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1928 - EL PUERTO DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA

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El puerto de San Vicente de la Barquera y, concretamente, su entrada en la barra, ha sido fuente de reivindicaciones y exigencias que, los marineros, Cofradía y vecinos hicieron a lo largo y ancho de los últimos años del siglo XIX y primera mitad del pasado siglo XX. El 30 de junio de 1928, en la Revista “España Marítima”, se publicó el siguiente trabajo sobre nuestro puerto: 

“EL PUERTO DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA 

NOTAS HISTÓRICAS

El puerto de San Vicente de la Barquera, capital del Distrito marítimo, Habilitado de Aduana, con comercio de exportación, importación, cabotaje y altura, está situado en el extremo más occidental de la provincia de Santander. 

La estación del ferrocarril dista un kilómetro de la población, que es cabecera de Partido Judicial, y cuenta con Sindicato Agrícola, Pósito de Pescadores, Telégrafo, Teléfono automático. Banco, dos compañías de energía eléctrica, canalización de agua. Balneario y fábricas de conservas y salazón. 

Es un magnífico puerto natural de refugio, de un kilómetro cuadrado de superficie completamente aprovechable y limitada por los puentes Nuevo y de la Maza, este último de treinta y dos ojos y cuatrocientos ochenta metros de longitud. 

En los siglos XIII y XV era el único puerto de esta parte de la provincia habilitado para la exportación e importación y se dedicaba exclusivamente a la construcción de naves y al comercio con Levante. Su importancia marítima fue grande. En él se cargaban las ricas maderas de esta comarca, muchas de ellas eran almacenadas en nuestros arsenales y se emplearon en la construcción de unidades de nuestra antigua marina de guerra. Hasta hace menos de un siglo eran tan importantes estos cargamentos, que se estableció en él, durante muchos años, una comisión de Marina, para el recibo, clasificación, fletamento y abono. 

Con sus navíos, fueron los habitantes de San Vicente de la Barquera, en el siglo XIII, a la toma de Sevilla, por lo cual figura en su escudo un navío a toda vela rompiendo una cadena, en recuerdo de la rotura del puente de barcas sujetas con cadenas que había en el Guadalquivir. En aquellos tiempos se dice llegó a tener más de 7.000 vecinos. 

Su decadencia data desde que se fundó el pueblo de Comillas al otro lado del Cabo Oyambre, en el año 1483, con parte de su vecindario y unida es la disminución de población con la del tráfico, originada por efectuarse entonces la comunicación de Asturias con Castilla por Santander, dio lugar a que se resintiera la vida comercial del puerto. 

Más adelante, al empezar a emplearse en las construcciones navales el hierro y el acero, flaqueó hasta llegar a ser nulo su comercio de maderas. 

Al inaugurarse hace pocos años el paso del Ferrocarril del Cantábrico por sus cercanías, sufrió el puerto otro tremendo golpe, pues el ferrocarril se llevó todo el comercio de cabotaje y la Real Compañía Asturiana dejó de embarcar mineral en el cargadero que en él tenía, llevándole por tren al de La Requejada. 

Sólo quedaban ya al puerto sus riquezas naturales, consistentes en magnífica pesca y bancos de ostras, y mariscos aguas arriba de los puentes, pero al concederse para dedicarlas a la agricultura (como si la comarca estuviese falta de tierras de pasto y labor) dos grandes superficies de marismas y cerrarse con muros, se perdieron los magníficos bancos, los criaderos naturales y terrenos sumergidos que servían de pasto a los peces, disminuyéndose grandemente la velocidad de las corrientes, empezaron los cegamientos de los canales, de las rías y la acumulación de arenas en la barra. 

DESCRIPCIÓN DEL PUERTO 

El puerto está abierto al Norte y dotado naturalmente de dos bocas con barras, separadas una dé la otra por las peñas Mayor y Menor. Entrando hacia el Oeste está el canal principal, que, pasando por el muelle y fondeadero de La Barquera, conduce al muelle de la Villa y atravesando el Puente Nuevo forma la llamada ría del Peral, que se interna aguas arriba cinco kilómetros (ahora por impedírselo el muro de la marisma sólo es navegable 600 metros). El otro canal conduce, pasando por el puente de la Maza, desde donde se llama ría de Villegas o del Barcenal, al barrio de este nombre, remontándose ocho kilómetros navegables. 

