajos de salvamento, estaba
identificado en la desgracia, y en tanto que unos, en ofrenda piadosa, velaban
a los marineros muertos, que descansaban sobre unas humildes angarillas en la
modesta capilla, otros, animados de un fuerte espíritu de caridad, consolaban a
los supervivientes.
La impresión de duelo era unánime, y para hacer más tétrica la impresión, las campanas de la iglesia doblaban a muerto.
EL TEMOR DE LOS MARINEROS, JUSTIFICADO
La pesca le sardina se
había dado en los pasados días con tal abundancia, que las tripulaciones do los
barcos pesqueros vizcaínos había escogido este lugar de la costa para sus
operaciones.
El tiempo, durante la
mañana y primeras horas de la tarde de ayer, había empeorado, haciendo temer
por los pescadores que se hallaban en la mar.
Los conocedores de este
peligro y las familias de los pescadores aguardaban, impacientes, los primeros;
con angustia, las segundas, la llegada de las embarcaciones.
Dos de éstas aparecieron
en el horizonte. En aquellos momentos había imponente marejada del Noroeste. La
primera de, aquéllas, valientemente, enfiló al puerto. Fueron unos instantes de
indescriptible angustia. Sin embargo, la embarcación, muy marinera, entró bien,
aprovechando una aletía. La satisfacción se reflejó en todos los semblantes.
La segunda embarcación,
con marineros de aquella tierra, tuvo desgracia al enfilar la barra. La
sorprendió un violento golpe, de mar, y estuvo a punto de naufragar, entre el
espanto de los que aguardaban sobrecogidos.
Y fué a penetrar la "Reina de los Ángeles", de Lequeitio.
SE PRODUCE LA CATASTROFE
El barco, entre aquel
cuadro de terror, trató de penetrar en el puerto.
Toda la gente de la villa,
desde los muelles, desde el castillo, desde los puntos estratégicos de San
Vicente de la Barquera, tenía puestos los ojos en la débil embarcación.
Esta, valerosa, trató de ganar la barra; pero una ola imponente la levantó de popa y jugó con el barco como si éste fuera una pelota. La embarcación dió una, dos, tres vueltas. Se vió cómo los infelices tripulantes se agarraban desesperadamente a la quilla, cómo otros luchaban denodadamente con las olas, y, en pocos instantes, todo el vecindario, con sus autoridades al frente, se dirigió la playa.
TRABAJOS DE SALVAMENTO
No hubo vacilaciones ni
desertó un solo vecino.
Los cafés, los comercios,
los hogares, se quedaron desiertos. Todo el vecindario acudió a la playa. La
resaca era temible; pero formando una cadena humana, los primeros con el agua
hasta el cuello, los siguientes metidos en el mar hasta la cintura, trataron de
rescatar aquellas vidas que luchaban ferozmente contra la muerte.
Algunos, más decididos,
como el patrón del "Marina", Justo Lecue; como el patrón del
"Luis". Pedro Arramarri y como Basilio Velardo y Gervasio Molleda,
con verdadero desprecio de su vida, se lanzaron al mar. Unos llevaban
salvavidas, para ofrecérselos a los náufragos; otros, cabos, para que se amarrasen
aquéllos. Todos ofreciendo su existencia por salvar la de sus semejantes.
Así pudieron sacarse uno,
dos, cinco, siete, diez...
Entre los últimos, después de haber estado luchando con las olas más de una hora, fué sacado Tomás Iturraspi. Su estado era desesperado, El médico le auxilió rápidamente; pero ya era tarde. El infeliz murió instantes después.
RAPIDA CONDUCCION AL PUEBLO
La gente, a medida que se
iba sacando a los náufragos, los iba ofreciendo generosamente sus ropas.
Envueltos en estas eran
conducidos en camionetas, en carros, como se podía, al centro de la villa, La
propietaria de la fonda "La Dolores", doña Dolores González, con
admirable abnegación, cedió desinteresadamente su casa. Y con ésta su
servidumbre, sus ropas, todo.
Pronto los náufragos
fueron auxiliados y atendidos.
