1929 - LAS TRAGEDIAS DEL MAR, (Más sobre el naufragio del "Reina de los Ángeles")
El cinco de diciembre de 1.929 se publica en "El Cantábrico, el siguiente y largo reportaje, como continuación del ofrecido el día anterior, sobre la noticia del naufragio del pesquero "Reina de los Ángeles" y que protagoniza la página primera de dicho diario. También se incluye un poema del poeta Jesús Cancio, sobre este naufragio, que se publicó en ese día.
"LAS TRAGEDIAS DEL MAR
EL ENTIERRO DE LAS VICTIMAS CONSTITUYE UNA IMPONENTE MANIFESTACION DE DUELO
En todos los puertos de la
provincia, al ser conocida ayer en toda su Magnitud la desgracia, y muy
particularmente en Santander, Castro, Santoña, Laredo, Suances y Comillas, en
los que la familia pescadora numerosísima, el sentimiento por las víctimas del
naufragio que ha llevado negro desconsuelo a cinco hogares humildes de
Lequeitio, ha sido tan hondo como sincero, y las conversaciones en todos los
lugares donde se reúnen los trabajadores del mar han versado acerca de este
luctuoso suceso.
Las manifestaciones de condolencia por el naufragio se han extendido en todos los puertos de la provincia, siendo muchos los telegramas que se enviaron ayer al Gremio de pescadores de Lequeitio y a las familias de los cinco tripulantes que perecieron en el naufragio. En iguales términos enviaron despachos al mismo puerto las tripulaciones de algunos barcos pesqueros vizcaínos que se encontraban en Santander de arribada.
A media mañana comenzó a
circular por San Vicente de la Barquera el rumor de que en un playazo de la
extensa bahía bahía aparecido un cadáver, que se suponía muy fundadamente
pertenecía a un tripulante de la dotación, de la lanchilla "Reina de los
Ángeles".
Poco más tarde la noticia
tenía plena confirmación.
Se trataba del cadáver del
tripulante desaparecido Cándido Anazahe, natural de Lequeitio, que deja viuda y
ocho hijos, todos menores de edad.
El cadáver tenía el jersey
a medio quitar, agarrotándole los brazos. Se conoce que el desventurado, al
volcar la lanchilla y caer al agua, intentó despojarse del jersey, que le
estorbaba para poder ganar a nado la orilla, sorprendiéndole la muerte en esta
operación.
En el lugar del hallazgo que se denomina Abaño, se constituyeron las autoridades de Marina, procediendo al levantamiento y traslado a la capilla, donde se encontraban los cuerpos de los otros dos tripulantes recogidos en el lugar del naufragio el martes.
VELANDO A LAS VICTIMAS
Durante toda la noche del
martes y la madrugada de ayer, por la capilla donde fueron expuestos los
cadáveres de Tomás Iturraspi y Fidel Urquiri desfiló la mayor parte del vecindario
de San Vicente de la Barquera, velando a aquellos los marineros del Gremio de
pescadores, las autoridades y otras muchas personas".
A las nueve de la mañana, en la capilla de La Barquera, en la que se venera a la Patrona de los marineros de la hospitalaria villa, dijo una misa por el eterno descanso de las víctimas el virtuoso párroco de San Vicente, don Ángel Bolloqui, asistiendo el vecindario.
EL ENTIERRO DE LAS VICTIMAS
A las cuatro de la tarde
se verificó el traslado de los tres cadáveres rescatados al mar, y puede
asegurarse que jamás se ha visto en San Vicente de la Barquera una
manifestación fúnebre tan sentida y numerosa.
Rompían la marcha de la
fúnebre comitiva los niños de las escuelas públicas, y a continuación seguía
una representación numerosísima del Gremio de pescadores de Comillas, con
bandera enlutada por crespones.
A continuación formaba el
estandarte del Gremio de San Vicente, también enlutado, y rodeado por el
Cabildo.
Los féretros con los
cuerpos de los tres pescadores fueron conducidos a hombros de marineros de San
Vicente.
Seguía la comitiva,
compuesta de los supervivientes del naufragio, en cuyos rostros se reflejaba la
intensa emoción del acto, y seguidamente el alcalde, señor Díaz; el juez de
instrucción, señor Gavito; ayudante de Marina, señor Horjales, y el párroco,
señor Belloqui, que ostentaba al mismo tiempo la representación del Obispado.
Al entierro asistió
también el Ayuntamiento en corporación y todo el vecindario, incluyendo al
comercio, que, como las oficinas y otros centros, cerró sus puertas durante el
fúnebre acto.
El Cabildo de pescadores
de Santander estuvo representado en el entierro por el vicepresidente, Antonio
Samperio, con los individuos de la Directiva José Fernández, José Escobedo y
Antonio Isa, y un grupo numeroso de marineros.
