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1928 - EL PUERTO DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA

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El puerto de San Vicente de la Barquera y, concretamente, su entrada en la barra, ha sido fuente de reivindicaciones y exigencias que, los marineros, Cofradía y vecinos hicieron a lo largo y ancho de los últimos años del siglo XIX y primera mitad del pasado siglo XX. El 30 de junio de 1928, en la Revista “España Marítima”, se publicó el siguiente trabajo sobre nuestro puerto: 

“EL PUERTO DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA 

NOTAS HISTÓRICAS

El puerto de San Vicente de la Barquera, capital del Distrito marítimo, Habilitado de Aduana, con comercio de exportación, importación, cabotaje y altura, está situado en el extremo más occidental de la provincia de Santander. 

La estación del ferrocarril dista un kilómetro de la población, que es cabecera de Partido Judicial, y cuenta con Sindicato Agrícola, Pósito de Pescadores, Telégrafo, Teléfono automático. Banco, dos compañías de energía eléctrica, canalización de agua. Balneario y fábricas de conservas y salazón. 

Es un magnífico puerto natural de refugio, de un kilómetro cuadrado de superficie completamente aprovechable y limitada por los puentes Nuevo y de la Maza, este último de treinta y dos ojos y cuatrocientos ochenta metros de longitud. 

En los siglos XIII y XV era el único puerto de esta parte de la provincia habilitado para la exportación e importación y se dedicaba exclusivamente a la construcción de naves y al comercio con Levante. Su importancia marítima fue grande. En él se cargaban las ricas maderas de esta comarca, muchas de ellas eran almacenadas en nuestros arsenales y se emplearon en la construcción de unidades de nuestra antigua marina de guerra. Hasta hace menos de un siglo eran tan importantes estos cargamentos, que se estableció en él, durante muchos años, una comisión de Marina, para el recibo, clasificación, fletamento y abono. 

Con sus navíos, fueron los habitantes de San Vicente de la Barquera, en el siglo XIII, a la toma de Sevilla, por lo cual figura en su escudo un navío a toda vela rompiendo una cadena, en recuerdo de la rotura del puente de barcas sujetas con cadenas que había en el Guadalquivir. En aquellos tiempos se dice llegó a tener más de 7.000 vecinos. 

Su decadencia data desde que se fundó el pueblo de Comillas al otro lado del Cabo Oyambre, en el año 1483, con parte de su vecindario y unida es la disminución de población con la del tráfico, originada por efectuarse entonces la comunicación de Asturias con Castilla por Santander, dio lugar a que se resintiera la vida comercial del puerto. 

Más adelante, al empezar a emplearse en las construcciones navales el hierro y el acero, flaqueó hasta llegar a ser nulo su comercio de maderas. 

Al inaugurarse hace pocos años el paso del Ferrocarril del Cantábrico por sus cercanías, sufrió el puerto otro tremendo golpe, pues el ferrocarril se llevó todo el comercio de cabotaje y la Real Compañía Asturiana dejó de embarcar mineral en el cargadero que en él tenía, llevándole por tren al de La Requejada. 

Sólo quedaban ya al puerto sus riquezas naturales, consistentes en magnífica pesca y bancos de ostras, y mariscos aguas arriba de los puentes, pero al concederse para dedicarlas a la agricultura (como si la comarca estuviese falta de tierras de pasto y labor) dos grandes superficies de marismas y cerrarse con muros, se perdieron los magníficos bancos, los criaderos naturales y terrenos sumergidos que servían de pasto a los peces, disminuyéndose grandemente la velocidad de las corrientes, empezaron los cegamientos de los canales, de las rías y la acumulación de arenas en la barra. 