Los más serenos se dirigieron al patrón, Víctor Bengochea. Este había estado a punto de perecer. Ya en el mar, la faja se le había soltado, aprisionándolo las piernas e impidiéndole nadar. Cuando, impotente para seguir la lucha, se dejó caer, una ola le echó, providencialmente, en manos de sus salvadores. En cuanto se repuso se le pidió la lista de la tripulación. Se hizo el recuento, y se vió, con espanto, que faltaban cinco hombres.
LOS MARINEROS DESAPARECIDOS
Se volvió a la playa. Se
formó nuevamente la cadena humana. En ésta, con abnegación admirable, formaron
el alcalde, el juez, el cura; todos. Allí, ni había clases ni diferencias de
condición social.
Se buscó a los que faltaban;
pero todo fué inútil.
Cuando ya la gente se
retiraba desconsolada y afligida, el mar echó a la playa otro cadáver. Era el
de Fidel Urquiri.
Los demás quedaron entre
las olas. Mientras, el barco, se desfondaba y quedaba en la playa sobre un
banco de arena.
Mientras tanto, otra
embarcación de San Vicente de la Barquera trataba de ganar el puerto. Desde los
muelles se la hizo señas para que continuase rumbo a Santander. Pero los
tripulantes, al ver sobre el mar a la que había naufragado, desoyendo toda medida
de precaución, acudieron en socorro de los náufragos. Poro ya era tarde. Sin
embargo, la abnegación de los marineros fué tanta, que, ocupando débiles
barquías, estuvieron por los alrededores del lugar del suceso, con verdadera
exposición de sus vidas, buscando a los náufragos.
Mas ya hemos dicho que todo fué inútil.
LOS QUE FORMABAN LA
TRIPULACION
Formaban la tripulación
del "Reina de los Ángeles", de Lequeitio, el patrón, Víctor
Bengochea. Este es actualmente presidente de la Cofradía de Lequeitio, y es
marinero perseguido por la fatalidad. Recientemente, mandando un vapor
pesquero, estalló la caldera, causando varias víctimas. Él se salvó
milagrosamente.
Los demás tripulantes son:
Nicolás Zabala, José Márquez, Francisco Eroa, maquinista y condueño, de la lancha; Juan Urquizaba, Francisco Abastay, Francisco Benal, Pedro Urquiri, Gabino Belansátegui, Cándido Anazabe, Bonifacio Meave, Juan Cruz, Fidel Urquiri, Bernabé Urresti y Tomás Uturraspi.
LOS MARINEROS MUERTOS Y DESAPARECIDOS
Los tripulantes del
"Reina de los Ángeles" muertos y desaparecidos, son los siguientes:
"Muertos: Tomás
Uturraspi, casado, con cuatro hijos. Murió, como antes decimos, cuando ya
estaba sobre la playa, y Fidel Urquiri, soltero. Su cuerpo lo devolvió el mar
media hora después.
Desaparecidos: Cándido
Anazabe, casado, con ocho hijos; Juan Cruz, casado, con ocho hijos, y Bernabé
Urresti, casado, y sin hijos.
Los cuerpos de estos infortunados marineros no habían aparecido cuando nosotros, a las diez de la noche, abandonamos San Vicente de la Barquera.
SACANDO UNA FOTOGRAFIA DEL BARCO
El afán, justificado, de
ofrecer información gráfica de esta horrible catástrofe, nos llevó a la playa
de San Vicente de la Barquera.
Nos acompañaban dos grandes amigos de EL CANTABRICO: Alonso Velarde y Arturo Flores.
El "Reina de los Ángeles"
estaba a unos treinta metros de la orilla. Hubo que salvar la playa, iluminados
desde un montículo próximo con los faros del automóvil, y meter los pies en el
agua.
De vez en cuando, una
ráfaga de niebla espesísima ocultaba al barco de nuestra vista. Otras, las olas
nos obligaban a salir huyendo.
Una de éstas se echó
encima de nosotros tan súbitamente, que, para librarnos de ella, tuvimos que alejarnos
precipitadamente; pero en pie quedaba el trípode, y sobre éste, la máquina. La
fuerte resaca, al volver la ola al mar, se llevó la máquina.
