1928 - PARTIDO DE FÚTBOL ENTRE EL "MURALLA" Y EL "IBERIA SPORT" EN LOS CAMPOS DE "MERÓN"
El seis de junio de 1928 se publica en "El Cantábrico" un curioso artículo sobre un partido de fútbol celebrado en los campos de "Merón" entre los equipos juveniles, "Muralla F.C. e "Iberia Sport", de San Vicente que reproducimos literalmente:
"San Vicente de la Barquera
UN PARTIDO DE FUTBOL
Dejemos que otros corresponsales de la Prensa diaria canten a estilo de César en sus "comentarios" las propias hazañas deportivas y las de sus amigos, y relatemos, si no con estilo y arte, con cariño y voluntad, la gesta de unos cuantos rapaces que aprovechan los ocios escolares para disputar a patada limpia la gloria de unos cuantos "goles" para sus respectivos equipos.
Ayer, jueves, y día de feria, se ha celebrado un interesante partido entre los equipos infantiles Muralla F. C. e Iberia Sport, de San. Vicente de la Barquera, en los Campos de Merón.
Se alinearon los equipos de la siguiente manera:
Por el Muralla F. C: Bedoya; Roiz, Flores; Blanco, Mezo. Iglesias; Q. Noriega, R. Sánchez, M. Noriega, Díaz, Badiola.
El Iberia alineó: J. González; Santiáñez, M. Sánchez; Oliveri; L. y V. Urquiza; Arroyo, Múgica, García, Cabo, Agüeros.
Empieza el partido con dominio del Muralla, y en uno de sus avances R. Sánchez lanza un formidable shoot que el portero, en una espléndida estirada, desvía a córner.
Un avance del Iberia, llevado por J. García y Múgica, que corta Roiz oportuno, remata Arroyo y despeja el portero.
A los pocos minutos, un avance de Q. Noriega es cortado por Santiáñez, lo que da lugar a un golpe franco. Lo tira Mezo; roza el larguero, y J. González, en una buena estirada, salva la situación. Avanza nuevamente Blanco, y da lugar a otro castigo, que, tirado por el mismo Mezo, envía el balón a la red, consiguiendo el Muralla el primer goal.
El segundo sobrevino por un despeje de Flores, que consigue marcar.
Comienza el segundo campo dominando el Iberia, y un centro templado de V. Urquiza lo remata Cabo con oportunidad; pero va a fuera, rozando el larguero. Domina nuevamente el Muralla, y lleva Díaz una avanzada, bien cortada por Santiáñez.
El tercer tanto para el Muralla sobrevino por un avance llevado por Mezo, que es cortado por Santiáñez, y al querer despejar, en un mal bote, le dio el balón en la mano, ocasionando penalty, que se convirtió en goal al shoot formidable de Mezo.
Con juego alternativo transcurren los minutos, y cuando sólo faltan unos pocos para dar por terminado el segundo tiempo, R. Sánchez consigue para el Muralla el cuarto y último tanto de la tarde.
En resumen: cuatro tantos para el Muralla y ninguno para el Iberia, a pesar de que sus equipiers hicieron magníficas jugadas, que no acompañó la suerte.
Arbitró el partido, con imparcialidad y maestría, el joven P. Oliveri. Hubo aplausos para todos.
Para el domingo próximo se ha concertado el partido de desempate, que será digno de verse y de relatarse.
EL CORRESPONSAL
5-X-928".
1900 - NAUFRAGIO Y TRAGEDIA EN "EL SABLE DE MERÓN"
Un naufragio es una tragedia del mar y los marineros, y seguro de que todos recordamos algún relato, sobre el particular, desgranado por nuestros mayores, en las largas tardes y noches de invierno, al calor de la lumbre.
Nuestro querido amigo y distinguido corresponsal en San Vicente de la Barquera don F. de Q. nos remite, según prometía ayer en el telegrama que ya conocen nuestros lectores, el interesante y triste relato siguiente, que da idea exacta de la magnitud de la desgracia que nuevamente viene a cubrir de luto muchos hogares y muchas almas aún no repuesta de la tremenda emoción sufrida por la tragedia hace poco desarrollada en aquella costa:
«A las cuatro de la madrugada de anteayer salieron de este puerto, para dedicarse a la pesca del besugo, dos lanchas patroneadas por Domingo Cortavitarte y Cándido Isusquiza y dos barquías patroneadas por José María Santiáñez y Dionisio González.
Las cuatro embarcaciones, con otra lancha más que encontraron en su derrota, se dirigieron a la playa de La Marona, distante unas veinte millas del puerto, y ya venían en demanda de él, después de haber hacho buen acopio de besugo, cuando fueron sorprendidas por lo que aquí llama la gente de mar una punta en tierra y en ese puerto virazón y galerna, según los casos.
La mañana fué espléndida hasta eso de las diez, hora en que empezó a soplar el viento Sur con bastante violencia, y pocos momentos antes de las doce ya el cariz había cambiado por completo. Estaba imponente. Densos girones de negras nubes cruzaban el espacio impelidos por el Noroeste que soplaba con toda la furia del huracán, y el agua y el granizo y la niebla, que a ratos cerraba el horizonte, hacían más fatídico el cuadro.
¡Qué día más triste para el vecindario de esta villa! ¡Cuánta desolación y cuánto luto!
De las cinco embarcaciones que luchaban denodadamente contra el empuje de los elementos frente a la boca del puerto, ninguna pudo tomarle y todas fueron a dar al Sable Merón, que así se llama la playa que hay a la entrada, como las Quebrantas en esa. La primera que embarrancó fué la patroneada por Cándido Isusquiza, que salvó toda la tripulación, y la segunda la de Comillas, cuyos tripulantes se salvaron todos también. Poro mientras esto ocurría en la orilla, un poco más allá, entre oleadas inmensas y rugientes espumas desaparecían las dos que patroneaban José María Santiáñez y Dionisio González. A los pocos momentos varó la mandada por Domingo Cortavitarte, que corrió la misma suerte de las dos primeras, consiguiendo salvarse todos.
De la embarcación da José María, tripulada por 14 hombres, no consiguieron salvarse más que dos: el mismo patrón y el pinche, a quien conocemos aquí por Paco el de Virginia Los doce restantes perecieron, y hé aquí sus nombres:
Arturo Sánchez, José Marcos, Manuel Fernández, Francisco San Nicolás, Julio Santiáñez, Ramón Bustamante, Marcelino Bustamante (hermano del anterior), José Fernández, Adrián González, Guillermo Gutiérrez, José San Juan, Enrique Bustamante.
De los doce, ocho casados y con hijos.
En la embarcación mandada por Dionisio González perecieron dos: José Noriega y Tomás Varela, ambos casados y con hijos.
¡Descansen en la paz del Señor las almas de esos catorce infelices náufragos, de esos héroes del mar!
En cuanto se dio cuenta el vecindario del riesgo que corrían las lanchas, fueron muchos al lugar del suceso, especialmente de las familias de los náufragos, desarrollándose con tal motivo escenas tristísimas, imposibles de describir. Desde los primeros momentos estuvieron también en la misma orilla, ayudando al salvamento, calados hasta los huesos, luchando sin tregua y ejercitando actos de verdadero arrojo, unos cuantos hombres valerosos y nobles, unos cuantos amigos míos, cuyos nombres no cito por natural temor de ofender su modestia.
Se distinguieron también notabilísimamente el sargento de la guardia civil del puesto y tres guardias que con él fueron, así como unos pocos vecinos del barrio cercano a la playa, que estuvieron valientes hasta la temeridad.
Ya diré sus nombres, que bien merecen ser conocidos, y que Dios los premie á todos por tanta buena obra como hicieron en aquellos terribles momentos.
Las autoridades, excepción hecha del señor Alcalde, brillaron por su ausencia, aunque a última hora me dicen que a última hora fueron. Esto, como es natural, daba lugar a comentarios poco favorables para los interesados.
Y con esto, ya que me niega fuerzas para más un decaimiento de ánimo terrible, producido por los sucesos referidos, hago punto á esta luctuosa crónica, á reserva de hablar otro día algo más, si Dios me da salud, de cosas que importan á esta villa.
F. DE Q.
San Vicente de la Barquera, febrero 18 de
1900".
