1906 - CARRETERA DE LA ESTACIÓN A SAN VICENTE
El dos de julio de 1906, se
publica en "El Cantábrico" una noticia sobre una apuesta por un
banquete entre el notario de la villa José Ocampo y, Silverio Pérez industrial,
acerca de la construcción y terminación de la carretera de la estación que éste
último estaba ejecutando como contratista. Dicho artículo dice lo siguiente:
"UN BANQUETE
En San Vicente de la Barquera
En
la acreditadísima fonda que nuestro buen amigo don Silverio Pérez posee en el
pintoresco pueblo de San Vicente de la Barquera, tuvo ayer lugar un banquete,
como festejo por la rápida terminación de la carretera, que une á San Vicente
con la estación del ferrocarril.
El
notario de San Vicente, don José Ocampo, y el contratista, apostaron, al
comenzar las obras, á que éstas no se terminarían antes de fin de julio, lo que
suponía una gran facilidad de comunicaciones para los muchos veraneantes que
ordinariamente acuden á la Barquera. La apuesta consistía en un banquete, y
como la carretera se terminó para el plazo marcado en la apuesta, aquél tuvo
lugar ayer, á costa del señor Ocampo.
Al
banquete se invitó solamente á los periódicos de Santander, pues aquél se hizo
extensivo á festejar la buena marcha del asunto de la barra, y creyeron justo
obsequiar á la prensa por el apoyo que había prestado á las justas aspiraciones
de aquel pueblo.
El
total de los comensales fue el de unos cuarenta y la comida suculenta,
espléndidamente servida, lo que no hace sino confirmar la justa fama que goza
la fonda del amigo Silverio en el arte culinario.
Al
final brindaron los señores Urbano Velarde, Basilio Escandón, Ocampo, Alonso
Velarde, Agustín del Barrio (concejal), Antonio Lara (médico), resumiendo el
digno Alcalde de San Vicente, don Donato Palacios.
Todos
ellos elogiaron en frases elocuentes la actividad desplegada por los
contratistas del primero y segundo trozo de la carretera, señores don Pedro
Bedoya y don Silverio López.
También se habló bastante del asunto del arreglo de la
barra, excitando á los representantes de la Prensa, á que prosiguieran su
campaña hasta conseguir de los Poderes públicos el remedio á la urgente
necesidad sentida.
El
Alcalde leyó una carta del señor Garnica, en la que promete su apoyo para la
resolución del expediente.
Terminado
el acto, durante el cual reinó la más franca cordialidad, los invitados
pasearon por los alrededores, visitando sus sitios más pintorescos, así como la
cetárea del señor Velarde y la magnífica finca llamada El Convento.
Con
la inauguración de la nueva carretera, el pueblo de San Vicente tiene un
poderoso elemento más para el fomento de su progreso, y por ello lo felicitamos
sinceramente, deseando que, para mayor justicia, se termine pronto y á
satisfacción el importantísimo problema de la entrada del puerto."
1906 - RESCATE DE EMBARCACIONES
El catorce de Mayo de 1906 se publicaba en el diario “ABC”, la siguiente noticia, que por telégrafo les pasó el corresponsal, sobre un rescate de embarcaciones de San Vicente por otras de Santander. La noticia es un tanto sucinta y no entra en muchos detalles pero así la reproducimos:
“EMBARCACIONES EN SALVO
Por telégrafo
Santander, 13,8 n. Sin haber logrado encontrar a las embarcaciones de San Vicente de la Barquera, que se hallaban en peligro, según telegrafié ayer, hoy por la mañana han regresado con averías dos lanchas de vapor de las cuatro que fueron en auxilio de aquéllas.
Las otras dos consiguieron llegar frente á San Vicente, encontrando á las lanchas de pescadores en situación peligrosísima.
Desde las lanchas de salvamento hicieron señalas á las que contestaron desde las lanchas pesqueras diciendo que se acercaran.
Así lo hicieron y hallaron tres pequeñas embarcaciones amarradas á otra grande en la que se habían refugiado todos los tripulantes de aquéllas, en total unos treinta pescadores.
Las lanchas de vapor, después de reconocer la barra, aprovecharon un momento de bonanza y entraron en el puerto remolcando á las otras cuatro.
En el muelle esperaba una gran multitud de pescadores y sus familias que ovacionó á las tripulaciones de las lanchas salvadoras.
Estas regresaron á Santander á la una de la tarde.