DESCRIPCIÓN DEL PUERTO 

El puerto está abierto al Norte y dotado naturalmente de dos bocas con barras, separadas una dé la otra por las peñas Mayor y Menor. Entrando hacia el Oeste está el canal principal, que, pasando por el muelle y fondeadero de La Barquera, conduce al muelle de la Villa y atravesando el Puente Nuevo forma la llamada ría del Peral, que se interna aguas arriba cinco kilómetros (ahora por impedírselo el muro de la marisma sólo es navegable 600 metros). El otro canal conduce, pasando por el puente de la Maza, desde donde se llama ría de Villegas o del Barcenal, al barrio de este nombre, remontándose ocho kilómetros navegables. 

Es fácil formarse idea de la gran importancia de este magnífico puerto natural, fijándose en su especial situación de hallarse colocado entre los de Gijón y Santander, que distan entre sí 83 y 30 millas respectivamente. Es el único abordable con el mal tiempo, en el citado trozo de costa, y seguro y capaz para resguardarse en él cientos de barcos de pesca. Mayor importancia que la de refugio se le ha reconocido, cuando sin influencia de ninguna clase, pues bien se comprende por la verídica historia que de él narramos, que siempre estuvo y continúa huérfano de protectores, se le declaró de interés general, por Real Orden de 4 de Agosto de 1926, por reunir los requisitos necesarios para ello y las obras que en él se efectúen, y su conservación son fáciles y quedan bien resguardadas. 

Actualmente el puerto se encuentra cegado de arena y fango, la boca de la barra Oeste, a medio cerrar por un muro, la del Este cubierta de arenas, el raquítico muelle sin alumbrar, siquiera durante la noche, las embarcaciones varadas sobre la arena y su peligrosa salida para la pesca supeditadas al momento en que floten y tengan agua suficiente en el canal y en la barra. Este triste espectáculo, y más triste aún el del regreso de las embarcaciones con mal tiempo, hace veinticinco años que viene ocurriendo diariamente sin que nadie lo remedie. 

Los pescadores, únicos interesados y paganos actualmente de este estado de cosas, fueron además, siempre juguete de la política que con sugestivas promesas de arreglarles la barra y el puerto, les arrancaba los votos, dejándolos luego en la estacada. 

PROYECTOS Y DESILUSIONES 

Se dice, que, no por gestiones de Diputados, ni por iniciativa oficial, sino por influencia de un contratista, hace unos catorce años, consiguió se hiciera el expediente y se le adjudicaran las obras para cerrar la barra del Oeste, sin preocuparse del cegamiento de la del Este. No fue esta solución del agrado de pescadores y marinos que se conformaban con una obra más práctica, sencilla y económica, que consistía en que se dragara el canal, y se diese un poco más de calado a la barra del Oeste. 

Esta barra, que, como decíamos, hace catorce años que empezó a cerrarse, mide una longitud de doscientos metros y hasta la fecha sólo se han cerrado cincuenta. Las personas que entienden algo de estas cuestiones marítimas, no podrán concebir que en obra de tan poca importancia y extensión, que tiene además cimiento natural de roca, y abundante cantera al pie de la obra, en la Punta del Castillo, pueda invertirse ese lapso de tiempo, ni haciéndolo a propósito, y de continuarse así, es fácil deducir, matemáticamente, que su duración será de cuarenta y dos años más. 

Pero lo grave del caso, es que esos trabajos no resuelven ya el problema, pues cada día es más necesario dragar la barra del Este, el canal principal y el puerto, y dotarlo de alumbrado y demás servicios necesarios para ponerlo a la altura de las necesidades actuales. Además, las obras son ya ineludibles; lo demandan las vidas de los pescadores y la seguridad de sus embarcaciones, que no pueden continuar así indefinidamente, no debiendo olvidarse que se viene pidiendo hace veinticinco años, y el día de mañana, cuando ocurra alguna desgracia, no cabrá alegar ignorancia.

Es frecuente y vergonzoso que en el verano, sobre todo, durante la pesquera del bonito, se vean obligados a quedarse en la mar, sin poder tomar el puerto, más de cien vapores de Guipúzcoa y Vizcaya, por no atreverse a entrar por la barra, escarmentados de las pérdidas de hélices y timones que suelen tener todos los años y el peligro que corren sus vidas. 