"Samot", al verse despojado de la más eficaz cooperadora de su arte de gran fotógrafo, se lanzó al mar, como si éste le arrebatase uno de sus más caros afectos. Fué inútil que le llamásemos. Nuestro compañero rescató la máquina; pero fué a costa de un remojón.
EN LA CAPILLA DE SAN VICENTE MARTIR
Desde la playa nos
dirigimos a la capilla de San Vicente.
En el centro se había levantado
un severo túmulo. Y cuatro cirios encendidos alumbraban los cuerpos de los infortunados
marineros Tomás Iturraspi y Fidel Urquiri. Los cadáveres estaban cubiertos por
una sábana, y el vecindario rezaba fervorosamente por el eterno descanso de los
pobres tripulantes.
Por respeto al lugar y por
lo tétrico del cuadro, no actuó nuestro fotógrafo.
Sacrificamos la nota de
actualidad y sumamos nuestras oraciones a los del vecindario de San Vicente de
la Barquera por las almas de las víctimas.
HABLANDO CON LOS NAUFRAGOS
Nos trasladamos luego a la
fonda "La Dolores".
Todas las habitaciones
estaban ocupadas por los náufragos.
Antes de entrar se nos
advirtió piadosamente: "No hablen ustedes, para nada, de muertos ni de
desaparecidos. Los supervivientes ignoran la magnitud de la catástrofe, y a
Pedro Urquiri, que ha preguntado diferentes veces por su hermano, se le ha
dicho que ha sido rescatado al mar y que se encuentra en una habitación
próxima. Varias veces ha intentado levantarse para ir a verle, pero se le ha
prohibido; una de las veces, por mandato del médico."
Cumplimos rigurosamente las
consignas
Conversamos con él patrón.
El relato que nos hizo Víctor Bengochea no difiere en nada del que nosotros
hemos hecho de la catástrofe.
Luego nos entrevistamos
con el maquinista y condueño. Francisco Eroa no había querido guardar cama.
Temiendo el grave peligro que supone franquear la barra, realizaba todas las
operaciones sacando por la ventana de la máquina más de medio cuerpo. Guando la
ola volteó á la embarcación, cayó revuelto entre sus compañeros, y poco después
pasaba a los brazos de los salvadores.
Estaba todavía, como los
demás supervivientes con quienes conversamos, bajo la terrible impresión
sufrida.
También hablamos con Pedro
Urquiri. Desconocía el triste fin de su hermano y celebraba haberse salvado de
la muerte. Nunca— nos dice — la vi más cerca.
"Samot", con su
máquina, también "superviviente", tiró aisladamente algunos
magnesios. Y para recoger en aquélla al "pinche" de la embarcación
hubo que envolverle en unas mantas y conducirle a la cama del patrón, que le
abrazó llorando. El pobre niño, después de sostenerse bravamente sobre el agua,
nadando con gran agilidad, pudo ser salvado. Bien es verdad que todos se
preocuparon de él, ayudándole en los momentos de desfallecimiento, que también
los tuvo.
Todos los náufragos nos
hicieron presente su reconocimiento por la hospitalidad del vecindario de San
Vicente de la Barquera.
De no haber sido por su heroísmo nos dan algunos—, hubiéramos perecido todos, absolutamente todos, y los más fuertes acaso hubiésemos ido a morir en la playa.
SE COMUNICA LA CATASTROFE A LEQUEITIO
Con las naturales precauciones,
se comunicó la infausta nueva a Lequeitio.
En la Cofradía produjo la
noticia el efecto que es de suponer.
Desde el teléfono se oían
las lamentaciones desgarradoras de las familias de los náufragos, que
solicitaban insistentemente noticias de los suyos.
Hubo necesidad de pedir
que se pusieran al aparato personas que conservasen la serenidad. "Que se
llore — se dijo — por los muertos, no por los vivos".
Cuando se consiguió aquel
concurso, se dijo que, si hacía falta, en San Vicente de la Barquera, y
gratuitamente, se embalsamaría a los cadáveres.
Se rogó unos momentos de
espera, pues la Cofradía iba a reunirse inmediatamente.
Se contestó que se
agradecía el ofrecimiento, que no se escatimasen gastos, que una representación
de aquélla se ponía en camino; pero que no se haría el traslado de los
cadáveres, para evitar a aquellas familias nuevos momentos de trágica amargura.
