1899 - RECUERDOS DE LA TIERRUCA, de J. Gutiérrez de Gandarilla
El 14 de septiembre de 1899 se publica en "La Atalaya" el siguiente reportaje, de J. Gutiérrez de Gandarilla, con el título de "Recuerdos de la tierruca". En él hace un repaso, desde la distancia, de las costumbres populares, en las romerías, y otros detalles que venían a su recuerdo, ya que en aquel entonces, el autor, vivía en La Habana.
Por parecerme interesante y curioso acompaño dicha publicación:
"RECUERDOS DE LA TIERRUCA
En esta época da las grandes fiestas populares en la querida Montaña, á 1.600 leguas lejos de ella, y combatido por todos los azares de la suerte, ¿cómo no recordar los tiempos felices en que plácida se deslizó mi niñez correteando por aquellos amenos valles y agrestes campiñas oreadas por las salutíferas brisas del mar Cantábrico?
Las alegres romerías; la extensa verdebraña donde bajo !a sombra de copudos robledales y añosos castaños se celebra la feria; las garridas montañesas que en grupos se dirigen al baile campestre; las encascabeladas panderetas que hábilmente repican con el acompañamiento de los intencionados cantares al ídolo de su amor; la blanca casita que, medio oculta entre los árboles frutales, guarda el tesoro para mi más preciado, mis ancianos padres; el susurro del aire y el serpentear del cristalino arroyuelo por entre bosques y cascadas, todo todo despierta en mí el grato recuerdo de aquel pedazo de tierra española, cuna de mis ensueños y albergue de mis pasadas ilusiones.
¡Las Romerías! Parece que aún tengo grabadas en la retina, y constantemente las estoy viendo, todas y cada una de las figuras que se mueven, bullen y agitan alrededor de la vetusta capilla, en el extenso campo que la circunda, donde se celebra la fiesta.
Aquí, el corro de bolos, en el cual se disputan el premio de vencedores los mozos más afamados del pueblo, contra los forasteros que han venido á la romería.
Su entusiasmo no tiene límites cuando uno de ellos ha sacado el emboque, ó birlado siete bolos con una siega.
Allá, el baile popular de la Montaña, donde las mozas lucen su garbo y hermosura, en medio de sus coloquios de amor con el afortunado que ha de ser su esposo. Con sus trajes de abigarrados colores y sus pañuelos blancos de seda al cuello, parecen bandada de palomas arrullándose en la hora crepuscular.
Más arriba un grupo de viejos tomando el cuartillo ó la media azumbre de vino tinto, recordando los tiempos de su juventud, ó comentando el último sermón del cura de la parroquia.
Abajo, la merienda que los señoritos de la vecina villa han mandado preparar en su casa, para, en unión de los amigos, comérsela entro mil chanzonetas, tumbados sobre el tupido matiz del aromático campo montañés.
En otro lado, las indispensables fruteras, con sus canastas de rojas cerezas, sabrosísimas peras y rosadas ciruelas.
Acá, las rosquilleras con sus puestos de dulces, y mesas para refrescos de limonada y gaseosa.
Allá, el indiano ó el sevillano convidando á la juventud de su pueblo, y por todas partes los muchachos, corriendo, jugando, y luchando unos con otros, en medio de una indescriptible algarabía.
¡Oh, gratos recuerdos de mi niñez pasada! ¡Qué tristes pasan los días lejos de los lares patrios!
El alma se me inunda de gozo al pensar en la inolvidable Montaña, pero las lágrimas acuden á mis ojos y corre insensible la pluma sobre el terso papel al ver que aún está muy lejano el día en que vuelva á tí, tierruca idolatrada.
Reciba en tanto este pequeño recuerdo, que á través de la distancia, y sobre las rizadas olas del terrible Océano que sumisas besan tus acantiladas costas, te envía desde lejanas tierras quien constantemente está pensando en tí,
J. GUTIÉRREZ DE GANDARILLA.
Habana, agosto de 1899."
Por parecerme interesante y curioso acompaño dicha publicación:
"RECUERDOS DE LA TIERRUCA
En esta época da las grandes fiestas populares en la querida Montaña, á 1.600 leguas lejos de ella, y combatido por todos los azares de la suerte, ¿cómo no recordar los tiempos felices en que plácida se deslizó mi niñez correteando por aquellos amenos valles y agrestes campiñas oreadas por las salutíferas brisas del mar Cantábrico?
Las alegres romerías; la extensa verdebraña donde bajo !a sombra de copudos robledales y añosos castaños se celebra la feria; las garridas montañesas que en grupos se dirigen al baile campestre; las encascabeladas panderetas que hábilmente repican con el acompañamiento de los intencionados cantares al ídolo de su amor; la blanca casita que, medio oculta entre los árboles frutales, guarda el tesoro para mi más preciado, mis ancianos padres; el susurro del aire y el serpentear del cristalino arroyuelo por entre bosques y cascadas, todo todo despierta en mí el grato recuerdo de aquel pedazo de tierra española, cuna de mis ensueños y albergue de mis pasadas ilusiones.
¡Las Romerías! Parece que aún tengo grabadas en la retina, y constantemente las estoy viendo, todas y cada una de las figuras que se mueven, bullen y agitan alrededor de la vetusta capilla, en el extenso campo que la circunda, donde se celebra la fiesta.
Aquí, el corro de bolos, en el cual se disputan el premio de vencedores los mozos más afamados del pueblo, contra los forasteros que han venido á la romería.
Su entusiasmo no tiene límites cuando uno de ellos ha sacado el emboque, ó birlado siete bolos con una siega.
Allá, el baile popular de la Montaña, donde las mozas lucen su garbo y hermosura, en medio de sus coloquios de amor con el afortunado que ha de ser su esposo. Con sus trajes de abigarrados colores y sus pañuelos blancos de seda al cuello, parecen bandada de palomas arrullándose en la hora crepuscular.