Cinco magníficas y monumentales coronas de flores naturales fueron ofrendadas a las víctimas: una recibida de Lequeitio, que enviaban los familiares de uno de los marineros ahogados; dos que dedicó el Gremio de San Vicente, y otras dos que llevó la Comisión de pescadores santanderinos para ofrendarlas a sus camaradas.
LA AUTOPSIA DE LOS CADAVERES
Después del entierro, del
que repetimos que constituyó una manifestación de duelo, a la que se asociaron
los Cabildos y el pueblo entero de San Vicente de la Barquera se practicó la
autopsia a los tres cadáveres de los náufragos, comprobándose que los tres
habían dejado de existir por sumersión en el agua.
La operación de rigor la practicaron el titular de San Vicente de la Barquera, señor Pérez Carral, y el médico de Comillas señor Cambón, asistiendo a este acto la autoridad correspondiente.
HOY SE CELEBRARÁN FUNERALES
Hoy, a las once de la
mañana, se celebrarán solemnes funerales por el eterno descanso de las
víctimas.
A este acto han sido
invitadas, y se espera que asistan, las representaciones de los Gremios del litoral.
ANTE LAS VICTIMAS DEL "REINA DE LOS ANGELES"
Rosas de espuma cubren su tumba;
las olas cantan su
redención;
la cesta es muro de un
camposanto
con la esperanza del cielo
en flor.
Dormid, hermanos,
eternamente
bajo las aguas de
maldición,
que vuestra alma dió ya la
proa
hacia un remanso de paz y
amor.
Que ya en la barra de la
otra vida
"¡Jesús y
adentro!"— dijo el Patrón— .
Porque sabía que era su
'gente
pellejo heroico del mismo
Dios.
¡Dormid, poetas de la
tragedia
que más ha helado mi
corazón!
tanta amargura, tanto
dolor,
tal marejada de
pesadumbres,
tan espantosa desolación!
Jesús CANCIO
San Vicente de la
Barquera, 4-XII-29."
1929 - LAS TRAGEDIAS DEL MAR, (Naufragio del "Reina de los Ángeles")
El cuatro de diciembre de 1.929 se publica en "El Cantábrico, el siguiente y largo reportaje que parte de la noticia del naufragio del pesquero "Reina de los Ángeles" y que protagoniza las páginas primera y segunda, de dicho diario, con fotografía que acompañamos.
Aprovechando unos
segundos, en que las olas dejaron de pegar sobre el "Reina de los
Ángeles", del que aquéllas han barrido la chimenea y la obra muerta,
nuestro fotógrafo consiguió esta difícil fotografía. Una ola, rencorosa, le
arrebató la máquina, tras la que salió "Samot", consiguiendo
recuperársela al mar; pero a costa de un chapuzón. — El señalado con el número
1 es el patrón, Víctor Bengochea, al que persigue la fatalidad. — El número 2
es el patrón del "Marina", Justo Lecue, que abnegadamente se lanzó al
mar en socorro de los náufragos. — El señalado con el número 3 es Pedro
Urquiri, que ignoraba, cuando se le retrató, el triste fin de su pobre hermano.
— El que tiene el número 4 es el pinche de la embarcación, y el 5, el
maquinista y condueño, Francisco Eroa, que se salvó milagrosamente.
(Fotos Samot.)
Al pretender salvar la
barra del puerto de San Vicente de la Barquera, una ola imponente hace
naufragar a una embarcación.
Cinco marineros perecen ahogados, dejando huérfanas a veinte criaturas.
Los dramas del marinero de la costa.
Estos dramas del marinero
de la costa tienen un terrible perfil patético. Ese perfil es la tierra quien
lo presta. La tierra adusta, pero maternal, que reclama sus hombres con las
hondas voces desgarradas de sus entrañas.
Y luego, el mar, plomo
hervoroso en la mañana de ayer, que tira de los hombres y de los barcos, tan
chiquitos, tan miserables.
Lo que grita en la costa
no es el mar. Lo que grita es la tierra. La mar, sin la costa, es muda. Cuando
a cientos de millas se arbola y se encrespa, es mayestática y solemne. La mar
no grita. Grita la tierra, humanizada y materna.
Y esta tierra, frente a
las barras de las villas marineras, grita más, grita y gime sin consuelo. Se
enronquecen las fallas y los arrecifes Si la tierra pudiera avanzar su seno lo
avanzaría para acoger al marinero, al hombre, al hijo...
Pero el Hombre tiene que
entregar, por los siglos de los siglos, su tributo.
Estos hombres de las
villas infanzonas de la costa Cantábrica, nietos de navegantes y de soldados,
que rigieron naves gloriosas del rey y que han entregado su vida en todos los
mares del mundo, rinden el tributo hoy desde sus humildes naves subsidiarias,
donde se gana duramente el sustento.