Los pescadores del puerto, más duchos, como es natural, en entrar y salir de él, tienen también a veces que demorar su entrada hasta tener agua, pues en sitios que había antes 3 y 4 metros de profundidad sólo queda ahora un decímetro. 

Hace unos quince años, el vapor «DURO» de la Compañía A. López de Haro, de la matrícula de Gijón y de mil toneladas de carga, navegaba, arrollado por un temporal, por aquella costa, y siéndole imposible abrirse de ella, se decidió a tomar el puerto de refugio de San Vicente de la Barquera (no hay otro, como hemos dicho, entre Gijón y Santander), y no sólo pasó la barra y el canal perfectamente, sino que reviró, a pesar de su eslora de 70 metros, y quedó amarrado en él, hasta que pasó el temporal, librándose de una pérdida segura, pues de no haber tenido en su derrota este verdadero puerto de refugio, aún abordable en aquella época, se hubiera estrellado en la costa aquella noche, aconchado por la mar, que no le permitía alejarse de ella. ¡Desgraciado del buque, no ya de mil toneladas, sino de ciento, que intentase tonar hoy el puerto como lo hizo el vapor «DURO»! El refugio del puerto cada día es más irrisorio, debido a su abandono. 

EL POSITO PIDE EL ARREGLO DEL PUERTO. 

En Noviembre último, el Pósito de Pescadores pidió una vez más el arreglo del puerto, exponiendo su actual y lamentable estado, así como la paralización de las obras de la barra y pidiendo con urgencia solamente aquellas inaplazables, por afectar a la seguridad de sus vidas; pues bien: hace seis meses que el expediente se halla, como otros tantos, durmiendo en alguna oficina, sin que nada lo resuelva. 

La triste odisea de este puerto no para aquí, sino que en lugar de atenderse a las demandas de sus necesidades, mejorándose su situación actual se le mermen las ventajas recientemente concedidas, pues por Real Orden de 24 de Febrero, se le rebaja de puerto de interés general a puerto de refugio, sin duda para darle la primera categoría a otros puertos.

No nos explicamos las razones para que las playas abiertas se declaren puertos de interés general, pero menos que se declare también a ERMIGNA, playa, rada o puerto que no he podido encontrar en ninguna Geografía, Diccionario Marítimo, Enciclopedia ni Derrotero, pero que figura como tal en la página 1.226 de la Gaceta de Madrid, número 56, del 25 de Febrero de 1928, como puede verse. Esto es probablemente un error que hay que rectificar poniendo en vez de ERMIGNA, SAN VICENTE DE LA BARQUERA, pues entre los puertos de segundo orden no creo exista otro que por sus ventajas aquí expuestas tenga mayor derecho a esa clasificación y que se dé a sus obras el impulso que necesitan y que es hora ya de que se empiecen unas y se terminen las de la barra. 

De la expresada relación de puertos de interés general, publicada en la Gaceta, conviene hacer notar la profusión de ellos concedidos a algunas provincias marítimas, en relación con la extensión de costa que ocupan, así como de la importancia de alguno de ellos. 

La de Asturias mide 120 millas aproximadamente y tiene cuatro puertos de dicha categoría, que son: Gijón-Musel, Aviles, San Esteban de Pravia, Luarca Y Navia, entre estos dos últimos hay 7 millas, y entre Luarca y San Esteban 15 millas. 

La provincia marítima de La Coruña tiene 95 millas de extensión y cuenta con cuatro de estos puertos: La Coruña, Ferrol, Cariño y Puebla del Caramiñal. 

Guipúzcoa tiene 25 millas de extensión y dos puertos: Pasajes y San Sebastián. 

Palma de Mallorca, 140 millas de extensión y cuatro puertos: Palma, Andrait, Soller y Alcudia.