Más arriba un grupo de viejos tomando el cuartillo ó la media azumbre de vino tinto, recordando los tiempos de su juventud, ó comentando el último sermón del cura de la parroquia.
Abajo, la merienda que los señoritos de la vecina villa han mandado preparar en su casa, para, en unión de los amigos, comérsela entro mil chanzonetas, tumbados sobre el tupido matiz del aromático campo montañés.
En otro lado, las indispensables fruteras, con sus canastas de rojas cerezas, sabrosísimas peras y rosadas ciruelas.
Acá, las rosquilleras con sus puestos de dulces, y mesas para refrescos de limonada y gaseosa.
Allá, el indiano ó el sevillano convidando á la juventud de su pueblo, y por todas partes los muchachos, corriendo, jugando, y luchando unos con otros, en medio de una indescriptible algarabía.
¡Oh, gratos recuerdos de mi niñez pasada! ¡Qué tristes pasan los días lejos de los lares patrios!
El alma se me inunda de gozo al pensar en la inolvidable Montaña, pero las lágrimas acuden á mis ojos y corre insensible la pluma sobre el terso papel al ver que aún está muy lejano el día en que vuelva á tí, tierruca idolatrada.
Reciba en tanto este pequeño recuerdo, que á través de la distancia, y sobre las rizadas olas del terrible Océano que sumisas besan tus acantiladas costas, te envía desde lejanas tierras quien constantemente está pensando en tí,
J. GUTIÉRREZ DE GANDARILLA.
Habana, agosto de 1899."
Por parecerme interesante y curioso acompaño dicha publicación:
"RECUERDOS DE LA TIERRUCA
En esta época da las grandes fiestas populares en la querida Montaña, á 1.600 leguas lejos de ella, y combatido por todos los azares de la suerte, ¿cómo no recordar los tiempos felices en que plácida se deslizó mi niñez correteando por aquellos amenos valles y agrestes campiñas oreadas por las salutíferas brisas del mar Cantábrico?
Las alegres romerías; la extensa verdebraña donde bajo !a sombra de copudos robledales y añosos castaños se celebra la feria; las garridas montañesas que en grupos se dirigen al baile campestre; las encascabeladas panderetas que hábilmente repican con el acompañamiento de los intencionados cantares al ídolo de su amor; la blanca casita que, medio oculta entre los árboles frutales, guarda el tesoro para mi más preciado, mis ancianos padres; el susurro del aire y el serpentear del cristalino arroyuelo por entre bosques y cascadas, todo todo despierta en mí el grato recuerdo de aquel pedazo de tierra española, cuna de mis ensueños y albergue de mis pasadas ilusiones.
¡Las Romerías! Parece que aún tengo grabadas en la retina, y constantemente las estoy viendo, todas y cada una de las figuras que se mueven, bullen y agitan alrededor de la vetusta capilla, en el extenso campo que la circunda, donde se celebra la fiesta.
Aquí, el corro de bolos, en el cual se disputan el premio de vencedores los mozos más afamados del pueblo, contra los forasteros que han venido á la romería.
Su entusiasmo no tiene límites cuando uno de ellos ha sacado el emboque, ó birlado siete bolos con una siega.
Allá, el baile popular de la Montaña, donde las mozas lucen su garbo y hermosura, en medio de sus coloquios de amor con el afortunado que ha de ser su esposo. Con sus trajes de abigarrados colores y sus pañuelos blancos de seda al cuello, parecen bandada de palomas arrullándose en la hora crepuscular.
Más arriba un grupo de viejos tomando el cuartillo ó la media azumbre de vino tinto, recordando los tiempos de su juventud, ó comentando el último sermón del cura de la parroquia.
Abajo, la merienda que los señoritos de la vecina villa han mandado preparar en su casa, para, en unión de los amigos, comérsela entro mil chanzonetas, tumbados sobre el tupido matiz del aromático campo montañés.
En otro lado, las indispensables fruteras, con sus canastas de rojas cerezas, sabrosísimas peras y rosadas ciruelas.
Acá, las rosquilleras con sus puestos de dulces, y mesas para refrescos de limonada y gaseosa.
Allá, el indiano ó el sevillano convidando á la juventud de su pueblo, y por todas partes los muchachos, corriendo, jugando, y luchando unos con otros, en medio de una indescriptible algarabía.
¡Oh, gratos recuerdos de mi niñez pasada! ¡Qué tristes pasan los días lejos de los lares patrios!
El alma se me inunda de gozo al pensar en la inolvidable Montaña, pero las lágrimas acuden á mis ojos y corre insensible la pluma sobre el terso papel al ver que aún está muy lejano el día en que vuelva á tí, tierruca idolatrada.
Reciba en tanto este pequeño recuerdo, que á través de la distancia, y sobre las rizadas olas del terrible Océano que sumisas besan tus acantiladas costas, te envía desde lejanas tierras quien constantemente está pensando en tí,
J. GUTIÉRREZ DE GANDARILLA.
Habana, agosto de 1899."
1893 - ROGATIVAS
El veintisiete de Junio de 1893 se publicó
en “La Atalaya” el siguiente artículo sobre unas “rogativas” efectuadas por el
pueblo de Gandarilla y firmado por J. Gutiérrez de Gandarilla y que dice así:
"DESDE GANDARILLA
Señor director de LA ATALAYA:
Muy señor mío: Según decía á usted en mi última, ayer 23 fue el día señalado para trasladar ó volver la preciosa imagen de Nuestra Señora del Andrinal al pueblo de Labarces, de donde es patrona, y que estaba en éste de Gandarilla con motivo de la rogativa: la hora las cuatro de la tarde, y desde mucho antes se dejaba ver en todos los semblantes esa alegría propia aquí en esta clase de funciones. Reunidos los dos pueblos en nuestra santa iglesia parroquial, los dos muy dignos sacerdotes don Manuel García y don Isidro Gómez, acompañados por el coro de este pueblo, entonaron el "Te Deum" en acción de gracias por la súplica obtenida; una vez concluido se organizó la procesión, cantando el Santísimo Rosario.