Cada banca de una trainera
es un banco de galera. Y es más héroe este hombre insignificante, que se juega
humildemente la vida por cada hogaza que comen los suyos, que el que moría, en
el abordaje, entre truenos de bombardas y arcabuces, votos y gritos, hachazos y
cuchilladas "por Dios y por el rey", en una borrachera bélica.
Estos pobres héroes,
tendidos en la playa yerta, frente al cielo acerado de la tarde, un ciclo
signado de gritos y alas; estos pobres héroes, de traje de mahón, son mucho más
héroes que los de cota o hábito cruzado; mucho más héroes que los que dan la
vida por un ideal.
Dar la vida por un ideal
tiene su compensación en la Historia. Pero dar la vida así, por el pan de los
hijos, o por el de la madre anciana, no tiene el heroísmo elemental y
primigenio, el más humano de todos los heroísmos.
El heroísmo del que día a
día va dejando su salud en un tabuco de escritorio para criar a la prole. Y el
heroísmo de estos; que sólo tenían el vario y traidor sendero de la mar, para
buscar su pan. Y un día, el día de ayer, no volvieron más.
Los caminos del mar. los
caminos del monte, los caminos del desierto, de la selva o de la tundra, son
así. Son los caminos viejos del Hombre. Los caminos de los que, a veces, no se
vuelve jamás. A pesar de que a ellos se va con más simpleza que por ningún otro
en busca del pan nuestro de cada día.
V.
LA PRIMERA NOTICIA DEL SUCESO
La primera noticia de esta
catástrofe la recibimos alrededor de las cinco de la tarde.
Nuestro querido amigo
Alonso Velarde se apresuró a comunicárnosla telefónicamente, produciéndonos la
sorpresa y el dolor que es de suponer.
Inmediatamente salimos
para el lugar del suceso.
Ya en San Vicente de la
Barquera apreciamos que la villa estaba sumida en honda consternación.
Todo el vecindario, que
había participado intensamente en los trabajos de salvamento, estaba
identificado en la desgracia, y en tanto que unos, en ofrenda piadosa, velaban
a los marineros muertos, que descansaban sobre unas humildes angarillas en la
modesta capilla, otros, animados de un fuerte espíritu de caridad, consolaban a
los supervivientes.
La impresión de duelo era unánime, y para hacer más tétrica la impresión, las campanas de la iglesia doblaban a muerto.
EL TEMOR DE LOS MARINEROS, JUSTIFICADO
La pesca le sardina se
había dado en los pasados días con tal abundancia, que las tripulaciones do los
barcos pesqueros vizcaínos había escogido este lugar de la costa para sus
operaciones.
El tiempo, durante la
mañana y primeras horas de la tarde de ayer, había empeorado, haciendo temer
por los pescadores que se hallaban en la mar.
Los conocedores de este
peligro y las familias de los pescadores aguardaban, impacientes, los primeros;
con angustia, las segundas, la llegada de las embarcaciones.
Dos de éstas aparecieron
en el horizonte. En aquellos momentos había imponente marejada del Noroeste. La
primera de, aquéllas, valientemente, enfiló al puerto. Fueron unos instantes de
indescriptible angustia. Sin embargo, la embarcación, muy marinera, entró bien,
aprovechando una aletía. La satisfacción se reflejó en todos los semblantes.
La segunda embarcación,
con marineros de aquella tierra, tuvo desgracia al enfilar la barra. La
sorprendió un violento golpe, de mar, y estuvo a punto de naufragar, entre el
espanto de los que aguardaban sobrecogidos.
Y fué a penetrar la "Reina de los Ángeles", de Lequeitio.
SE PRODUCE LA CATASTROFE
El barco, entre aquel
cuadro de terror, trató de penetrar en el puerto.
Toda la gente de la villa,
desde los muelles, desde el castillo, desde los puntos estratégicos de San
Vicente de la Barquera, tenía puestos los ojos en la débil embarcación.
Esta, valerosa, trató de ganar la barra; pero una ola imponente la levantó de popa y jugó con el barco como si éste fuera una pelota. La embarcación dió una, dos, tres vueltas. Se vió cómo los infelices tripulantes se agarraban desesperadamente a la quilla, cómo otros luchaban denodadamente con las olas, y, en pocos instantes, todo el vecindario, con sus autoridades al frente, se dirigió la playa.
TRABAJOS DE SALVAMENTO
No hubo vacilaciones ni
desertó un solo vecino.
Los cafés, los comercios,
los hogares, se quedaron desiertos. Todo el vecindario acudió a la playa. La
resaca era temible; pero formando una cadena humana, los primeros con el agua
hasta el cuello, los siguientes metidos en el mar hasta la cintura, trataron de
rescatar aquellas vidas que luchaban ferozmente contra la muerte.