En vista de esta contestación, se reunieron las autoridades y personas más significadas de la villa, conviniendo en establecer turnos en la capilla ardiente para volar los cadáveres de los pobres marineros y en preparar el entierro, que se verificará hoy, a las doce de la mañana.
OTROS DETALLES DE LA CATASTROFE
Entré los detalles de más
interés de la catástrofe, que recordamos en esta precipitada información que
hemos tenido que realizar, información salpicada de contratiempos, y de la que
no traemos otros recuerdos gratos que las cariñosas atenciones recibidas de
autoridades y vecinos de San Vicente de la Barquera, figuran los siguientes:
El mar echó a la playa las
redes de la embarcación. Se creyó que entre éstas habría algún cadáver. Se
examinaron para comprobarlo; pero no había ninguno.
También devolvió el mar
algunos cestos, utensilios de la embarcación y las botas de varios tripulantes.
Con todo se hizo un grupo,
del que quedaron al cuidado fuerzas de Carabineros.
El mar, con sus terribles
embates, destrozó la chimenea, la máquina y toda la obra muerta.
Así puede apreciarse en la
fotografía que publicamos.
El alcalde de San Vicente
de la Barquera comunicó la catástrofe al gobernador civil, diciéndole también
que todos los supervivientes quedaban bien atendidos, pues el vecindario se
desvivía en ello.
El general Saliquet
expresó su dolor por la gran desgracia, y anunció que participaría ésta, como
lo hizo inmediatamente, al ministro de la Gobernación."
1906 - CARRETERA DE LA ESTACIÓN A SAN VICENTE
El dos de julio de 1906, se
publica en "El Cantábrico" una noticia sobre una apuesta por un
banquete entre el notario de la villa José Ocampo y, Silverio Pérez industrial,
acerca de la construcción y terminación de la carretera de la estación que éste
último estaba ejecutando como contratista. Dicho artículo dice lo siguiente:
"UN BANQUETE
En San Vicente de la Barquera
En
la acreditadísima fonda que nuestro buen amigo don Silverio Pérez posee en el
pintoresco pueblo de San Vicente de la Barquera, tuvo ayer lugar un banquete,
como festejo por la rápida terminación de la carretera, que une á San Vicente
con la estación del ferrocarril.
El
notario de San Vicente, don José Ocampo, y el contratista, apostaron, al
comenzar las obras, á que éstas no se terminarían antes de fin de julio, lo que
suponía una gran facilidad de comunicaciones para los muchos veraneantes que
ordinariamente acuden á la Barquera. La apuesta consistía en un banquete, y
como la carretera se terminó para el plazo marcado en la apuesta, aquél tuvo
lugar ayer, á costa del señor Ocampo.
Al
banquete se invitó solamente á los periódicos de Santander, pues aquél se hizo
extensivo á festejar la buena marcha del asunto de la barra, y creyeron justo
obsequiar á la prensa por el apoyo que había prestado á las justas aspiraciones
de aquel pueblo.
El
total de los comensales fue el de unos cuarenta y la comida suculenta,
espléndidamente servida, lo que no hace sino confirmar la justa fama que goza
la fonda del amigo Silverio en el arte culinario.
Al
final brindaron los señores Urbano Velarde, Basilio Escandón, Ocampo, Alonso
Velarde, Agustín del Barrio (concejal), Antonio Lara (médico), resumiendo el
digno Alcalde de San Vicente, don Donato Palacios.
Todos
ellos elogiaron en frases elocuentes la actividad desplegada por los
contratistas del primero y segundo trozo de la carretera, señores don Pedro
Bedoya y don Silverio López.
También se habló bastante del asunto del arreglo de la
barra, excitando á los representantes de la Prensa, á que prosiguieran su
campaña hasta conseguir de los Poderes públicos el remedio á la urgente
necesidad sentida.
El
Alcalde leyó una carta del señor Garnica, en la que promete su apoyo para la
resolución del expediente.
Terminado
el acto, durante el cual reinó la más franca cordialidad, los invitados
pasearon por los alrededores, visitando sus sitios más pintorescos, así como la
cetárea del señor Velarde y la magnífica finca llamada El Convento.