Es fácil formarse idea de la gran importancia de este magnífico puerto natural, fijándose en su especial situación de hallarse colocado entre los de Gijón y Santander, que distan entre sí 83 y 30 millas respectivamente. Es el único abordable con el mal tiempo, en el citado trozo de costa, y seguro y capaz para resguardarse en él cientos de barcos de pesca. Mayor importancia que la de refugio se le ha reconocido, cuando sin influencia de ninguna clase, pues bien se comprende por la verídica historia que de él narramos, que siempre estuvo y continúa huérfano de protectores, se le declaró de interés general, por Real Orden de 4 de Agosto de 1926, por reunir los requisitos necesarios para ello y las obras que en él se efectúen, y su conservación son fáciles y quedan bien resguardadas. 

Actualmente el puerto se encuentra cegado de arena y fango, la boca de la barra Oeste, a medio cerrar por un muro, la del Este cubierta de arenas, el raquítico muelle sin alumbrar, siquiera durante la noche, las embarcaciones varadas sobre la arena y su peligrosa salida para la pesca supeditadas al momento en que floten y tengan agua suficiente en el canal y en la barra. Este triste espectáculo, y más triste aún el del regreso de las embarcaciones con mal tiempo, hace veinticinco años que viene ocurriendo diariamente sin que nadie lo remedie. 

Los pescadores, únicos interesados y paganos actualmente de este estado de cosas, fueron además, siempre juguete de la política que con sugestivas promesas de arreglarles la barra y el puerto, les arrancaba los votos, dejándolos luego en la estacada. 

PROYECTOS Y DESILUSIONES 

Se dice, que, no por gestiones de Diputados, ni por iniciativa oficial, sino por influencia de un contratista, hace unos catorce años, consiguió se hiciera el expediente y se le adjudicaran las obras para cerrar la barra del Oeste, sin preocuparse del cegamiento de la del Este. No fue esta solución del agrado de pescadores y marinos que se conformaban con una obra más práctica, sencilla y económica, que consistía en que se dragara el canal, y se diese un poco más de calado a la barra del Oeste. 

Esta barra, que, como decíamos, hace catorce años que empezó a cerrarse, mide una longitud de doscientos metros y hasta la fecha sólo se han cerrado cincuenta. Las personas que entienden algo de estas cuestiones marítimas, no podrán concebir que en obra de tan poca importancia y extensión, que tiene además cimiento natural de roca, y abundante cantera al pie de la obra, en la Punta del Castillo, pueda invertirse ese lapso de tiempo, ni haciéndolo a propósito, y de continuarse así, es fácil deducir, matemáticamente, que su duración será de cuarenta y dos años más. 

Pero lo grave del caso, es que esos trabajos no resuelven ya el problema, pues cada día es más necesario dragar la barra del Este, el canal principal y el puerto, y dotarlo de alumbrado y demás servicios necesarios para ponerlo a la altura de las necesidades actuales. Además, las obras son ya ineludibles; lo demandan las vidas de los pescadores y la seguridad de sus embarcaciones, que no pueden continuar así indefinidamente, no debiendo olvidarse que se viene pidiendo hace veinticinco años, y el día de mañana, cuando ocurra alguna desgracia, no cabrá alegar ignorancia.

Es frecuente y vergonzoso que en el verano, sobre todo, durante la pesquera del bonito, se vean obligados a quedarse en la mar, sin poder tomar el puerto, más de cien vapores de Guipúzcoa y Vizcaya, por no atreverse a entrar por la barra, escarmentados de las pérdidas de hélices y timones que suelen tener todos los años y el peligro que corren sus vidas. 

Los pescadores del puerto, más duchos, como es natural, en entrar y salir de él, tienen también a veces que demorar su entrada hasta tener agua, pues en sitios que había antes 3 y 4 metros de profundidad sólo queda ahora un decímetro. 

Hace unos quince años, el vapor «DURO» de la Compañía A. López de Haro, de la matrícula de Gijón y de mil toneladas de carga, navegaba, arrollado por un temporal, por aquella costa, y siéndole imposible abrirse de ella, se decidió a tomar el puerto de refugio de San Vicente de la Barquera (no hay otro, como hemos dicho, entre Gijón y Santander), y no sólo pasó la barra y el canal perfectamente, sino que reviró, a pesar de su eslora de 70 metros, y quedó amarrado en él, hasta que pasó el temporal, librándose de una pérdida segura, pues de no haber tenido en su derrota este verdadero puerto de refugio, aún abordable en aquella época, se hubiera estrellado en la costa aquella noche, aconchado por la mar, que no le permitía alejarse de ella. ¡Desgraciado del buque, no ya de mil toneladas, sino de ciento, que intentase tonar hoy el puerto como lo hizo el vapor «DURO»! El refugio del puerto cada día es más irrisorio, debido a su abandono. 