Algunos, más decididos,
como el patrón del "Marina", Justo Lecue; como el patrón del
"Luis". Pedro Arramarri y como Basilio Velardo y Gervasio Molleda,
con verdadero desprecio de su vida, se lanzaron al mar. Unos llevaban
salvavidas, para ofrecérselos a los náufragos; otros, cabos, para que se amarrasen
aquéllos. Todos ofreciendo su existencia por salvar la de sus semejantes.
Así pudieron sacarse uno,
dos, cinco, siete, diez...
Entre los últimos, después de haber estado luchando con las olas más de una hora, fué sacado Tomás Iturraspi. Su estado era desesperado, El médico le auxilió rápidamente; pero ya era tarde. El infeliz murió instantes después.
RAPIDA CONDUCCION AL PUEBLO
La gente, a medida que se
iba sacando a los náufragos, los iba ofreciendo generosamente sus ropas.
Envueltos en estas eran
conducidos en camionetas, en carros, como se podía, al centro de la villa, La
propietaria de la fonda "La Dolores", doña Dolores González, con
admirable abnegación, cedió desinteresadamente su casa. Y con ésta su
servidumbre, sus ropas, todo.
Pronto los náufragos
fueron auxiliados y atendidos.
Los más serenos se dirigieron al patrón, Víctor Bengochea. Este había estado a punto de perecer. Ya en el mar, la faja se le había soltado, aprisionándolo las piernas e impidiéndole nadar. Cuando, impotente para seguir la lucha, se dejó caer, una ola le echó, providencialmente, en manos de sus salvadores. En cuanto se repuso se le pidió la lista de la tripulación. Se hizo el recuento, y se vió, con espanto, que faltaban cinco hombres.
LOS MARINEROS DESAPARECIDOS
Se volvió a la playa. Se
formó nuevamente la cadena humana. En ésta, con abnegación admirable, formaron
el alcalde, el juez, el cura; todos. Allí, ni había clases ni diferencias de
condición social.
Se buscó a los que faltaban;
pero todo fué inútil.
Cuando ya la gente se
retiraba desconsolada y afligida, el mar echó a la playa otro cadáver. Era el
de Fidel Urquiri.
Los demás quedaron entre
las olas. Mientras, el barco, se desfondaba y quedaba en la playa sobre un
banco de arena.
Mientras tanto, otra
embarcación de San Vicente de la Barquera trataba de ganar el puerto. Desde los
muelles se la hizo señas para que continuase rumbo a Santander. Pero los
tripulantes, al ver sobre el mar a la que había naufragado, desoyendo toda medida
de precaución, acudieron en socorro de los náufragos. Poro ya era tarde. Sin
embargo, la abnegación de los marineros fué tanta, que, ocupando débiles
barquías, estuvieron por los alrededores del lugar del suceso, con verdadera
exposición de sus vidas, buscando a los náufragos.
Mas ya hemos dicho que todo fué inútil.
LOS QUE FORMABAN LA
TRIPULACION
Formaban la tripulación
del "Reina de los Ángeles", de Lequeitio, el patrón, Víctor
Bengochea. Este es actualmente presidente de la Cofradía de Lequeitio, y es
marinero perseguido por la fatalidad. Recientemente, mandando un vapor
pesquero, estalló la caldera, causando varias víctimas. Él se salvó
milagrosamente.
Los demás tripulantes son:
Nicolás Zabala, José Márquez, Francisco Eroa, maquinista y condueño, de la lancha; Juan Urquizaba, Francisco Abastay, Francisco Benal, Pedro Urquiri, Gabino Belansátegui, Cándido Anazabe, Bonifacio Meave, Juan Cruz, Fidel Urquiri, Bernabé Urresti y Tomás Uturraspi.
LOS MARINEROS MUERTOS Y DESAPARECIDOS
Los tripulantes del
"Reina de los Ángeles" muertos y desaparecidos, son los siguientes:
"Muertos: Tomás
Uturraspi, casado, con cuatro hijos. Murió, como antes decimos, cuando ya
estaba sobre la playa, y Fidel Urquiri, soltero. Su cuerpo lo devolvió el mar
media hora después.
Desaparecidos: Cándido
Anazabe, casado, con ocho hijos; Juan Cruz, casado, con ocho hijos, y Bernabé
Urresti, casado, y sin hijos.
Los cuerpos de estos infortunados marineros no habían aparecido cuando nosotros, a las diez de la noche, abandonamos San Vicente de la Barquera.
SACANDO UNA FOTOGRAFIA DEL BARCO
El afán, justificado, de
ofrecer información gráfica de esta horrible catástrofe, nos llevó a la playa
de San Vicente de la Barquera.
Nos acompañaban dos grandes amigos de EL CANTABRICO: Alonso Velarde y Arturo Flores.