Ya en el sitio de costumbre para encontrarse y despedirse las dos milagrosas imágenes, seis hermosas jóvenes de Gandarilla, en representación del pueblo, cantaron magistralmente preciosos versos alusivos al acto, y otras seis no menos bellas del pueblo de Labarces les contestaron en igual forma dándoles las gracias, tanto por el buen recibimiento que se les había hecho el día 13, como por la cariñosa despedida que entonces se les hacía. Seguidamente, el muy querido é ilustrado señor cura de Labarces, don Manuel García, haciendo púlpito de una pequeña piedra que en aquel sitio sobresale un poco más que las otras, pronunció un notable discurso-plática, lleno de unción evangélica y versando el asunto sobre lo que significa la inmemorial costumbre de estos des pueblos al hacer la rogativa, y la acendrada fe y devoción que se les tiene á nuestras santas patronas, terminando con fuertes vivas á la Virgen de las Nieves, la del Andrina!, la religión católica, y últimamente Gandarilla y Labarces, que fueron todos por el numeroso público calurosamente contestados, llegando entonces el entusiasmo hasta un grado indescriptible.
Excuso decir á usted que tanto allí como durante toda la carrera no cesaron un momento de atronar el espacio con sus estampidos los cohetes, voladores y medias bombas que seis ú ocho jóvenes lanzaban por los aires como si allá en célicas regiones fueran á saludar á la que es reina de los ángeles y corredentora del género humano: y para probarle á usted una vez más la verdadera fe y devoción que todavía por la misericordia de Dios se conserva en estos pueblos, bástele saber que, al separarse las dos milagrosas imágenes, casi todas las mujeres y muchos hombres de Labarces besaban y le ponían favores á nuestra santa patrona la virgen de las Nieves, que con seguridad no se harán esperar mucho tiempo, pues como dijo allí el citado don Manuel García, nunca tan buenas Madres abandonan á aquellos- de sus hijos que tan bien las quieren.
No solamente en los pueblos de Labarces y Gandarilla, sino en todos los comarcanos, serán los días 13 y 23 del corriente dos fechas memorables que todos tendremos siempre grabadas en nuestros corazones, tanto por el favor obtenido, cuanto por la pompa y solemnidad como se ha hecho esta rogativa.
Sin otro particular, quedo suyo afectísimo
s. s. q. b. s. m.,
J. GUTIÉRREZ DE GANDARILLA.
Julio 24 de 1893."
1917 - ROMERÍAS
"(DE NUESTRO CORRESPONSAL)
Como les decía en mi correspondencia del pasado mes de Julio, el día veintidós del mismo se celebró en la Acebosa la romería de La Magdalena, con gran concurrencia de romeros de San Vicente de la Barquera y demás pueblos inmediatos.
Hubo buenas partidas de bolos, gran baile, de pito y tamboril y mucha animación, puesto que, como es casi la primera romería de la comarca hay verdadero deseo, entre la gente joven, de expansionarse y divertirse, por lo que pueda pasar durante el verano.
El veinticinco, Santiago en Muñorrodero, que es medio feria, y una de las mejores romerías del Ayuntamiento de Val de San Vicente también se vio este año muy concurrida y animada tanto de jóvenes romeros, como de viejos feriantes.
Por a mañana hubo misa solemne en la capilla del Santo, y por la tarde animado baile, de gaita y tambor, en la carretera de Piedras Luengas a Pesués, que pasa por medio del pueblo, y grandes partidas de bolos entre los más afamados jugadores del contorno.
A esta romería da gran contingente el valle de Herrerías y mucha parte de Asturias, que en unión de los de Pesués, Pechón, Serdio y Molleda, hacen, como he dicho, que sea una de las mejores de por aquí.
No hubo incidente ninguno desagradable que lamentar.
El día siguiente, o sea el veintiséis, Santa Ana en el Perujo, barrio de Hortigal, que, en tiempos pasados fue la más típica y animada romería de la comarca, tanto por el hermoso sitio en que se hace cuanto por la clase de personas que a ella acudían de todas partes.
Figúrense ustedes una extensa braña, en cuyo centro se levanta vetusta capilla rodeada de copudos robles y verdes castaños, y no muy lejos murmurante riachuelo, y ya tienen el escenario de la romería de Santa Ana.
Como personajes, antiguamente, se veía al jacarandoso sevillano que, llegaba a caballo, con su hermana, prima, o novia a las ancas, cuyo bruto ataban una vez desmontados, a uno de los árboles del campo de la romería, y como estos eran muchos, y la escena se repetía con bastante frecuencia, figúrense también la rebambaramba que allí se armaba entre el piafar y relinchar de los caballos, el gritar y tarrañuelar de los mozos en el baile, y el clásico toque de las panderetas repicadas por hábiles manos aldeanas.
Hoy... no queda nada de todo esto, excepción hecha de la braña, capilla, arroyo y algunos árboles, y si no fuera por los pueblos inmediatos de Gandarilla, Estrada y Serdio, que aún concurren algunos, a dicha romería, no se conservaba de ella más que el conocido e indispensable cantar que entonan las mozas al ir o volver, de aquel pintoresco lugar y que, refiriéndose a romerías dice así:
"Santa Ana en el Perujo
San Roque en el Barcenal;
Las Nieves en Gandarilla
Y en Labarces el Andrinal.
Este año hubo unos cuantos bailes, de pandereta, dos o tres corrillos de juegos de mus, o malilla, tumbados los jugadores sobre el tupido césped de la verde braña, y... pare usted de contar.