EL POSITO PIDE EL ARREGLO DEL PUERTO. 

En Noviembre último, el Pósito de Pescadores pidió una vez más el arreglo del puerto, exponiendo su actual y lamentable estado, así como la paralización de las obras de la barra y pidiendo con urgencia solamente aquellas inaplazables, por afectar a la seguridad de sus vidas; pues bien: hace seis meses que el expediente se halla, como otros tantos, durmiendo en alguna oficina, sin que nada lo resuelva. 

La triste odisea de este puerto no para aquí, sino que en lugar de atenderse a las demandas de sus necesidades, mejorándose su situación actual se le mermen las ventajas recientemente concedidas, pues por Real Orden de 24 de Febrero, se le rebaja de puerto de interés general a puerto de refugio, sin duda para darle la primera categoría a otros puertos.

No nos explicamos las razones para que las playas abiertas se declaren puertos de interés general, pero menos que se declare también a ERMIGNA, playa, rada o puerto que no he podido encontrar en ninguna Geografía, Diccionario Marítimo, Enciclopedia ni Derrotero, pero que figura como tal en la página 1.226 de la Gaceta de Madrid, número 56, del 25 de Febrero de 1928, como puede verse. Esto es probablemente un error que hay que rectificar poniendo en vez de ERMIGNA, SAN VICENTE DE LA BARQUERA, pues entre los puertos de segundo orden no creo exista otro que por sus ventajas aquí expuestas tenga mayor derecho a esa clasificación y que se dé a sus obras el impulso que necesitan y que es hora ya de que se empiecen unas y se terminen las de la barra. 

De la expresada relación de puertos de interés general, publicada en la Gaceta, conviene hacer notar la profusión de ellos concedidos a algunas provincias marítimas, en relación con la extensión de costa que ocupan, así como de la importancia de alguno de ellos. 

La de Asturias mide 120 millas aproximadamente y tiene cuatro puertos de dicha categoría, que son: Gijón-Musel, Aviles, San Esteban de Pravia, Luarca Y Navia, entre estos dos últimos hay 7 millas, y entre Luarca y San Esteban 15 millas. 

La provincia marítima de La Coruña tiene 95 millas de extensión y cuenta con cuatro de estos puertos: La Coruña, Ferrol, Cariño y Puebla del Caramiñal. 

Guipúzcoa tiene 25 millas de extensión y dos puertos: Pasajes y San Sebastián. 

Palma de Mallorca, 140 millas de extensión y cuatro puertos: Palma, Andrait, Soller y Alcudia.

Santander, 70 millas de extensión y el solo puerto de Santander, y como dista de Gijón 83 millas, es toda esta extensión de costa la que queda cerrada a los buques de todas clases y abandonados, por consiguiente, a su suerte en los temporales, mientras San Vicente de la Barquera no se ponga en las condiciones debidas de poderse tomar fácilmente, dragando su barra del Este, el canal y el puerto. 

El Pósito de Pescadores es también merecedor de ello, pues los socios que lo constituyen llevan luchando para conseguirlo más de treinta y cinco años, y a pesar de las dificultades y peligros que cada día son mayores, para el ejercicio de su industria, han aumentado, sin embargo, su flota, que entre vapores, traineras, de motor y barquillas de motor, para la pesca de la langosta, suma un número bastante importante, que anualmente extraen del mar pesca por valor de más de un millón de pesetas, única riqueza e industria de la Villa. 

Como esta situación debe haber llegado a conocimiento del Gobierno por medio de sus Juntas Ciudadanas, es de esperar que el Ministro de Fomento, no tarde en disponer lo conveniente para que resplandezca la justicia y el bienestar de los pescadores y vecinos de San Vicente de la Barquera, que le quedarán eternamente agradecidos.

1928 - BODA EN SAN VICENTE DE SOLEDAD IGLESIAS Y ROBUSTIANO RÓIZ.

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El seis de octubre de 1928 se publica en "El Cantábrico", un artículo referente a un enlace celebrado en San Vicente entre  Soledad Iglesias y Robustiano Róiz, que contrajeron matrimonio en la iglesia parroquial, el día cuatro de dicho mes,  y que literalmente dice: 

"San Vicente de la Barquera 

UNA BODA 

Hace pocos días, al dar cuenta de una boda, expresábamos el temor y la esperanza, pues de ambas cosas tenía, de que los héroes de nuestro relato tuvieran imitadores. Como efectivamente los ha tenido, pues hoy nos vemos obligados, gratamente obligados, es cierto, a enterar a nuestros lectores del enlace de los jóvenes Soledad Iglesias y Robustiano Roiz, los cuales contrajeron matrimonio en nuestra iglesia parroquial en el día de ayer. 

Bendijo la santa unión nuestro párroco, don Angel Belloqui, y fueron apadrinados los contrayentes por doña Carmen y don José Iglesias, hermanos de la novia. 

Numerosa y lucida comitiva acompañó a los novios en la ceremonia religiosa, y todos fueron espléndidamente obsequiados con un suculento refrigerio, servido en la popular fonda de Lola González. Animado baile siguió al lunch, y la animación y la alegría reinaron definitivamente durante todo el día con motivo del fausto acontecimiento

Recordamos entre los invitados a las jóvenes Constancia Bilbao, Herminia García, Constantina Puerto, Angeles Caso, Teresa Sánchez, Pilar Eguren, Alodia González, Severina Vázquez, Paula Ituarte, Carmen Santiáñez, María Roiz, Avelina Fernández, Pilar Santiáñez, María Villar, Avelina Pérez, Antonia Múgica, Pilar García, Fermina Franco, Froilana Múgica, Josefina Sánchez, Rosario Iglesias y Angeles y Carmen Guíérrez, todas solteras y en trance propincuo de darnos un día bueno en fecha próxima, siendo protagonistas de un suceso igual al que ellas festejaban. 

Vimos de personas formales o haciendo de tales por su estado y edad, a doña María González, don Pedro Arambarri, don Martín Peña, doña Telesfora Iglesias, don Agapito Sánchez, doña Elvira Llorente, doña Josefa González y otras cuyos nombres sentimos no recordar. 

Finalmente, cautivando y partiendo corazones, notamos la presencia de los jóvenes Paco Roiz, Manuel Blanco, Gervasio Molleda, Santos Celis, Luciano Roíz, Julián Díaz, Serapio Iglesias, Adolfo Múgica, Constantino González, José María Martínez, Angel Cortabitarte y algunos más que escaparon al lápiz del cronista. 

Deseamos muchas felicidades a los recién casados, y que cunda su ejemplo.

EL CORRESPONSAL 

5-X-928".


1928 - PARTIDO DE FÚTBOL ENTRE EL "MURALLA" Y EL "IBERIA SPORT" EN LOS CAMPOS DE "MERÓN"

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El seis de junio de 1928 se publica en "El Cantábrico" un curioso artículo sobre un partido de fútbol celebrado en los campos de "Merón" entre los equipos juveniles, "Muralla F.C. e "Iberia Sport", de San Vicente que reproducimos literalmente:

 

"San Vicente de la Barquera 

UN PARTIDO DE FUTBOL 

Dejemos que otros corresponsales de la Prensa diaria canten a estilo de César en sus "comentarios" las propias hazañas deportivas y las de sus amigos, y relatemos, si no con estilo y arte, con cariño y voluntad, la gesta de unos cuantos rapaces que aprovechan los ocios escolares para disputar a patada limpia la gloria de unos cuantos "goles" para sus respectivos equipos. 

Ayer, jueves, y día de feria, se ha celebrado un interesante partido entre los equipos infantiles Muralla F. C. e Iberia Sport, de San. Vicente de la Barquera, en los Campos de Merón. 

Se alinearon los equipos de la siguiente manera: 

Por el Muralla F. C: Bedoya; Roiz, Flores; Blanco, Mezo. Iglesias; Q. Noriega, R. Sánchez, M. Noriega, Díaz, Badiola. 

El Iberia alineó: J. González; Santiáñez, M. Sánchez; Oliveri; L. y V. Urquiza; Arroyo, Múgica, García, Cabo, Agüeros. 

Empieza el partido con dominio del Muralla, y en uno de sus avances R. Sánchez lanza un formidable shoot que el portero, en una espléndida estirada, desvía a córner. 