El "Reina de los Ángeles"
estaba a unos treinta metros de la orilla. Hubo que salvar la playa, iluminados
desde un montículo próximo con los faros del automóvil, y meter los pies en el
agua.
De vez en cuando, una
ráfaga de niebla espesísima ocultaba al barco de nuestra vista. Otras, las olas
nos obligaban a salir huyendo.
Una de éstas se echó
encima de nosotros tan súbitamente, que, para librarnos de ella, tuvimos que alejarnos
precipitadamente; pero en pie quedaba el trípode, y sobre éste, la máquina. La
fuerte resaca, al volver la ola al mar, se llevó la máquina.
"Samot", al verse despojado de la más eficaz cooperadora de su arte de gran fotógrafo, se lanzó al mar, como si éste le arrebatase uno de sus más caros afectos. Fué inútil que le llamásemos. Nuestro compañero rescató la máquina; pero fué a costa de un remojón.
EN LA CAPILLA DE SAN VICENTE MARTIR
Desde la playa nos
dirigimos a la capilla de San Vicente.
En el centro se había levantado
un severo túmulo. Y cuatro cirios encendidos alumbraban los cuerpos de los infortunados
marineros Tomás Iturraspi y Fidel Urquiri. Los cadáveres estaban cubiertos por
una sábana, y el vecindario rezaba fervorosamente por el eterno descanso de los
pobres tripulantes.
Por respeto al lugar y por
lo tétrico del cuadro, no actuó nuestro fotógrafo.
Sacrificamos la nota de
actualidad y sumamos nuestras oraciones a los del vecindario de San Vicente de
la Barquera por las almas de las víctimas.
HABLANDO CON LOS NAUFRAGOS
Nos trasladamos luego a la
fonda "La Dolores".
Todas las habitaciones
estaban ocupadas por los náufragos.
Antes de entrar se nos
advirtió piadosamente: "No hablen ustedes, para nada, de muertos ni de
desaparecidos. Los supervivientes ignoran la magnitud de la catástrofe, y a
Pedro Urquiri, que ha preguntado diferentes veces por su hermano, se le ha
dicho que ha sido rescatado al mar y que se encuentra en una habitación
próxima. Varias veces ha intentado levantarse para ir a verle, pero se le ha
prohibido; una de las veces, por mandato del médico."
Cumplimos rigurosamente las
consignas
Conversamos con él patrón.
El relato que nos hizo Víctor Bengochea no difiere en nada del que nosotros
hemos hecho de la catástrofe.
Luego nos entrevistamos
con el maquinista y condueño. Francisco Eroa no había querido guardar cama.
Temiendo el grave peligro que supone franquear la barra, realizaba todas las
operaciones sacando por la ventana de la máquina más de medio cuerpo. Guando la
ola volteó á la embarcación, cayó revuelto entre sus compañeros, y poco después
pasaba a los brazos de los salvadores.
Estaba todavía, como los
demás supervivientes con quienes conversamos, bajo la terrible impresión
sufrida.
También hablamos con Pedro
Urquiri. Desconocía el triste fin de su hermano y celebraba haberse salvado de
la muerte. Nunca— nos dice — la vi más cerca.
"Samot", con su
máquina, también "superviviente", tiró aisladamente algunos
magnesios. Y para recoger en aquélla al "pinche" de la embarcación
hubo que envolverle en unas mantas y conducirle a la cama del patrón, que le
abrazó llorando. El pobre niño, después de sostenerse bravamente sobre el agua,
nadando con gran agilidad, pudo ser salvado. Bien es verdad que todos se
preocuparon de él, ayudándole en los momentos de desfallecimiento, que también
los tuvo.
Todos los náufragos nos
hicieron presente su reconocimiento por la hospitalidad del vecindario de San
Vicente de la Barquera.
De no haber sido por su heroísmo nos dan algunos—, hubiéramos perecido todos, absolutamente todos, y los más fuertes acaso hubiésemos ido a morir en la playa.
SE COMUNICA LA CATASTROFE A LEQUEITIO
Con las naturales precauciones,
se comunicó la infausta nueva a Lequeitio.
En la Cofradía produjo la
noticia el efecto que es de suponer.
Desde el teléfono se oían
las lamentaciones desgarradoras de las familias de los náufragos, que
solicitaban insistentemente noticias de los suyos.
Hubo necesidad de pedir
que se pusieran al aparato personas que conservasen la serenidad. "Que se
llore — se dijo — por los muertos, no por los vivos".
Cuando se consiguió aquel
concurso, se dijo que, si hacía falta, en San Vicente de la Barquera, y
gratuitamente, se embalsamaría a los cadáveres.
Se rogó unos momentos de
espera, pues la Cofradía iba a reunirse inmediatamente.