Con
la inauguración de la nueva carretera, el pueblo de San Vicente tiene un
poderoso elemento más para el fomento de su progreso, y por ello lo felicitamos
sinceramente, deseando que, para mayor justicia, se termine pronto y á
satisfacción el importantísimo problema de la entrada del puerto."
1927 - ACCIDENTE EN OBRAS DE LA BARRA
El dieciséis de agosto de 1927, en el diario "El Cantábrico", se publicó la siguiente noticia, correspondiente a un accidente en las obras de la barra y el fallecimiento de un vecino de Hortigal. La noticia es la siguiente:
"San Vicente de la Barquera,
UN HOMBRE AHOGADO
Un accidente del trabajo ha costado la vida de un hombre. Hacia las tres de la tarde de hoy comenzaron á correr rumores de que algo anormal había ocurrido en las obras de la barra.
Se hablaba primero de una mujer ahogada. Poco después era un hombre la presunta víctima, para al final concretarse en un pobre obrero de los que se emplea en aquellas obras. Al mismo tiempo que se daba el nombre de la víctima, Manuel Camino, vecino del Hortigal, se conocían detalles del accidente, que, según una de las muchas versiones circulantes, la que nos parece más verosímil fué como sigue:
Sobre las dos y media de la tarde, y poco después de haber comenzado el trabajo, hallábanse varias obreros ocupados en echar bloques de hormigón, por medio de una grúa, en lo que han de constituir los cimientos del malecón que cierra la barra del Oeste. En el momento de depositar uno de los bloques, un golpe de mar inesperado y más alto que los otros suspendió el bloque y lo elevó á tres metros de altura. Al pasar la ola y caer el bloque con sus tres toneladas de peso, la recalcada de toda la grúa debió de ser tremenda, pues se salió toda ella del pivote sobre el cual gira; simultáneamente se desvió la pluma y barrió á los tres hombres que estaban al cuidado de la maniobra, arrojándoles al mar. Uno de ellos, Florentino Cuesta, tuvo la suerte de quedar aferrado al muro en construcción, sufriendo sólo ligeras contusiones en el pecho, piernas y brazos; otro, Ángel Bengochea, cayó al agua, pero buen nadador y la poca profundidad de la misma en el sitio en que cayera, lo libraron de mayor contratiempo; finalmente, Manuel Camino, que no sabía nadar, fué arrollado por la corriente, desapareciendo de la superficie ante los ojos de sus aterrados compañeros.
En medio del mayor azaramiento de todos, se organizó el salvamento, sin resultado, pues barrido por la corriente, fué encontrado unos veinte minutos más tarde, en el sitio llamado el Excubil, por los marineros Fernando Celis y Julián Díaz Lan, quienes lo sacaron á tierra, ayudados de un señor, cuyo nombre sentimos no haber podido averiguar, y que, resultando ser médico, prestó á la víctima los cuidados científicos propios del caso, que resultaron ineficaces.
Deja el desgraciado obrero en el mayor desamparo cuatro hijos de corta edad, y á la viuda en vísperas de ser madre.
La grúa causante del accidento se salió, como decimos, del pivote sobre el que gira, y á la recalcada rompió uno de los vientos que la sujeta. La hemos examinado, cuando los peritos lo hacían por orden del Juzgado, y hemos sacado la sensación de que el accidente no ha sido debido a defectos de dicha grúa ni muchísimo menos. Hemos hablado un momento con el contratista de las obras, don Jerónimo Cagigas, quien, todo consternado, nos ha manifestado que la grúa en cuestión está calculada para más de seis toneladas, y que, sin embargo, con ella no echa más que bloques de un metro cúbico de hormigón, que vendrán á tener poco más de tres toneladas.
En el momento en que, de prisa y corriendo, redactamos estas notas, queda el Juzgado constituido por el juez municipal en funciones de Instrucción, don Aurelio Ceballos; el secretario don Jesús Avecilla y el alguacil don Manuel Balbín. en el lugar del suceso, tomando declaración á los testigos presenciales del hecho.
EL CORRESPONSAL
15 de agosto de 1927."