Otras dos lanchas pescadoras de San Vicente consiguieron librarse del temporal embarrancando en la playa conocida con el nombre de Cabo del Hambre, entre Comillas y San Vicente.
A media tarde un vapor costero ha traído a remolque á este puerto otra de las lanchas cogidas por el temporal.
Elógiase la conducta de los marinos que han arriesgado su vida por salvar las de los compañeros.
Sería muy conveniente para la gente de mar de San Vicente de la Barquera, que el ministro de Fomento concediese á la jefatura de Obras públicas de este distrito un pequeño crédito que sería suficiente para hacer desaparecer las dificultades que en días de temporal dificultan el paso de la barra.-
Segura”
1906 - LA BARRA VISTA POR UN VIAJERO.
"San Vicente de la Barquera es el único puerto intermedio entre Santander y Gijón que puede servir de arribada á los buques en el caso de un temporal. Pero, causas viejas y múltiples que no hemos de detenernos á examinar ahora, han hecho imposible que pueda servir, no sólo para los fines arriba indicados, pero ni aún para las diarias necesidades del pueblo marinero de San Vicente.
Los bancos de arena iniciados entre el canal Este de la barra y la playa han sufrido considerable aumento con el cierre de las marismas de Rubín y de Pombo. En efecto, merced á ese cierre el volumen de agua á desalojar durante baja la marea es muy pequeño y casi nula, por tal causa, la corriente submarina que se establece en el canal de referencia. En tales condiciones, la sedimentación arenosa va formando una infranqueable barrera y un perpetuo peligro para las embarcaciones, á tal extremo, que en las grandes mareas, á la bajamar, las lanchas tienen que esperar fuera del puerto á que la marea suba para poder entrar.
Ahora bien; el canal del Oeste sería el que resolviese de plano esta cuestión, dando facilidades á las embarcaciones; pero en ese canal existen unas rocas que impiden la navegación. La voladura de estas rocas es lo que, hoy por hoy, pide el pueblo de San Vicente de la Barquera.
—Mire usted- me decía uno de los marineros que nos conducían—, por aquí podían entrar antes los barcos á la baja marea sin peligro alguno, y ahora ya ve usted.
En efecto; yo veía el banco de arena perfectamente, que no se hallaría mucho más profundo que cuatro pies por bajo la quilla de nuestro bote.
—El único peligro que aquí existe, en el caso de un naufragio— agregó el marinero—, es que caiga uno bajo la embarcación. De lo contrario, naufragando en plena barra, se llega con el agua á la cintura hasta la playa.
— Vamos á ver— le dije á amigo—, explíqueme en pocas palabras la situación.
—Pues mire usted, es ésta. La barra del Este del puerto se halla cegada por las arenas, y como en la del Oeste no se han volado las rocas que impiden el paso por ella, dándole más profundidad y más cauce á la corriente, resulta que el estuario está cegándose también de arena, rompiendo la mar dentro de la barra.
Esto hace muy peligrosa la entrada y expone constantemente á una catástrofe, como ha sucedido ya varias veces, y últimamente el día 1.º de diciembre pasado, que dio vuelta una lancha sobre la barra, ahogándose un tripulante y salvándose los demás milagrosamente.
Los pescadores están desesperados, y piensan abandonar su industria y dedicarse a cualquier cosa, pues cada vez que salen por la boca del puerto lo hacen con gran exposición de sus vidas.
Siendo éste un buen puerto intermedio de refugio entre Gijón y Santander, está en la actualidad inutilizado para los barcos, que en los malos tiempos no pueden acercarse á él por el mal estado de la barra, pues intentar hacerlo es exponerse á un naufragio seguro.
—¿Y no han gestionado ustedes para que les arreglen la entrada?
—Repetidas veces la autoridad de Marina ha solicitado el arreglo de la barra del Oeste, y los ingenieros de Obras del puerto han levantado plano y hecho presupuesto de dichas obras, pero hasta la fecha no se ha hecho nada.
— Pues es cuestión de vida ó muerte para este pueblo el que eso se haga. ¿Asciende á mucho el presupuesto?
—No, señor. La cantidad es pequeña, tanto que no se necesita formar un presupuesto especial para la ejecución de las obras necesarias. sino que su cifra tiene cabida perfectamente en el presupuesto general...
—Entonces...
—Dicen que se hallan ahora muy ocupados en las obras del puerto de Castro Urdiales y en Santoña.
— Pero esto es un crimen...
—Y tan grande, que, dentro de poco tiempo, las familias que de las industrias del mar viven en este puerto tendrán que emigrar...