Se contestó que se
agradecía el ofrecimiento, que no se escatimasen gastos, que una representación
de aquélla se ponía en camino; pero que no se haría el traslado de los
cadáveres, para evitar a aquellas familias nuevos momentos de trágica amargura.
En vista de esta contestación, se reunieron las autoridades y personas más significadas de la villa, conviniendo en establecer turnos en la capilla ardiente para volar los cadáveres de los pobres marineros y en preparar el entierro, que se verificará hoy, a las doce de la mañana.
OTROS DETALLES DE LA CATASTROFE
Entré los detalles de más
interés de la catástrofe, que recordamos en esta precipitada información que
hemos tenido que realizar, información salpicada de contratiempos, y de la que
no traemos otros recuerdos gratos que las cariñosas atenciones recibidas de
autoridades y vecinos de San Vicente de la Barquera, figuran los siguientes:
El mar echó a la playa las
redes de la embarcación. Se creyó que entre éstas habría algún cadáver. Se
examinaron para comprobarlo; pero no había ninguno.
También devolvió el mar
algunos cestos, utensilios de la embarcación y las botas de varios tripulantes.
Con todo se hizo un grupo,
del que quedaron al cuidado fuerzas de Carabineros.
El mar, con sus terribles
embates, destrozó la chimenea, la máquina y toda la obra muerta.
Así puede apreciarse en la
fotografía que publicamos.
El alcalde de San Vicente
de la Barquera comunicó la catástrofe al gobernador civil, diciéndole también
que todos los supervivientes quedaban bien atendidos, pues el vecindario se
desvivía en ello.
El general Saliquet
expresó su dolor por la gran desgracia, y anunció que participaría ésta, como
lo hizo inmediatamente, al ministro de la Gobernación."
1889 - NAUFRAGIO DEL WESTFALIA
El seis de Febrero de 1889 se da cuenta en "El Atlántico" de una serie de telegramas referentes a la noticia del naufragio del vapor inglés "Westfalia" y al día siguiente, 7 de febrero, se publica el reportaje del corresponsal en San Vicente, Sr. Arenas. A continuación se aporta la información que comentamos y que dice así:
"SECCION DE NOTICIAS.
Un naufragio.
Durante el temporal que antes de anoche, como en las anteriores, descargó en nuestra costa, naufragó en ella el vapor inglés Westfalia, acerca de cuyo siniestro telegrafiaron ayer nuestro corresponsal de San Vicente de la Barquera y las autoridades de Marina y locales, y el jefe del puesto de la guardia civil.
Hé aquí los aludidos telegramas:
Director ATLÁNTICO.
San Vicente de la Barquera 5. — 2 t.
Anoche se perdió en esta costa un vapor de nacionalidad desconocida hasta ahora; embarrancando en la playa, entre Cabo Oyambre y San Vicente de la Barquera.
La autoridad de Marina, así como las de la localidad, acudieron todas al lugar del naufragio, y allí continúan.
Arenas.
***
Director ATLANTICO.
San Vicente de la Barquera 5.— 4 t.
Ei vapor embarrancado entre Cabo Oyambre y San Vicente es el inglés Westfalia. Han sido salvados 17 de sus tripulantes, habiendo perecido otros 3. De los salvados 3 están heridos de consideración: prestándoseles auxilios convenientes.
El Westfalia navegaba de Huelva para Glasgow con cargamento de esparto y mineral de cobre. El buque queda embarrancado.
Arenas.
***
El Ayudante de Marina al Comandante.
San Vicente 5.—10,40 m.
Acábase averiguar vapor perdido es el Westfalia. Vénse tripulantes y espérase salvarlos en bajamar.
***
San Vicente 5.— 2'3.5 t.
Salvados del vapor Westfalia 17 tripulantes, tres de ellos muy enfermos; y otros tres perecieron.
El Alcalde al Gobernador.
***
San Vicente de la Barquera 5. — 9'20 m.
Anoche embarrancó un vapor en la proximidad al punto llamado Cabo Oyambre, de esta costa, cuya bandera se ignora, y del cual, efecto del gran temporal, nada pudo hacerse en obsequio de la tripulación que trae. Hoy se espera que se podrá salvarlos. Sobre cuyo extraño suceso espero noticias de un momento á otro, las cuales comunicaré seguidamente.
Sargento de la Guardia civil al Gobernador:
***
San Vicente de la Barquera 5. — 10,46m.
Vapor Westfalia embarrancó ayer, ocho noche. El comandante del puesto se personó con fuerza franca. Vénse tripulantes. Espérase salvarlos á la bajamar.
Alcalde al Gobernador.
***
San Vicente 5. — 2 t.
En este momento entran en esta villa 17 náufragos del vapor Westfalia, tres heridos, y muy débiles los demás. V. S., señor Gobernador puede consultar ó ponerse de acuerdo con cónsul inglés y telegrafiarme qué hago con ellos.