Un avance del Iberia, llevado por J. García y Múgica, que corta Roiz oportuno, remata Arroyo y despeja el portero. 

A los pocos minutos, un avance de Q. Noriega es cortado por Santiáñez, lo que da lugar a un golpe franco. Lo tira Mezo; roza el larguero, y J. González, en una buena estirada, salva la situación. Avanza nuevamente Blanco, y da lugar a otro castigo, que, tirado por el mismo Mezo, envía el balón a la red, consiguiendo el Muralla el primer goal. 

El segundo sobrevino por un despeje de Flores, que consigue marcar. 

Comienza el segundo campo dominando el Iberia, y un centro templado de V. Urquiza lo remata Cabo con oportunidad; pero va a fuera, rozando el larguero. Domina nuevamente el Muralla, y lleva Díaz una avanzada, bien cortada por Santiáñez. 

El tercer tanto para el Muralla sobrevino por un avance llevado por Mezo, que es cortado por Santiáñez, y al querer despejar, en un mal bote, le dio el balón en la mano, ocasionando penalty, que se convirtió en goal al shoot formidable de Mezo. 

Con juego alternativo transcurren los minutos, y cuando sólo faltan unos pocos para dar por terminado el segundo tiempo, R. Sánchez consigue para el Muralla el cuarto y último tanto de la tarde. 

En resumen: cuatro tantos para el Muralla y ninguno para el Iberia, a pesar de que sus equipiers hicieron magníficas jugadas, que no acompañó la suerte. 

Arbitró el partido, con imparcialidad y maestría, el joven P. Oliveri. Hubo aplausos para todos. 

Para el domingo próximo se ha concertado el partido de desempate, que será digno de verse y de relatarse. 

EL CORRESPONSAL 

5-X-928".


1928 "EL ARRASTRE"

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SAN VICENTE DE LA BARQUERA 

La cuestión del arrastre. 



EL CANTÁBRICO 





Publicado en “El Cantábrico”, el 2 de noviembre de 1928.

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¡Gracias a Dios! Por fin respondieron los que motivos sobrados nos habían dado para sospecharlos atacados de incurable sordera y padeciendo congénita afonía. Rafael Ramos ha hecho el milagro de hacer hablar a esos sordos y mudos, por lo cual le reputamos de hoy más insigne taumaturgo, que, a proponérselo, hará hablar no sólo a los pescadores, sino a los mismos peces del Cantábrico, con lo que podríamos conocer su valiosa opinión en este enrevesado asunto del arrastre. 

A los persistentes requerimientos de R. R. van contestando los distintos gremios, cabildos y cofradías de pescadores de nuestra provincia; los que aún no lo han hecho, seguramente leen con interés los artículos referentes a este asunto, y a su vez, preparan sus contestaciones, y, lo que es más importante, se disponen a obrar con energía y de consuno conforme las circunstancias aconsejen. 

Hoy le toca el turno a San Vicente de la Barquera, y, usando y abusando de la no desmentida hospitalidad de EL CANTABRICO, trataremos de aportar los datos y cifras que poseemos Sobre el embrollado asunto que nos ocupa, y cuya armónica solución interesa en general a toda la provincia. 

Después de leídos los artículos que sobre este tema han ido apareciendo en EL CANTABRICO, nos sobrecoge el temor de que el nuestro vaya a ser mera repetición y calco de los anteriores; temor que, sin embargo, no nos detiene, pues nos figuramos que, aun repitiendo lo dicho por otros, quizá tengamos la suerte de que nuestros lectores encuentren un matiz o punto de vista diferente, que en aquéllos haya pasado desapercibido, o una idea original que, quizá, sin darnos cuenta, se haya deslizado entre el fárrago de lugares comunes y manidos que saldrán de nuestra pluma. 

Condición precisa para resolver satisfactoriamente un problema, es enunciarle y plantearle en debida forma. Intentemos, pues, hacerlo con precisión y claridad, y tendremos mucho adelantado para encontrar la solución adecuada. 

El problema es la honda crisis económica que la clase pescadora de todo el litoral cantábrico padece invariablemente todos los inviernos, de varios años a esta parte, y que en cada uno que pasa se agudiza más y más, hasta el punto de ser estrechez y privaciones en casi todos los hogares, y hambre y negra miseria en no pocos. Causa inmediata de dicha crisis es la falta, casi absoluta de ciertas pescas a que se dedicaban nuestros marineros en, la costera de invierno, singularmente el besugo, la más segura reproductiva en años no muy lejanos. Y como a los procedimientos de arrastre achacan nuestros marineros la comentada escasez, por aquello de "Causa causae, causatum", a dichos mismos procedimientos por parejas y bous empleados hacen culpables del hambre (¿para qué andar con eufemismos?), que se padece en estos pueblos y villas costeras un invierno y otro invierno invariablemente. Queda enunciado el problema cuyos términos vamos a desarrollar y aclarar, a fin de que todo lector imparcial pueda apreciar si la solución que como final propondremos, se ajusta a ellos, y a la justicia, y a la razón y, al buen sentido. 

De la existencia, en primer lugar, de la agudísima crisis económica de que hablamos más arriba no podrá dudar quien quiera que haya atravesado, siquiera sea de pasada, un pueblo pescador en estos meses de invierno. Concretándonos al nuestro (y tenemos la pretensión de que, con ligeras variantes, haremos el retrato de casi todos los de la costa), el hipotético visitante habrá visto, ya acodados en los pretiles de los antiquísimos puentes, ya sentados en las escolleras del puerto, ya vagando como almas en pena por los muelles silenciosos y desiertos, cientos de hombres vistiendo el inconfundible y típico traje de mahón. 

¿Qué hacen? Nadia. Contemplan el eterno flujo y reflujo de las aguas; ven los barcos que siempre les proporcionaron, el cotidiano sustento, tumbados en la arena en posturas perezosas y ridículas, como burlándose de su miseria; alguno que otro mata las interminables horas de forzosa y forzada holganza tratando de capturar, con una caña o un sedal, unos miserables peces que vender para un pedazo de pan. Los que convivimos con estos marineros sabemos que en el hogar de muchos no hay fuego ni pan y que de él huyen por no oír el lamento de los hijos que lo piden. Sabemos que en la tienda deben más de lo que razonablemente podrán pagar en unas cuantas costeras buenas; sabemos que el comerciante, el tendero y el panadero (en, quienes repercute de inmediato la crisis), se vieron precisados a cortar el crédito, sobrado elástico, que les habían abierto; sabemos que ni en la taberna les fían ya el alcohol que, si no remediaba, les hacía olvidar su negra situación. Sabemos que el Gremio se ha empeñado en muchos miles de pesetas, para hacer uno, dos y tres repartos de socorros, que poco o nada remediaron la gran miseria reinante; sabemos que la beneficencia particular se impone grandes sacrificios y acude a muchas necesidades, pero ni a todas las que se conocen, ni mucho menos a las que se presumen...

Si a cualquiera de esos vivientes fantasmas que deambulan a lo largo de las escolleras le preguntáis por qué estando la mar bella, el tiempo sereno y el cielo anunciando bonanza, permanecen ellos ociosos y los barcos amarrados en sus boyas, os contestará que no hay pesca; que no se da este año el besugo; que el barco tal y el barco cual, que, con terquedad y constancia dignas de mayor suerte, han ido un día y otro a las playas, llevan echados en lo que va de costera (diez semanas) menos de diez arrobas. 

No se queda, no, por su gusto en tierra la gente marinera, pues yendo a la mar, en el peor de los casos, cual es el de no pescar, hacen una comida a bordo, y traen para su casa lo que ellos denominan "pillate", pescados de difícil o mala venta, que son, sin embargo, la cena y comida de la familia. Pero el armador, que ha de costear carbón, aceites y la mitad del aparejo y carnadas, echa sus cuentas y advierte que la parte que le toca de una arroba do besugo no compensa los gastos de ir a pescarla. En su consecuencia, amarra el barco, o tantea si a falta de besugo aparece la sardina en las baheras en que se "mata" cuando entra, lo que no ocurre todos los años. 

El marinero no es ni fué nunca previsor; tomando por modelo a la alegre cigarra, nunca imitó a la afanosa y previsora hormiga; no figura la virtud del ahorro entre sus buenas cualidades. No se lo reprochamos, dejando que lo haga quien haya intentado siquiera inculcársela y enseñarle a practicarla. El marinero gasta cuando tiene y cuanto tiene; agota el crédito que lo hacen, y cuando de dinero y crédito carece, ayunan él y los suyos. Con ello queremos decir que estas periódicas crisis económicas, pese a esa misma periodicidad, le cogen siempre desprevenido, y por eso se le hacen más sensibles y dolorosas. 