El día primero de Agosto, San Pedrucu, o San Pedro de las peras, que de ambos modos se llama, se celebró en Pesués, con misa solemne, y sermón por el señor ecónomo de Abanillas, D. Nemesio Trueba, que agradó mucho, y por la tarde la romería valió poco porque, como en años anteriores, se formaron dos bandos, o grupos uno en el Puente y otro en la Portilla de Villanueva y no llamaba la atención ninguno de ellos a pesar de los esfuerzos que para ello hizo mi amigo Marcelino González.
El día cinco las Nieves, en este pueblo de Gandarilla, estuvo muy animada por todos conceptos. Hubo misa de tres en ringla, que celebró el querido señor cura de la parroquia D. Joaquín Echevarría, asistido por el de Serdio y Abanillas, y un gran sermón por don Daniel Palomera, afamado orador, y párroco de Santander, estando el coro a cargo de las Hijas de María, que cantaron la misa con ese gusto y afinación a que nos tienen acostumbrados.
Este día tuve el gusto y honor, de tener en mi casa y compañía, al futuro cronista de la provincia, e ilustrado sacerdote, párroco de Caviedes, D. Mateo Escagedo y Salmón, bien conocido de los lectores de La Montaña por sus trabajos históricos publicados en esa ilustrada revista.
Como en este pueblo también hay casas con escudo, y pergaminos viejos, su viaje, aparte de la romería, le resultó útil por los datos que recogió. Vino acompañado del señor párroco de Labarces, D. Fausto Lanza.
A lo mejor de la romería, y cuando mayor era la animación y bullicio en el famoso Cagigón, empezó a llover tan copiosamente, que todo se deshizo como por encanto, pero si tenemos que lamentar este percance inesperado, que deslució la fiesta de la patrona, en cambio fue muy beneficiosa para las panojas que ya empezaban a arrugar el hocico, y por este lado me parece que hemos salido ganando puesto que ahora se presenta buena cosecha de maíz. La de hierba ha sido muy escasa, pero... volvamos a la romería.
El conocido indiano de este pueblo, D. Cándido García, obsequió, la tarde de las Nieves, con espléndido lunch a varios amigos, entre los cuales recuerdo haber visto, a los señores curas D. Joaquín Echevarría, D. Isidro Mardones y D. Nemesio Trueba, y los seglares D. Victoriano Toyos, de Portillo; D. Enrique González de San Vicente de la Barquera; D. Laureano Barcena y D. Cecilio Rubín, de Serdio; D. Modesto Sánchez, de Bielva, D. Facundo Fernández y otros de este pueblo. La verdadera romería, con gaita y tambor, bailes y juego de bolos se celebró al día siguiente, puesto que lució un sol espléndido, y hubo casi tanta concurrencia como en el anterior.
El diez, San Lorenzo, en Luey, también con misa cantada que celebró D. Nemesio Trueba por ser ya anciano el querido párroco y arcipreste de allí, D. Buenaventura Ogueta, y sermón, muy notable por cierto, por el señor cura de Helgueras, D. Maximiano Anadón.
Por la tarde, como todas las romerías montañesas, juego de bolos, baile, de gaita y tambor, y animación y alegría propia de la gente joven.
El día doce, Santa Clara, en Pechón, con misa de tres que celebró el señor regente de allí, D. Miguel Ortiz Velarde, pariente del héroe del dos de Mayo, y sermón a cargo del señor cura de Gandarilla, D. Joaquín Echevarría, que estuvo bastante feliz y acertado en su corta peroración.
Por la tarde y noche, baile y más baile, juego de bolos, etc., etc., etc., porque todas las romerías resultan lo mismo.
El quince La Asunción, o Nuestra señora, como dicen por aquí en Labarces y Abanillas, yo fui a este último pueblo, porque a los dos... imposible.
En el primero, o sea en Labarces, según referencia estuvo todo muy bien y bastante animado, y en Abanillas celebró la misa mayor, o solemne, el querido ecónomo de la parroquia D. Nemesio Trueba, asistido por el de Serdio y Gandarilla, ocupando la sagrada cátedra el ilustrado regente de Pesués y Pechón, D. Miguel Ortiz Velarde.
Este señor agradó mucho en el sermón, como también varios jóvenes de Bielva y Camijanes que cantaron la misa llamada de Angelis.
La romería, como todas, muy animadas por la juventud de los pueblos inmediatos, y la música a cargo del gaitero de Merodio.
San Roque, en el Barcenal, y en Prellezo, el día diez y seis, también estuvieron muy animadas y concurridas; y... me parece que ya está bueno el capítulo de romerías en esta larga crónica.
No sé si esta correspondencia podrá llegar a Santander a tiempo para coger el correo del día 19 porque llevamos ya cuatro días sin circular los trenes, sin periódicos y sin comunicación con la capital de la provincia a causa de la huelga ferroviaria y minera que todo lo ha trastornado.
Hoy es el día que aquí no se sabe lo que ha ocurrido y está ocurriendo en España.
J. Gutiérrez de Gandarilla.
Agosto 18 de 1917".
1901 - FIESTA DE "LA BARQUERA " (Relato de la fiesta, religiosa y profana, por J. Gutiérrez de Gandarilla)
El 12 de septiembre de 1901, se publicó en "La
Atalaya", el siguiente relato de D. Juan Gutiérrez de Gandarilla, que vino, como invitado, a participar de la fiesta de La Barquera y nos relata sus vivencias de una forma muy peculiar e interesante. (Recordemos que era el año 1901... ¡Hace ya 121 años!, y desde entonces la vida y las costumbres han dado un cambio muy importante)
"De San Vicente de la Barquera
Señor Director de LA ATALAYA.
Muy señor mío y amigo: Aun
suponiendo que haya Vd. visitado alguna vez el hermoso santuario dé la Virgen
de la Barquera, situado en lo más pintoresco de esta villa, no puedo resistir á
la tentación de esbozarlo someramente y dedicarle cuatro plumadas á fin de que,
aquellos que no lo conozcan, se formen una pequeña idea de lo que es aquel
incomparable lugar, antes de entrar en detalles referentes á la romería
celebrada allí el día 8 del actual.
Infinidad de lanchas,
«barquías» y botes, atestados de romeros, cruzaban sin parar desde el muelle á
la Barquera, mientras que el paseo era un continuo ir y venir de forasteros, y
«señorío» dé la villa, presentando un aspecto encantador.
No sin grandes esfuerzos
pude penetrar en la capilla, merced á galante invitación que para ello me había
dado el popular alcalde don Celestino Blanco, empezando, acto seguido, los
divinos oficios. Celebró el santo sacrificio el muy querido párroco de la
villa, don Cesar de Haro, asistido por el ilustrado ecónomo D. Policarpo San
Juan, y el virtuoso sacerdote de Liébana don Eduardo Barreda, estando el sermón
á cargo del R. P. Manuel Lacalle, de la Orden de Predicadores, y el coro al de
don Benjamín García de la Hoz, don Vidal Valle, don Arturo M. Cuevas, don
Baldomero Matamoro y varios niños.
En cuanto á la oración
sagrada que predicó el R. P. Lacalle, no puedo menos que decir que me pareció
una de las mejores que hé oído en mi vida, y cuidado que he escuchado á muy
buenos oradores, en mi larga peregrinación por el mundo, y que si fuera á
entrar en detalles referentes á las facultades del orador, y al asunto por él
magistralmente desarrollado, necesitaría todo este número de LA ATALAYA para
dar una sucinta pálida idea de lo que en si fué el notable sermón. Del coro
nada tengo que decir, formado por lo principalito y más sobresaliente de la
villa: resultó como obra de verdaderos maestros y profesores en el arte. Al
final de la misa fueron todos muy felicitados, particularmente don Policarpo
San Juan, que tiene una potente y bien timbrada voz de tenor, según nos
demostró aquel día en varias ocasiones, y diferentes «partituras».
A tan solemne acto asistió
una numerosa representación del Ayuntamiento, compuesta por el alcalde don
Celestino Blanco, primer teniente don Fidel Noriega, sindico don Tomás Noriega
y varios concejales, entre ellos don Laureano Blanco, don Basilio Escandón
Laverde, don José Noriega y otros cuyos nombres siento no recordar. También
asistió el dignísimo secretario del mismo don Manuel Díaz del Cotero.
Una vez terminados los
Oficios Divinos, precedidos por una «charanga» con visos de «banda» que había
contratado el Ayuntamiento, nos trasladamos por tierra á la villa, seguidos de
numeroso acompañamiento, mientras por mar lo hacían, en su mayor parte, los
aldeanos ó « terrestres», como dicen los marineros, que esperan este día con
verdadera ansiedad para dar un paseo por la bahía.
Por la tarde, á las
cuatro, después de haber sido todos atentamente obsequiados en su casa con
café, copas y tabacos por el querido párroco don César de Haro, volvimos
nuevamente á la capilla de la Barquera, donde se rezó el Santo Rosario, con
plática, por el P. Lacalle, que no desmereció en nada del sermón de la mañana,
y novena y salve cantadas por las distinguidas señoritas Gloria Carranceja,
Julia y Telesfora Hoyos, Emilia y María Hoyos Pastor, Hilaria Escandón Laverde
y Sara Hoyos.
Excusado nos parece decir
que con sus angelicales voces, unidas á las de los individuos que formaban el coro
en la misa, estas bellas señoritas nos proporcionaron un rato de gratas
emociones, probándonos al mismo tiempo que son dignas hijas de un pueblo
católico y fervientes devotas de la Virgen de la Barquera.
Terminado el santo rosario
y demás prácticas religiosas, nos trasladamos desde la capilla á la suntuosa
casa del señor alcalde, don Celestino Blanco, donde fuimos obsequiados con
cervezas, dulces, pastas y licores, tanto los individuos que forman el
Ayuntamiento, cuanto el P. dominico, el clero de la villa y numerosos amigos
particulares del popular alcalde.
Allí se deslizó el tiempo
insensiblemente, en medio de los mil agasajos que nos prodigaba dicho señor,
hasta que cada cual se dirigió al punto que más le agradó, entre los muchos por
demás pintorescos que cuenta la villa. Yo fui, con varios amigos al «Gombé»,
donde se hacia la romería, ó sea la fiesta profana, que «profana» resultó en
verdad, puesto que allí se profanaba el decoro, la razón, la decencia y las
venerandas costumbres de nuestros mayores. Refiérome al baile «pilamontonado»
que allí se bailaba, según gráficamente y con muy buen acuerdo le llamó una
señorita que me acompañaba.
Ni aquello eran «walses»,
«polkas», «habaneras», «schotis» y demás caterva de nombres extranjeros,
«ejusden fúrpuris», con que se designan estos «pasatiempos», ni cosa parecida,
sino un «totum revolutum» donde cada cual podía hacer todo lo que le diese la
gana sin cuidarse de los demás.
Ya que no fuera
suprimirlos de raíz, como cosa extraña á nosotros, las autoridades de nuestras
villas y pueblos no debían permitir el bailar esta clase de bailes,
públicamente y en la forma en que se hace por aquí, siquiera por lo que de
nuestra cultura y adelanto puedan decir los forasteros que en esta época nos
visitan.
Afortunadamente, la tarde
a que me refiero, varias mozas aldeanas que. mirando por su pudor y decoro, no
querían «pilamontonarse» como las otras desgraciadas, «sacaron» las clásicas
panderetas y se pusieron á bailar el baile popular de la Montaña, con gran
contentamiento de muchos que estábamos presenciando «aquello otro». Excuso
decir que el baile popular «mató» al baile «fino» como algunas le llaman, y que
excepto cuatro tontos y otras tantas tontas, quo hacían el papel de «ídem»
bailando frente á la «charanga», todo lo demás de el «gombé» estaba ocupado por
el baile «nuestro», la jota montañesa, resultando, con tal motivo muy animada
la romería.
Por la noche hubo gran
velada, con iluminación eléctrica y á la veneciana, fuegos artificiales,
bengalas, globos y cohetes, estando el paseo muy concurrido.
Allí tuve el gusto de ver
y pasear acompañado de las señoritas Marcelina y María Díaz del Cotero; Santa,
Filomena y Laura Noriega; Dominica Gutiérrez Corral y de otras que sería
prolijo enumerar.
Como mis habituales ocupaciones
no me permitían quedarme en la histórica villa de San Vicente de la Barquera á
pesar de haberme invitado para ello varios amigos á las dos próximamente de la
mañana, acompañado de mi pariente don Angel Gutiérrez Corral «Angelucu» según
todos le llamamos, vine á este pueblo, dando una caballada por entre riscos y
peñas, y después al correr dé la pluma trazo estas líneas para no perder «la
costumbre» de escribir y decir algo de la romería de la Barquera que es la
mejor que se hace en estos contornos.
Sin otro particular por hoy, quedo suyo afectísimo amigo y S. S. Q. B. S. M.,
J. GUTIERREZ DE
GANDARILLA.
Septiembre 10 de 1901"
1901 - UNA EXCURSIÓN A "LLENO"
Artículo publicado en "LA ATALAYA ", el día 20 de agosto de 1901, en la que el vecino, y corresponsal de este periódico, J. Gutiérrez de Gandarilla, relata una excursión a la sierra y pico de Lleno, lugar emblemático, al sur de San Vicente, y encima de Gandarilla, siendo el punto más alto del municipio.
(Este artículo se publica como homenaje a D. Juan Gutiérrez de Gandarilla, oriundo del pueblo de Gandarilla, autor de novelas y cuentos costumbristas, emigró a la Isla de Cuba en los últimos años del siglo XIX, colaborando en la revista "La Montaña", "El Pueblo cántabro" de la Habana y otras, así como en "La Atalaya" de Santander, regresando a su tierra, y llevando un cargo político en Val de San Vicente.)
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"Enclavada en los límites que forman los Ayuntamientos de Val de San Vicente, Herrerías, Valdáliga y San Vicente de la Barquera, siguiendo la orilla derecha del raudo Nansa y sirviendo como de dorado marco al hermoso cuadro que presenta este pueblo de Gandarilla, se halla la conocida montaña de Lleno (una de las famosas estribaciones de los tan celebrados Picos de Europa) de forma cónica, arenosa, que dá nombre á uno de los ríos que desembocan en el mar Cantábrico por la histórica villa de San Vicente de la Barquera, y como á unos mil metros sobre el nivel de dicho mar.
Grandes deseos tenía yo de subir á la cumbre de esta montaña y poder contemplar desde allí, á mi gusto, el extenso y variado panorama que la circunda, uno de los más hermosos, entre los muchos que á cada paso nos presenta la pródiga Naturaleza en esta querida tierruca.
Por fin, el día 8 del actual vi cumplidos mis deseos, merced á una excursión, con merienda y todo, que proyectamos hacer á dicho punto, algunos touristas de este pueblo. No siempre han de ser touristas los extranjeros en nuestra tierra; alguna vez lo hemos de ser nosotros, los nativos en ella.
Formaban «la expedición» la encantadora é ilustrada señorita Filomena Noriega, distinguida colegiala que, á su natural belleza une un exquisito gusto artístico y una modestia sin límite, y las no menos bellas y simpáticas señoritas Anacleta Sánchez y Dolores Blanco. También nos acompañó la señora de Pellar, doña Josefa Blanco.
Del que se ha dado en llamar, sin razón para ello, sexo fuerte, íbamos don Inocencio Gutiérrez de Gandarilla, don Tomás Noriega. don Raimundo Pérez Canal, don Leoncio Pellar, don Venancio Blanco y... un humilde servidor de ustedes.
Para que la excursión resultara más chic, se acordó que las señoritas subieran las cestas con la merienda, y los hombres las borrachas con el vino, cohetes, tabacos y demás impedimenta: siendo la hora señalada para la salida las ocho de la mañana, y el punto de subida la parte de montaña que da vista á Bielba, y la bajada por el lado contrario, ó sea por Labarces.
A esa hora, próximamente, y bajo los ardorosos rayos de un sol que parecía tropical, salimos todos de la magnífica casa de don Tomás Noriega. emprendiendo viaje por El escoboso, Praón, Cuesta de Cesura y Collado de Bielba. donde se hizo la primera parada y se requirieron las borrachas, para tomar un poco de ánimo, y poder continuar la marcha por entre aquellas escabrosidades.
Media hora duró el descanso, y á pecho por la pendiente de los Pigúesos llegamos al nacimiento del rio Lleno, haciendo alto, para tomar las once, sentados al pie de aquella fresca y cristalina fuente, pero antes de llegar á aquel hermoso sitio ¡cuánto yo me reí por el camino viendo á las pobres señoritas, fatigadas y sudorosas, encarnadas como la grana (á pesar de los quitasoles y sombrillas que llevábamos) ir tirando, cuesta arriba, de las cestas con la merienda, y dar cada resbalón y caída en brañas y vericuetos que más de una vez tuve compasión de ellas y les ayudé á subir su pesada carga, junto con la bota que á mi me había tocado llevar en suerte!
Nuevo descanso, y tras otro esfuerzo por fin llegamos á lo más alto de la montaña, á Peña Escajal, de cuyo punto se divisa el más hermoso panorama que puede soñar la calenturienta imaginación de un exaltado. A la simple vista se abarca un circuito de más de veinte leguas en derredor, «cuajado» de pueblecitos, pequeñas montañas, bosques y valles, que, heridos por los rayos del sol del mediodía, rielando en las puras aguas de sus mil arroyuelos, formaban caprichosas variantes de fulgidos colores, sobresaliendo, entre ellos, el verde oscuro de los árboles, el blanco de las casas y el violáceo de las nubes, «posadas» sobre las crestas de los montea y peñas.
Yo no alcanzo á comprender de otro modo más que por imposiciones de la maldita moda que haya un español que se gaste muchos miles de pesetas recorriendo todos los años Suiza, Alemania, los Alpes y otros puntos de Europa, y desconozca completamente lo que tenemos por acá, en esta privilegiada «tierruca», que si no es mejor, al menos es tan bueno como eso que tan caro les cuesta, y con la ventaja de ser «nuestro» y poderlo ver sin ocasionarles tan grandes gastos, que muchas veces les conducen á la ruina.
Desde lo alto del Lleno se ve, al Norte, el proceloso mar Cantábrico en toda su extensión de Cabo Mayor á Llanes; al Este, Peña Castillo, Peña Cabarga y otras cuantas inmediatas; al Sur, Peña Labra, montañas de Reinosa y Peña Sagra; al Oeste, los tan ponderados Picos de Europa, cuyas cimas se ven cubiertas de nieve perpetua.
Mucho tiempo estuvimos allí, extasiados, contemplando tanta belleza y sin acordarnos de la merienda, que, á la sombra de la Peña cuidaba la camarera. Yo aproveché aquel tiempo para anotar en mi cartera los nombres de los pueblos que se veían, y que yo conozco.
Segús mis notas, aparece en primer término Gandarilla, situado en la falda Norte de dicha montaña, Hortigal y San Vicente de la Barquera, cuyo histórico puente de la Maza y convento de San Francisco, se ve en toda su estensión, y se cuentan, perfectamente, desde aquellas alturas, y á pesar de la distancia, sus 28 arcos.
Siguen luego Santillán, Boria, Serdio, Estrada, Pesués, Unquera, Helguera, Prío, Molleda, Cabanzón, Casa María, Otero, Cades, Bielba, Lamasón, Peñarrubia, Labarces, minas de la Florida, Roiz, Treceño, Villanueva Caviedes, Vallines, Lamadrid, La Revilla, El Tejo, Ruiseñada, Seminario y villa de Comillas, Ruiloba, Colegio de Cóbreces, Ayuntamiento de Udías, San Vicente del Monte, Bustriguado y el Perujo. Pertenecientes á Asturias se ven: Colombres, Pimiango, San Yusté, Noriega, Vilde, Villanueva, Merodio, Abándames, Alebía y el palacio de Bores.
Si la vista no se cansaba de contemplar desde aquellas alturas tan hermoso y variado panorama, en cambio el estómago se quejaba ya de falta de alguna cosa más positiva después de la caminata de dos leguas largas, por riscos y peñascales.
Tendimos pues, los blancos manteles bajo la gran peña, en la sombra que proyectaban sus altos picachos, y previa una salva de dos docenas de cohetes y voladores, nos pusimos á merendar tumbados sobre la verde braña á la vista de este pueblo, y aspirando el suave perfume que exhalaba el campo alfombrado de aromáticas plantas.
Al final de la merienda el don Raimundo Pérez Canal (que es poeta, músico, cantante indiano, y maestro de escuela, todo en una pieza) se inspiró de tal modo que improvisaba versos lo mismo que el que echa huevos á freír, y mientras él recitaba alguna de sus inéditas composiciones, otros nos entretuvimos en confeccionar un pequeño ramillete de odoríficas flores silvestres que ofrecimos como recuerdo de aquel grato dia, y premio á su natural belleza, á la simpática señorita Filomena Noriega, al mismo tiempo que, por unanimidad se acordó coronar en el acto, con el simbólico laurel, cogido en las verdes matas que en Lleno existen, al eximio Raimundo P. Canal, como al primer vate del pueblo.
El poeta no se puedo quejar de la corona que le ofrecimos en las alturas del Parnaso (digo de la montaña de Lleno) formada de laurel y entretejida con tomillo, cantueso, orégano, regaliz, madreselva, claveles y amapolas silvestres, y hecha por las lindas manos de las bellas señoritas que nos acompañaban. Es decir, que allí se premió el mérito en el poeta Raimundo Pérez Canal, y la hermosura en la ilustrada señorita Filomena Noriega.
El resto de la tarde lo dedicamos á visitar las grandes cuevas y cavernas que existen en dicha montaña, encontrando en ellas muchas y variadas muestras de estalactitas y estalagmitas, algunos fósiles y maderas petrificadas, siendo verdaderamente notable que, en lo que se puede llamar corazón de la roca, formada hoy por piedra y tierra calar, se encuentren, adheridas á ella, infinidad de piedrecitas del mar, restos de crustáceos y otras materias que denotan haber llegado hasta allí en algún tiempo las aguas del Cantábrico.
De todo esto recogí varias muestras, como también de la blanca arena quo hay en los pequeños lagos que existen en lo más alto de la montaña, cuyas orillas se ven continuamente festoneadas por el berro y el peregil del pozo. No dudo que si se hicieran calas, ó excavaciones, en la montaña de Lleno se encontrarían cosas de gran mérito, pero... allí se estarán, como tantas otras de esta tierra, por muchos años, durmiendo el sueño del olvido.
A la puesta del sol dimos vista á Labarces, ya descendiendo de la montaña, y entonces el poeta (que por lo visto aquel día le venteaba la musa) nos endilgó estos versos, con música de su propiedad:
«Estamos en Pico Alto,
muy cerquita de Berambres,
contemplando á Rulosa
y el gran pueblo de Labarces.»
Algunos labradores de este último pueblo, que estaban á la yerba en unos prados inmediatos, aplaudieron al vate, y después de haber hecho allí otra descarga de cohetes y medias bombas, siguiendo la explanada de Cudaña, llegamos á este pueblo de Gandarilla, como suele decirse, entre dos luces, satisfechos de nuestra excursión á Lleno, puesto que en ella nos divertimos grandemente, á pesar de los resbalones, caídas y otras peripecias que nos ocurrieron y sería prolijo relatar.
Paseos como este debían repetirse en nuestra querida Montaña, y darles publicidad á fin de que los españoles se enterasen de lo mucho bueno que hay por aquí, y nos visitasen más á menudo que lo hacen. El que venga una vez siquiera, vuelve irremisiblemente, porque esto es superior á toda ponderación, y hay que verlo para formarse una idea de ello."
J. GUTIERREZ DE GANDARILLA.
Agosto 17 1901.
1901 - LAS NIEVES.
Las Nieves
"LA ATALAYA"
Publicado en "La Atalaya", el 12 de agosto de 1901
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"Sr. Director de La ATALAYA.
Muy señor mío y amigo: Después de haber escrito tanto para el público, sobre diferentes asuntos, sería en mí una ingratitud no decir siquiera cuatro palabras referentes á la solemnidad con que se celebró en este pueblo, el día 5 del actual, la festividad de su excelsa patrona la Virgen de las Nieves.
Empezaron los cultos religiosos con la procesión de la milagrosa imagen, alrededor del suntuoso templo, por el florido campo que lo circunda, llevada en hombros por cuatro distinguidos jóvenes del pueblo, y colocada sobre artística parihuela. Al frente de la procesión iban dos robustos mozos disparando cohetes y medias bombas, cual si con eso quisieran probar que todos estábamos dispuestos á defender los derechos de nuestra sacrosanta Religión.
Luego hubo misa cantada, ó de tres en ringla, con sermón, estando éste á cargo del ilustrado párroco de Serdio don Salvador de la Puente, el que con fácil palabra y gran unción evangélica, arrebató, en más de una ocasión, al numeroso auditorio que lo escuchaba entusiasmado. Adornó su discurso con bellas y adecuadas figuras prácticas y retóricas, y á mi pobre juicio, dicho sermón, puede pasar como un modelo dentro de la oratoria sagrada.
Celebró el Santo sacrificio de la misa el señor cura del pueblo don Isidro Gómez, asistido por el citado don Salvador de la Puente y por el dignísimo señor arcipreste y párroco de Luey, don Buenaventura Ozneta, de tan grata memoria en esta parroquia, que sirvió durante más de veinte años.
El coro estaba á cargo del muy querido maestro del pueblo don Raimundo Pérez Carral, acompañado por los célebres cantores don José Pérez Villa y don Isaac Noriega, todos hijos de este lugar.
Con tales elementos excuso decir que la misa cantada resultó de primera, ó como diríamos en argot periodístico, á toda orquesta.
Por la tarde se rezó el Santo Rosario, cantando una preciosa salve á nuestra patrona varias simpáticas jóvenes, que á su gracia y hermosura unen la acendrada fé heredada de nuestros mayores.
Durante estos cultos se vio la iglesia materialmente llena de fíeles, tanto del pueblo como forasteros, sirviéndonos esto de gran satisfacción á los verdaderos católicos, hoy que tanto se persigue por todas partes nuestra Religión, y particularmente á sus ministros. Felizmente para nosotros, aun no ha llegado á estas incomparables aldeas la hidrofobia antirreligiosa que invade á nuestra España, y quiera Dios que nunca llegue, para bien de todos, porque una vez perdida la fe y la esperanza por estos aldeanos, dado lo mísera que para ellos debe ser la vida, por el rudo y penoso trabajo á que se dedican, causa horror pensar al extremo que los conducirían las devastadoras doctrinas de estos tiempos.
A las tres, próximamente, empezó la romería, que es como si dijéramos el epilogo de la fiesta del patrono en estos pueblos. En el hermoso sitio del Cagigón, bajo corpulentos árboles y sobre el verde césped de extensa braña, se formó el baile genuino de la Montaña, la jota, inmediato al corro de bolos y no muy lejos de la taberna.
Puestos con dulces; mesas con refrescos y bebidas espirituosas; canastas con frutas; rosquilleras, barquilleros y demás caterva de vendedores ambulantes formaban, en unión del baile y del juego de bolos, el animado cuadro que presentaba la romería.
Allí tuve el gusto de saludar, entre otras muchas bellas forasteras á las encantadoras señoritas de San Vicente de la Barquera, Marcelina y María Diez del Cotero, hijas del notable juriscondulto y secretario de aquel Ayuntamiento don Miguel Díaz del Cotero y á la discreta Laura Noriega, á las cuales acompañaba la distinguida señorita de este pueblo, Filomena Noriega.
También recuerdo haber visto en la romería á la simpática señorita de Portillo, Yabelina Vada, de San Vicente. Juliana Gutiérrez, y de Bielba, Demetria y Paula G. de la Torre.
Mucho y honestamente se divirtió la gente joven celebrando la fiesta de la patrona del pueblo, y los viejos como yo, también nos divertimos viéndolos gozar á ellos, y recordando los tiempos felices en que tomábamos parte activa en tales fiestas que aminoran en algo los mil sinsabores de que está lleno el camino de la vida en este valle de lágrimas.
Sin otro particular por hoy, quedo suyo afectísimo amigo y S. S. Q. B. S. M.
J GUTIÉRREZ DE GANDARILLA.
Agosto 7 de 1901."