***
San Vicente 5.— 4'10 t.
Los diecisiete hombres salvados se encuentran instalados y auxiliados en la fonda, y atendidos cual corresponde por facultativos los cuatro heridos de alguna consideración. El vapor, si la mar se mejorase, pudiera salvarse, aunque con averías, mandando remolcadores. Su cargamento es de esparto que procede de Huelva: iba con dirección á Inglaterra; y otros tres perecieron.
Sargento guardia civil á Gobernador.
***
San Vicente 5. — 5 t.
Salvados quince y tres heridos; y tres náufragos que se ignora su paradero. Vapor sin averías.
Se encuentran en esta villa protegidos y auxiliados por autoridad. Se prestan todos auxilios.
El señor Gobernador civil dispuso anoche que en su nombre se dieran gracias al alcalde de San Vicente de la Barquera y al comandante del puesto de la guardia civil, por los esfuerzos hechos en socorro de los náufragos y por los auxilios que se les presta en aquel pueblo.Desde San Vicente de la Barquera.
Febrero 5.
Sr. Director de EL ATLANTICO.
De prisa y corriendo, porque sale el correo, voy á ampliar los detalles que comuniqué á V. por telégrafo acerca del naufragio del vapor inglés Westfalia, ocurrido en estas playas, anoche á las ocho próximamente.
El Westfalia navegaba de Huelva con rumbo á Liverpool, con cargamento de esparto y mineral de cobre.
Sorprendido por el reciente temporal, venía luchando con él desde hace días, hasta que imposibilitado de hacer uso de la máquina, por falta de carbón, tuvo que recurrir al aparejo; pero rifadas todas sus velas por el huracán, quedó sin gobierno y atravesado á las mares que le barrían la cubierta, arrojándole sobre la costa á unas dos millas de este puerto, cerca del Cabo de Oyambre en el sitio denominado Merón.
Antes de embarrancar el Westfalia, la tripulación hizo las señales de auxilio disparando dos cohetes. Acudieron inmediatamente á la playa el ayudante de Marina de este puerto, el cabo de mar y algunos marineros, así como el juez de instrucción, el registrador de la Propiedad, don José Martínez, autoridades locales y otras personas. La noche estaba tempestuosa, soplaba fuerte viento del N. N. E. El ayudante, seguido de varios marineros que se ofrecieron á acompañarle, con agua hasta la cintura y amarrados con cuerdas que los pusieran en comunicación con los de tierra, á fin de evitar el peligro de ser arrastrados por la mar, se acercaron al costado del buque, dando fuertes gritos para avisar á los tripulantes; pero nadie contestaba, ni aparecía persona alguna sobre cubierta; visto lo cual, y siendo imposible abordar el buque, volvieron todos á la playa, donde permanecieron en observación, dispuestos á acudir de nuevo en socorro de los náufragos, si aparecían éstos.
A las dos de la madrugada se distinguieron dos ó tres personas sobre cubierta, que desaparecieron en el instante. En tanto avanzaba la mañana; y volvieron á su empresa los individuos de que antes hice mención, aproximándose otra vez al costado del Westfalia y repitiendo sus gritos, á !os cuales acudieron sobre cubierta varios marineros.
Empezaba ya á bajar la marea, y dieron principio las operaciones del salvamento de la tripulación, que se componía de 20 individuos, de los cuales la mar se había llevado 3: el cocinero, un marinero y un muchacho. Los 17 restantes fueron salvados por medio de cuerdas que ilevaban los de tierra y que se ajustaron con otras lanzadas desde el buque, por las cuales fueron deslizándose aquellos infelices, auxiliados por el generoso esfuerzo de las personas antes dichas, el vista de la Aduana don Juan Abascal, el alférez retirado don Manuel Bueno, don Antonio Gómez, y otros varios que rivalizaron en aquella ruda faena. No faltó tampoco allí el virtuoso sacerdote don José Alvarez, coadjutor do esta parroquia.
Tres de los náufragos estaban heridos, de más ó menos gravedad, y fueron inmediatamente auxiliados por los médicos don Máximo Pérez y don Juan Sánchez, en la fonda á donde todos aquéllos fueron trasladados por disposición del alcalde, proporcionándoseles alimento, fuego y camas, con todo lo demás necesario para restablecerse de las terribles fatigas pasadas.
Arenas.
En la mañana de hoy saldrá para San Vicente
de la Barquera el vapor Hércules y probablemente irá también á aquel punto otro
remolcador de Bilbao, con objeto de remolcar, si es posible, al vapor
Westfalia, embarrancado cerca del Cabo Oyambre."
1900 - NAUFRAGIO Y TRAGEDIA EN "EL SABLE DE MERÓN"
Un naufragio es una tragedia del mar y los marineros, y seguro de que todos recordamos algún relato, sobre el particular, desgranado por nuestros mayores, en las largas tardes y noches de invierno, al calor de la lumbre.
Nuestro querido amigo y distinguido corresponsal en San Vicente de la Barquera don F. de Q. nos remite, según prometía ayer en el telegrama que ya conocen nuestros lectores, el interesante y triste relato siguiente, que da idea exacta de la magnitud de la desgracia que nuevamente viene a cubrir de luto muchos hogares y muchas almas aún no repuesta de la tremenda emoción sufrida por la tragedia hace poco desarrollada en aquella costa:
«A las cuatro de la madrugada de anteayer salieron de este puerto, para dedicarse a la pesca del besugo, dos lanchas patroneadas por Domingo Cortavitarte y Cándido Isusquiza y dos barquías patroneadas por José María Santiáñez y Dionisio González.
Las cuatro embarcaciones, con otra lancha más que encontraron en su derrota, se dirigieron a la playa de La Marona, distante unas veinte millas del puerto, y ya venían en demanda de él, después de haber hacho buen acopio de besugo, cuando fueron sorprendidas por lo que aquí llama la gente de mar una punta en tierra y en ese puerto virazón y galerna, según los casos.
La mañana fué espléndida hasta eso de las diez, hora en que empezó a soplar el viento Sur con bastante violencia, y pocos momentos antes de las doce ya el cariz había cambiado por completo. Estaba imponente. Densos girones de negras nubes cruzaban el espacio impelidos por el Noroeste que soplaba con toda la furia del huracán, y el agua y el granizo y la niebla, que a ratos cerraba el horizonte, hacían más fatídico el cuadro.
¡Qué día más triste para el vecindario de esta villa! ¡Cuánta desolación y cuánto luto!
De las cinco embarcaciones que luchaban denodadamente contra el empuje de los elementos frente a la boca del puerto, ninguna pudo tomarle y todas fueron a dar al Sable Merón, que así se llama la playa que hay a la entrada, como las Quebrantas en esa. La primera que embarrancó fué la patroneada por Cándido Isusquiza, que salvó toda la tripulación, y la segunda la de Comillas, cuyos tripulantes se salvaron todos también. Poro mientras esto ocurría en la orilla, un poco más allá, entre oleadas inmensas y rugientes espumas desaparecían las dos que patroneaban José María Santiáñez y Dionisio González. A los pocos momentos varó la mandada por Domingo Cortavitarte, que corrió la misma suerte de las dos primeras, consiguiendo salvarse todos.
De la embarcación da José María, tripulada por 14 hombres, no consiguieron salvarse más que dos: el mismo patrón y el pinche, a quien conocemos aquí por Paco el de Virginia Los doce restantes perecieron, y hé aquí sus nombres:
Arturo Sánchez, José Marcos, Manuel Fernández, Francisco San Nicolás, Julio Santiáñez, Ramón Bustamante, Marcelino Bustamante (hermano del anterior), José Fernández, Adrián González, Guillermo Gutiérrez, José San Juan, Enrique Bustamante.
De los doce, ocho casados y con hijos.
En la embarcación mandada por Dionisio González perecieron dos: José Noriega y Tomás Varela, ambos casados y con hijos.
¡Descansen en la paz del Señor las almas de esos catorce infelices náufragos, de esos héroes del mar!
En cuanto se dio cuenta el vecindario del riesgo que corrían las lanchas, fueron muchos al lugar del suceso, especialmente de las familias de los náufragos, desarrollándose con tal motivo escenas tristísimas, imposibles de describir. Desde los primeros momentos estuvieron también en la misma orilla, ayudando al salvamento, calados hasta los huesos, luchando sin tregua y ejercitando actos de verdadero arrojo, unos cuantos hombres valerosos y nobles, unos cuantos amigos míos, cuyos nombres no cito por natural temor de ofender su modestia.
Se distinguieron también notabilísimamente el sargento de la guardia civil del puesto y tres guardias que con él fueron, así como unos pocos vecinos del barrio cercano a la playa, que estuvieron valientes hasta la temeridad.
Ya diré sus nombres, que bien merecen ser conocidos, y que Dios los premie á todos por tanta buena obra como hicieron en aquellos terribles momentos.
Las autoridades, excepción hecha del señor Alcalde, brillaron por su ausencia, aunque a última hora me dicen que a última hora fueron. Esto, como es natural, daba lugar a comentarios poco favorables para los interesados.
Y con esto, ya que me niega fuerzas para más un decaimiento de ánimo terrible, producido por los sucesos referidos, hago punto á esta luctuosa crónica, á reserva de hablar otro día algo más, si Dios me da salud, de cosas que importan á esta villa.
F. DE Q.
San Vicente de la Barquera, febrero 18 de
1900".