Regresábamos hacia el puerto. Un marinero, metía de vez en cuando el remo en el agua para medir la profundidad. Esta oscilaba siempre entre cuatro y siete pies. Y al extender la vista sobro la bahía, un inmenso arenal se dibujaba en toda la extensión.
Tal es, á grandes rasgos, la situación en que se halla el puerto de San Vicente de la Barquera. Como habrán comprendido todos, es de urgente necesidad que tal estado de cosas desaparezca. No se puede condenar á un pueblo de esa manera, con esa pasividad estupenda, á perecer en un plazo determinado. No se piden gollerías. No se pide que draguen toda la bahía convirtiendo al puerto de San Vicente de la Barquera en lo que fue; no se quiere la construcción de grandes muelles, ni de obras que cuesten millones de pesetas.
Se trata sencillamente de volar unas rocas que imposibilitan la entrada al puerto, que ponen en constante peligro la vida de esos infelices marineros que arrancan diariamente, de las entrañas del Océano, los miserables ochavos que le sirven para su sustento.
Y la vida de un solo hombre vale más, mucho más, que ese puñado de pesetas que se solicita.
Nosotros esperamos fundadamente que será atendida esta nuestra indicación que, por otra parte, estamos dispuestos á recordarla cuantas veces sea necesario y esperamos que sea atendida, no por ser nuestra, sino porque en ella está fielmente reflejada la aspiración de un pueblo que tiene perfecto derecho á la vida, y que de día en día se le va imposibilitando, por negligencias de unos, por abandono de otros y por olvidos injustificados de todos.
Cuantos de cerca ó de lejos tienen relación con este asunto, es imposible que puedan permanecer inactivos ante la marcha acelerada con que se acerca la ruina de ese pintoresco pueblo que se llama San Vicente de la Barquera.
M. García Rueda.
Abril 17, 1906".
1906 - A VER LA FOLÍA II (Donde M. García Rueda hace una pequeña descripción de San Vicente y de la fiesta de La Folía de ese año)
Siempre que llego á un pueblo, cualesquiera que este sea, lo que más me satisface de momento es visitar sus riquezas, ya sean artísticas, ó de otro cualesquiera orden. Por eso al llegar á San Vicente de la Barquera lo primero que se me ocurrió preguntar fue qué cosas podían verse, dignas de la visita, hasta la hora de la folia.
1906 - A VER LA FOLÍA I (Viaje y llegada a San Vicente de M. García Rueda)
Invitado por mi caro amigo Alonso Velarde, con quien he contraído una deuda de gratitud impagable por las delicadas atenciones de que me ha hecho objeto durante mi permanencia en San Vicente de la Barquera, me dispuse á visitar este interesante rincón de la Montaña, con el objeto de presenciar la típica fiesta de la folia, única en la provincia y no sé si me equivocaré al suponerla sin igual en España.
«Cuando veáis que un viajero lee, ó está silencioso y triste, ó fuma tranquilamente sin hablar, ese es un viajero de verdad. Los que por primera vez viajan, son habladores, inquietos, gritan y van de una parte á otra molestando sin cesar». Así habla Sánchez Díaz en su hermoso libro «Juan Corazón». Yo quiero parecer un viajero de verdad y pagarle la enseñanza rindiéndole culto un momento. Y me puse á leer «Juan Corazón».
Vuela el tren. En el mismo departamento en que yo voy, han entrado dos viajeros, mineros al parecer. Uno de ellos, siente, sin duda, la necesidad de imitarme, leyendo algo, y se pone á leer en alta voz, comentándola entre grandes carcajadas, la indecente «cuenta del carpintero».
¡Esos Gobiernos, no!; esos millones de habitantes que, imbécilmente, como borregos, dejan que los cobren la contribución mientras sus chicos están sin escuela, descalzos y andrajosos, ellos sin pan y las tierras infecundas!... Se necesita tener el alma de esclavo; se necesita haberse convertido en un ex hombre, como los de Gorki, para vivir muriendo, sin protestar de otra manera que en las tabernas ó en la cocina de casa...
Hemos llegado á la estación de San Vicente. Y nos encontramos que no hay carretera para descender al pueblo. Entramos por un prado y comenzamos á descender por un camino lleno de barro, difícil, que nos hace caminar á saltos. Una cuadrilla de obreros trabaja en la apertura de la carretera que tanta falta hace. Y tenemos que caminar por los senderos abiertos en los prados, que están resbaladizos y exigen verdaderos alardes de equilibrio para no caer.