Santander, 70 millas de extensión y el solo puerto de Santander, y como dista de Gijón 83 millas, es toda esta extensión de costa la que queda cerrada a los buques de todas clases y abandonados, por consiguiente, a su suerte en los temporales, mientras San Vicente de la Barquera no se ponga en las condiciones debidas de poderse tomar fácilmente, dragando su barra del Este, el canal y el puerto. 

El Pósito de Pescadores es también merecedor de ello, pues los socios que lo constituyen llevan luchando para conseguirlo más de treinta y cinco años, y a pesar de las dificultades y peligros que cada día son mayores, para el ejercicio de su industria, han aumentado, sin embargo, su flota, que entre vapores, traineras, de motor y barquillas de motor, para la pesca de la langosta, suma un número bastante importante, que anualmente extraen del mar pesca por valor de más de un millón de pesetas, única riqueza e industria de la Villa. 

Como esta situación debe haber llegado a conocimiento del Gobierno por medio de sus Juntas Ciudadanas, es de esperar que el Ministro de Fomento, no tarde en disponer lo conveniente para que resplandezca la justicia y el bienestar de los pescadores y vecinos de San Vicente de la Barquera, que le quedarán eternamente agradecidos.

1927 - ACCIDENTE EN OBRAS DE LA BARRA

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El dieciséis de agosto de 1927, en el diario "El Cantábrico", se publicó la siguiente noticia, correspondiente a un accidente en las obras de la barra y el fallecimiento de un vecino de Hortigal. La noticia es la siguiente:

 

"San Vicente de la Barquera, 

UN HOMBRE AHOGADO 

Un accidente del trabajo ha costado la vida de un hombre. Hacia las tres de la tarde de hoy comenzaron á correr rumores de que algo anormal había ocurrido en las obras de la barra. 

Se hablaba primero de una mujer ahogada. Poco después era un hombre la presunta víctima, para al final concretarse en un pobre obrero de los que se emplea en aquellas obras. Al mismo tiempo que se daba el nombre de la víctima, Manuel Camino, vecino del Hortigal, se conocían detalles del accidente, que, según una de las muchas versiones circulantes, la que nos parece más verosímil fué como sigue: 

Sobre las dos y media de la tarde, y poco después de haber comenzado el trabajo, hallábanse varias obreros ocupados en echar bloques de hormigón, por medio de una grúa, en lo que han de constituir los cimientos del malecón que cierra la barra del Oeste. En el momento de depositar uno de los bloques, un golpe de mar inesperado y más alto que los otros suspendió el bloque y lo elevó á tres metros de altura. Al pasar la ola y caer el bloque con sus tres toneladas de peso, la recalcada de toda la grúa debió de ser tremenda, pues se salió toda ella del pivote sobre el cual gira; simultáneamente se desvió la pluma y barrió á los tres hombres que estaban al cuidado de la maniobra, arrojándoles al mar. Uno de ellos, Florentino Cuesta, tuvo la suerte de quedar aferrado al muro en construcción, sufriendo sólo ligeras contusiones en el pecho, piernas y brazos; otro, Ángel Bengochea, cayó al agua, pero buen nadador y la poca profundidad de la misma en el sitio en que cayera, lo libraron de mayor contratiempo; finalmente, Manuel Camino, que no sabía nadar, fué arrollado por la corriente, desapareciendo de la superficie ante los ojos de sus aterrados compañeros. 

En medio del mayor azaramiento de todos, se organizó el salvamento, sin resultado, pues barrido por la corriente, fué encontrado unos veinte minutos más tarde, en el sitio llamado el Excubil, por los marineros Fernando Celis y Julián Díaz Lan, quienes lo sacaron á tierra, ayudados de un señor, cuyo nombre sentimos no haber podido averiguar, y que, resultando ser médico, prestó á la víctima los cuidados científicos propios del caso, que resultaron ineficaces. 

Deja el desgraciado obrero en el mayor desamparo cuatro hijos de corta edad, y á la viuda en vísperas de ser madre. 

La grúa causante del accidento se salió, como decimos, del pivote sobre el que gira, y á la recalcada rompió uno de los vientos que la sujeta. La hemos examinado, cuando los peritos lo hacían por orden del Juzgado, y hemos sacado la sensación de que el accidente no ha sido debido a defectos de dicha grúa ni muchísimo menos. Hemos hablado un momento con el contratista de las obras, don Jerónimo Cagigas, quien, todo consternado, nos ha manifestado que la grúa en cuestión está calculada para más de seis toneladas, y que, sin embargo, con ella no echa más que bloques de un metro cúbico de hormigón, que vendrán á tener poco más de tres toneladas. 

En el momento en que, de prisa y corriendo,  redactamos estas notas, queda el Juzgado constituido por el juez municipal en funciones de Instrucción, don Aurelio Ceballos; el secretario don Jesús Avecilla y el alguacil don Manuel Balbín. en el lugar del suceso, tomando declaración á los testigos presenciales del hecho. 

EL CORRESPONSAL 

15 de agosto de 1927."


1900 - NAUFRAGIO Y TRAGEDIA EN "EL SABLE DE MERÓN"

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 Un naufragio es una tragedia del mar y los marineros, y seguro de que todos recordamos algún relato, sobre el particular, desgranado por nuestros mayores, en las largas tardes y noches de invierno, al calor de la lumbre. 

Hoy os dejo un artículo, del diecinueve de febrero de 1900, en el que F. de Q. corresponsal de "La Atalaya" en San Vicente, hace un relato pormenorizado de lo sucedido, dos días antes, con cinco embarcaciones, en la entrada del puerto y playa del "Sable de Merón":

"En San Vicente de la Barquera 

Nuestro querido amigo y distinguido corresponsal en San Vicente de la Barquera don F. de Q. nos remite, según prometía ayer en el telegrama que ya conocen nuestros lectores, el interesante y triste relato siguiente, que da idea exacta de la magnitud de la desgracia que nuevamente viene a cubrir de luto muchos hogares y muchas almas aún no repuesta de la tremenda emoción sufrida por la tragedia hace poco desarrollada en aquella costa: 

«A las cuatro de la madrugada de anteayer salieron de este puerto, para dedicarse a la pesca del besugo, dos lanchas patroneadas por Domingo Cortavitarte y Cándido Isusquiza y dos barquías patroneadas por José María Santiáñez y Dionisio González. 

Las cuatro embarcaciones, con otra lancha más que encontraron en su derrota, se dirigieron a la playa de La Marona, distante unas veinte millas del puerto, y ya venían en demanda de él, después de haber hacho buen acopio de besugo, cuando fueron sorprendidas por lo que aquí llama la gente de mar una punta en tierra y en ese puerto virazón y galerna, según los casos. 

La mañana fué espléndida hasta eso de las diez, hora en que empezó a soplar el viento Sur con bastante violencia, y pocos momentos antes de las doce ya el cariz había cambiado por completo. Estaba imponente. Densos girones de negras nubes cruzaban el espacio impelidos por el Noroeste que soplaba con toda la furia del huracán, y el agua y el granizo y la niebla, que a ratos cerraba el horizonte, hacían más fatídico el cuadro. 

¡Qué día más triste para el vecindario de esta villa! ¡Cuánta desolación y cuánto luto! 

De las cinco embarcaciones que luchaban denodadamente contra el empuje de los elementos frente a la boca del puerto, ninguna pudo tomarle y todas fueron a dar al Sable Merón, que así se llama la playa que hay a la entrada, como las Quebrantas en esa. La primera que embarrancó fué la patroneada por Cándido Isusquiza, que salvó toda la tripulación, y la segunda la de Comillas, cuyos tripulantes se salvaron todos también. Poro mientras esto ocurría en la orilla, un poco más allá, entre oleadas inmensas y rugientes espumas desaparecían las dos que patroneaban José María Santiáñez y Dionisio González. A los pocos momentos varó la mandada por Domingo Cortavitarte, que corrió la misma suerte de las dos primeras, consiguiendo salvarse todos. 

De la embarcación da José María, tripulada por 14 hombres, no consiguieron salvarse más que dos: el mismo patrón y el pinche, a quien conocemos aquí por Paco el de Virginia Los doce restantes perecieron, y hé aquí sus nombres: 

Arturo Sánchez, José Marcos, Manuel Fernández, Francisco San Nicolás, Julio Santiáñez, Ramón Bustamante, Marcelino Bustamante (hermano del anterior), José Fernández, Adrián González, Guillermo Gutiérrez, José San Juan, Enrique Bustamante. 

De los doce, ocho casados y con hijos. 

En la embarcación mandada por Dionisio González perecieron dos: José Noriega y Tomás Varela, ambos casados y con hijos. 

¡Descansen en la paz del Señor las almas de esos catorce infelices náufragos, de esos héroes del mar! 

En cuanto se dio cuenta el vecindario del riesgo que corrían las lanchas, fueron muchos al lugar del suceso, especialmente de las familias de los náufragos, desarrollándose con tal motivo escenas tristísimas, imposibles de describir. Desde los primeros momentos estuvieron también en la misma orilla, ayudando al salvamento, calados hasta los huesos, luchando sin tregua y ejercitando actos de verdadero arrojo, unos cuantos hombres valerosos y nobles, unos cuantos amigos míos, cuyos nombres no cito por natural temor de ofender su modestia. 

Se distinguieron también notabilísimamente el sargento de la guardia civil del puesto y tres guardias que con él fueron, así como unos pocos vecinos del barrio cercano a la playa, que estuvieron valientes hasta la temeridad. 

Ya diré sus nombres, que bien merecen ser conocidos, y que Dios los premie á todos por tanta buena obra como hicieron en aquellos terribles momentos. 

Las autoridades, excepción hecha del señor Alcalde, brillaron por su ausencia, aunque a última hora me dicen que a última hora fueron. Esto, como es natural, daba lugar a comentarios poco favorables para los interesados. 

Y con esto, ya que me niega fuerzas para más un decaimiento de ánimo terrible, producido por los sucesos referidos, hago punto á esta luctuosa crónica, á reserva de hablar otro día algo más, si Dios me da salud, de cosas que importan á esta villa. 

F. DE Q. 

San Vicente de la Barquera, febrero 18 de 1900".

1789 - ISLA DEL CALLO

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Del  libro: “DERROTERO DE LAS COSTAS DE ESPAÑA EN EL OCÉANO ATLÁNTICO Y DE LAS ISLAS AZORES Ó TERCERAS...”

Autor: Don Vicente Tofiño de San Miguel (Brigadier de la Real Armada). Edición de 1879.

A través de Internet, se puede leer la siguiente copia literal:

 

Cabo Oyhambre          

 Al N 67° O. distancia dos y un décimo millas de ]a punta occidental de Comillas está lo mas E. de Cabo Oyhambre, y entre estos puntos se forma la ensenada de Rabia, donde desemboca el rio de este nombre, de tan corta consideracion, que su Barra queda en seco en baxamar. El Cabo Oyhambre presenta al N. un fronton de una milla de terreno de mediana altura, escarpado, de color blanco, con baxos que salen un cable á la mar.

 


San Vicente de la Barquera.

 Al S 71° 3o' O. una milla y tres décimos de lo mas O. de Cabo Oyhambre está la Isla del Callo en la entrada del Puerto de San Vicente de la Barquera, formando la Costa en el intermedio la ensenada y playa de Salmeron. El Puerto de San Vicente de la Barquera solo es capaz de Bergantines y pequeñas embarcaciones que no calen mas de 12 pies: su Barra no es muy variable, pero lleva tan poca agua, que en baxamar de mareas vivas apenas queda cubierta. La Isla del Callo forma dos entradas al Puerto: la del E. de dicha Isla tiene medio cable de ancho; y la entrada del O. solo un tercio de cable, estrechándolas tanto los arrezifes al E. y las restingas de la Costa firme al O. En lo interior tambien es lo que llaman el Puerto de cortísima consideracion, pero no obstante se darán las marcas de sus entradas, aunque son confusas, por si pudieren ser de alguna utilidad en el caso de que no salgan Prácticos, porque la mar gruesa y el viento no permitan romper á las Lanchas. Solo en circunstancias absolutamente desesperadas podrá intentarse entrar en estos términos, porque careciendo de práctica es casi inevitable el perderse, y se debe contar con muy corto auxilio de parte de las Lanchas del Puerto.


 
Marcas para entrar en el Puerto de San Vicente de la Barquera.

 Para entrar por la Barra del O. se costeará á muy corta distancia la Isla del Callo, y estando tanto abante con su Punta SO. se gobernará  en vuelta de la casa que llaman de la Marca, que desde aquel punto demora como al S E. : es alta, y está en lo mas N E. del puente. Se seguirá así hasta descubrir la primera casa de la Poblacion de San Vicente, que entonces se debe gobernar hácia ella hasta tanto que se vea la medianía de la Poblacion, en cuyo punto se está ya revasado de todos riesgos, y debe atracarse la Costa del O. á un cumplido de buque, para dar fondo frente de la Ermita de nuestra Señora de la Barquera en tres y media brazas fango. La estrechez del parage precisa á amarrarse en quatro.


 Para entrar por la Barra del E. se costeará la Isla del Callo á muy corta distancia, y estando cerca de su Punta S O. regirán las marcas y advertencias que anteceden.”


1906 - LA BARRA VISTA POR UN VIAJERO.

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El 21 de abril de 1906 se publicó en "El Cantábrico" un artículo titulado "La barra de San Vicente" dentro de un reportaje de "Viajes por la provincia" de M. García Rueda. Dicho artículo dice así:



"VIAJES POR LA PROVINCIA
***********************

LA BARRA DE SAN VICENTE  

III


  "San Vicente de la Barquera es el único puerto intermedio entre Santander y Gijón que puede servir de arribada á los buques en el caso de un temporal. Pero, causas viejas y múltiples que no hemos de detenernos á examinar ahora, han hecho imposible que pueda servir, no sólo para los fines arriba indicados, pero ni aún para las diarias necesidades del pueblo marinero de San Vicente. 


Los bancos de arena iniciados entre el canal Este de la barra y la playa han sufrido considerable aumento con el cierre de las marismas de Rubín y de Pombo. En efecto, merced á ese cierre el volumen de agua á desalojar durante baja la marea es muy pequeño y casi nula, por tal causa, la corriente submarina que se establece en el canal de referencia. En tales condiciones, la sedimentación arenosa va formando una infranqueable barrera y un perpetuo peligro para las embarcaciones, á tal extremo, que en las grandes mareas, á la bajamar, las lanchas tienen que esperar fuera del puerto á que la marea suba para poder entrar. 

Ahora bien; el canal del Oeste sería el que resolviese de plano esta cuestión, dando facilidades á las embarcaciones; pero en ese canal existen unas rocas que impiden la navegación. La voladura de estas rocas es lo que, hoy por hoy, pide el pueblo de San Vicente de la Barquera. 

—Mire usted- me decía uno de los marineros que nos conducían—, por aquí podían entrar antes los barcos á la baja marea sin peligro alguno, y ahora ya ve usted. 

En efecto; yo veía el banco de arena perfectamente, que no se hallaría mucho más profundo que cuatro pies por bajo la quilla de nuestro bote. 

—El único peligro que aquí existe, en el caso de un naufragio— agregó el marinero—, es que caiga uno bajo la embarcación. De lo contrario, naufragando en plena barra, se llega con el agua á la cintura hasta la playa. 

— Vamos á ver— le dije á amigo—, explíqueme en pocas palabras la situación. 

—Pues mire usted, es ésta. La barra del Este del puerto se halla cegada por las arenas, y como en la del Oeste no se han volado las rocas que impiden el paso por ella, dándole más profundidad y más cauce á la corriente, resulta que el estuario está cegándose también de arena, rompiendo la mar dentro de la barra. 

Esto hace muy peligrosa la entrada y expone constantemente á una catástrofe, como ha sucedido ya varias veces, y últimamente el día 1.º de diciembre pasado, que dio vuelta una lancha sobre la barra, ahogándose un tripulante y salvándose los demás milagrosamente. 

Los pescadores están desesperados, y piensan abandonar su industria y dedicarse a cualquier cosa, pues cada vez que salen por la boca del puerto lo hacen con gran exposición de sus vidas.

Siendo éste un buen puerto intermedio de refugio entre Gijón y Santander, está en la actualidad inutilizado para los barcos, que en los malos tiempos no pueden acercarse á él por el mal estado de la barra, pues intentar hacerlo es exponerse á un naufragio seguro. 

—¿Y no han gestionado ustedes para que les arreglen la entrada? 

—Repetidas veces la autoridad de Marina ha solicitado el arreglo de la barra del Oeste, y los ingenieros de Obras del puerto han levantado plano y hecho presupuesto de dichas obras, pero hasta la fecha no se ha hecho nada. 

— Pues es cuestión de vida ó muerte para este pueblo el que eso se haga. ¿Asciende á mucho el presupuesto? 

—No, señor. La cantidad es pequeña, tanto que no se necesita formar un presupuesto especial para la ejecución de las obras  necesarias. sino que su cifra tiene cabida perfectamente en el presupuesto general... 

—Entonces... 

—Dicen que se hallan ahora muy ocupados en las obras del puerto de Castro Urdiales y en Santoña. 

— Pero esto es un crimen... 

—Y tan grande, que, dentro de poco tiempo, las familias que de las industrias del mar viven en este puerto tendrán que emigrar... 

Regresábamos hacia el puerto. Un marinero, metía de vez en cuando el remo en el agua para medir la profundidad. Esta oscilaba siempre entre cuatro y siete pies. Y al extender la vista sobro la bahía, un inmenso arenal se dibujaba en toda la extensión. 


*******

Tal es, á grandes rasgos, la situación en que se halla el puerto de San Vicente de la Barquera. Como habrán comprendido todos, es de urgente necesidad que tal estado de cosas desaparezca. No se puede condenar á un pueblo de esa manera, con esa pasividad estupenda, á perecer en un plazo determinado. No se piden gollerías. No se pide que draguen toda la bahía convirtiendo al puerto de San Vicente de la Barquera en lo que fue; no se quiere la construcción de grandes muelles, ni de obras que cuesten millones de pesetas. 

Se trata sencillamente de volar unas rocas que imposibilitan la entrada al puerto, que ponen en constante peligro la vida de esos infelices marineros que arrancan diariamente, de las entrañas del Océano, los miserables ochavos que le sirven para su sustento. 

Y la vida de un solo hombre vale más, mucho más, que ese puñado de pesetas que se solicita. 

Nosotros esperamos fundadamente que será atendida esta nuestra indicación que, por otra parte, estamos dispuestos á recordarla cuantas veces sea necesario y esperamos que sea atendida, no por ser nuestra, sino porque en ella está fielmente reflejada la aspiración de un pueblo que tiene perfecto derecho á la vida, y que de día en día se le va imposibilitando, por negligencias de unos, por abandono de otros y por olvidos injustificados de todos. 

Cuantos de cerca ó de lejos tienen relación con este asunto, es imposible que puedan permanecer inactivos ante la marcha acelerada con que se acerca la ruina de ese pintoresco pueblo que se llama San Vicente de la Barquera. 

M. García Rueda. 

Abril 17, 1906".