Veamos ahora si ha sido siempre igual; esto es, si siempre ha ocurrido que, llegado el invierno, la misma falta de pesca haya producido la misma miseria de que ahora es víctima toda la clase pescadora del litoral cantábrico. Si escribiéramos sólo para la mencionada clase social, nos ahorraríamos datos, cifras y argumentos, que para ellos serían ociosos; pero como sospechamos que esta cuestión va interesando, con razón sobrada, a otro gran sector de lectores y público, expondremos unas cifras, cuya elocuencia suplirá la que falte a nuestros argumentos. 

Son datos y cifras que se refieren, exclusivamente, a una sola clase de pesca, la del besugo, y a sólo este puerto de San Vicente de la Barquera en los últimos diez años. Haremos la previa salvedad de que, desde algunos antes del que encabeza la lista, dicha costera estaba ya en franca decadencia. 

      Núm.                              Precio
Años   de    Kilos      Pesetas.      por
      barcos.                                  kilo

1918     7   304.729    246.915       0,81
1919     7   287.312    241.327       0,84
1920     8   249.540    227.400       0,91
1921     9   196.829    198.817       1,01
1922    10   127.450   142.813      1,12
1923    11    85.069     100.867      1,18
1924    12    78.737     117.315      1,49
1925    12    32.559      56.392      1,73
1926    13      6.104      10.946      1,78
1927    14      3.117        6.813      2,19
1928    14        412            919       2,23

Aunque no necesitan comentario las cifras que anteceden, haremos, no obstante, observar a nuestros lectores:

1.º Que a pesar de que de año en año ha ido aumentando, hasta doblarse, el número de barcos que se dedican a esta clase de pesca, sus productos han ido menguando tan a ojos vistas que esos 400 kilos que han entrado en el pasado mes de enero, eran una marca nada más que regular en el mismo mes de hace diez años. 

2.º Que a los cientos de miles de kilos de esos años de relativa abundancia, habría que agregar otra no despreciable partida que los barcos do San Vicente llevaron a Santander, pues era cosa sabida y corriente que cuando una marea pasaba de cincuenta arrobas, ¡a Santander con ella!, pues el mayor precio en aquella Almotacenía compensaba, con creces, el gasto do llevarla. Así, se daba el caso de que la flotilla pesquera de este puerto pescase ella sola más que la de Santander con sus parejas y lanchillas, y hasta 1920 más que todos los otros puertos do la provincia juntos. 

3.° Que el precio del kilo de besugo va en aumento y progresión creciente a medida que disminuye la pesca, fenómeno natural y que en mucha mayor proporción habrá repercutido en las plazas consumidoras, contribuyendo a elevar el índice económico de la vida. 

4.° Que hemos deducido, después de prolijos y escrupulosos cálculos, que hace diez años la costera de invierno, o sea esta del besugo, representaba para cada marinero un ingreso líquido do unas 700 pesetas, comida a bordo y pescado para el arreglo de la casa, como antes decíamos, mientras que hoy todos esos ingresos se han reducido a la nada. Y si a un presupuesto escaso se le quita la tercera parte de sus ingresos, ¿será extraño que la crisis económica se traduzca para estas pobres y sufridas gentes en penuria, hambre y desnudez, como las que estamos viendo y palpando? 

Si el lector ha tenido paciencia para llegar hasta estas líneas, habrá observado cómo hemos planteado los dos primeros términos del problema, a saber: la innegable existencia de una aguda crisis económica y la no menos innegable causa de ella, que no es otra que la falta de una de las más pingües costeras: la del besugo. 

Y como el remedio, aunque sea urgente (pues el hambre no admite espera), no es cosa que pueda improvisarse en unos días, en un segundo y último artículo, que procuraré sea meditado y razonado, trataremos de demostrar lo que está en el ánimo de todos. Trataremos, decimos, de demostrar cómo la comentada escasez, mejor dicho, la falta absoluta de algunas pescas, es originada por los procedimientos de arrastre por "parejas" y "bous"; que dichas embarcaciones han resultado al fin víctimas de sus propias artes, realmente, propondremos la solución o soluciones que nos parecen más razonables, y... Dios sobre todos. 

A. FLORES 

San Vicente, febrero de 1928.