1919 - VENTA DEL CASTILLO
El diecisiete de febrero de 1919 se publicó en “El Cantábrico” la venta del Castillo de San Vicente con el fin de su reedificación por el adquirente. Tal artículo decía así:
“En uno de nuestros pasados números dimos la noticia de que, por el diputado provincial, nuestro particular amigo don Victoriano Sánchez, y para un acaudalado asturiano, se había adquirido el ruinoso Castillo de San Vicente de la Barquera, con el propósito de reedificarle conforme á su antigua traza.
Esta noticia da actualidad á un hermoso trabajo de nuestro también buen amigo el ilustrado historiógrafo montañés don Julián Fresnedo de la Calzada.
Se publicó aquel trabajo en el número correspondiente al tercer trimestre de 1918, de la notable Revista "Arte Español"; se titula "San Vicente de la Barquera. -Apuntes retrospectivos para su reconstrucción", y es un resumen histórico de la villa, que fué una de las cuatro de la costa montañesa en los pasados siglos, y una acertada descripción de lo que fué su castillo, erigido probablemente por un duque de Estrada, casado con una hija del rey leonés Alfonso III el Magno, y por su orden, en 884, para defensa y seguridad del núcleo de población allí fijado cuando los hispano-godos, huyendo del avance de la invasión árabe, retrocedieron hacia el Norte de la Península.
Fue ese castillo, cuya silueta ruinosa se destaca en lo alto de la colina donde tiene sus cimientos, vigilante defensor de San Vicente contra las invasiones de los normandos y demás piratas del mar y contra los enemigos de la parte de tierra, y á su amparo fondearon durante la Edad Media las barcas de pesca costera y las de altura que se dedicaban á la de la ballena; las naos de comercio que tan activo le hacían entre las cuatro villas y los puertos de Flandes, y las galeras de guerra, destinadas á luchar contra los ingleses ó de paso para las aguas andaluzas donde combatir con los sarracenos.
Al cobijo de ese castillo se crearon industrias importantes; se alzaron centenares de edificaciones; se formaron bancos de pescadores, de menestrales, de hidalgos y de calafates, que trabajaban en los astilleros.
Todo esto y más comprende el instructivo trabajo del señor Fresnedo, que ha merecido justos elogios de la "Revista de Arquitectura", por el acierto con que reconstruye la derruida fortaleza y expresa lo que fueron las murallas, de las que apenas quedan vestigios, los torreones, las espaciosas salas y cuanto fue en un tiempo orgullo de la villa.
Estudios como el del señor Fresnedo de la Calzada, son en extremo útiles y necesarios, pues sobre ellos ha de cimentarse en el porvenir el edificio de la Historia de nuestra provincia, toda en embrión, aunque de algunos años á esta parte son varios los señores amantes de la Tierruca que van reuniendo los materiales que han de servir para aquel interesante trabajo que todos esperamos y tanto se desea.”
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(Se publicó aquel trabajo en el número correspondiente al tercer trimestre de 1918, de la notable Revista "Arte Español"; SAN VICENTE DE LA BARQUERA. Apuntes retrospectivos para su reconstrucción.
Julián Fresnedo de la Calzada. (Arte Español. Año VII, tomo IV, m\m. 3, 1918, tercer trimestre.
Pocos sitios de tan pintoresca hermosura como el pueblo de San Vicente de la Barquera, en la provincia de Santander. Vieja villa de bastante importancia en la Edad Media, conserva aún restos de su pasado, en un largo peñasco bordeado por dos rías que le dieron gran valor defensivo. Altos muros de un castillo desmantelado, paredones de muralla cubiertos de yedra, viejas casas arruinadas, una iglesia del XIII, cuya hermosa torre fué torpemente restaurada hace pocos años, es lo que queda después de numerosos incendios y asolaciones. Tras las montañas verdes que rodean el pueblo, vense los días claros, las cumbres imponentes y nevadas de los Picos de Europa.
El Sr. Fresnedo trata de rehacer con gran fortuna el plano del pueblo en la Edad Media.-T.)
1910 - FIESTA DE LA BARQUERA.
El doce de septiembre de 1910 se publicó en "El Cantábrico", y firmado por "Masanfer", el siguiente reportaje sobre la fiesta de "La Barquera" que dice así:





