1926 - COLEGIO DEL CORAZÓN DE MARÍA Y SAN MARCOS EVANGELISTA. (Antecedentes e inauguración)

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Parece ser que en los años 1923-24, los hermanos Luis y Gloria de la Mata Linares, se ponen en contacto con el Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera, con el propósito de sufragar los gastos de construcción de un colegio para niños, igual que años atrás habían realizado con el de niñas, del  Colegio de Cristo Rey. 

En la “Prensa Digital”, podemos ver algunas noticias y reportajes sobre ello: 

“Boletín oficial de Santander del 23 de enero de 1924”, en la que el Ayuntamiento acuerda la cesión de edificio en calle Alta a Luis de la Mata. Con el fin de construir un Colegio donde han de recibir educación los niños de este término municipal” 

“Boletín oficial de Santander del 3 de diciembre de 1924”, en la que el Ayuntamiento acuerda conceder autorización a don Luis de la Mata Linares para extraer del “campo de Santa María, la piedra necesaria para la realización del edificio-colegio que ha de edificar en la calle alta, así como el agua que precise”. 

“La Montaña”, revista editada en La Habana, el 28 de diciembre de 1924”: Dice que han comenzado las obras del edificio destinado a Colegio de niños, y de cuya dirección se encargarán los religiosos.

El presupuesto se eleva a 80.000 duros y será costeado por los benefactores de San Vicente, la familia Mata.

 “El Cantábrico”, editado el 25 de mayo de 1926:

UN NUEVO CENTRO DE ENSEÑANZA donde anuncia la terminación de las obras, arreglo y decoración del colegio y entrega a los padres misioneros del C. de María para dar comienzo en agosto a las clases.

“El Cantábrico”, editado el 13 de agosto de 1926”: Colegio de San Marcos - San Vicente de la Barquera. Anunciando que con esta fecha han llegado los padres del Corazón de María para hacerse cargo del colegio recién construido por los hermanos Mata Linares. 

Fueron a esperar su llegada, además de los fundadores, las autoridades locales y los niños de las escuelas nacionales con profesores y público. 


  “El Boletín oficial de Santander del 12 de noviembre de 1926”
. Da cuenta del acuerdo, entre otros, tomado por el Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera, en sesión de 20 de Agosto: “asistir a la inauguración del Colegio de los Hijos del Corazón de María y San Marcos” 



Estas noticias, copiadas literalmente del "Boletín Oficial", "La Montaña" y "El Cantábrico" dicen así: 


23 de enero de 1924, Boletín oficial de Santander - Cesión de edificio en calle Alta a Luis de la Mata

 "Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera 

Don Gerardo Díaz Gutiérrez, alcalde-presidente del Ayuntamiento constitucional de San Vicente de la Barquera. 

Hago saber: Que la Corporación municipal, en sesión celebrada en este Ayuntamiento, acordó por unanimidad ceder gratuitamente a don Luis de la Mata Linares y Sánchez de Lamadrid un edificio ruinoso en la calle Alta, de esta villa, de una superficie de 111 metros cuadrados; linda: al Norte y Oeste, ronda pública; Sur, calle Alta, y Este, caserón de Capellanía de don Antonio Puertas, con el fin de construir en él un Colegio donde han de recibir educación los niños de este término municipal. 

Lo que se hace público para que en término de diez días, contados desde la inserción del presente en el «Boletín Oficial", se presenten en esta Alcaldía las reclamaciones que se crean pertinentes contra dicho acuerdo, transcurrido el cual no tendrán valor alguno. 

San Vicente de la Barquera, 16 de enero de 1924. — El alcalde. Gerardo Díaz."

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 3 de diciembre de 1924, Boletín oficial de Santander - Acuerdos Ayuntamiento y cesión a Luis de la Mata 

"Concediendo autorización a don Luis de la Mata Linares para extraer del campo de Santa María la piedra necesaria para la realización del edificio-colegio que ha de edificar en la calle Alta, como así bien el agua que le sea menester sin mermar el abastecimiento del vecindario. "

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28 de diciembre de 1924, "La Montaña" de la Habana - Sobre el colegio 

"Han comenzado en San Vicente de la Barquera las obras del magnífico edificio destinado a Colegio de niños, y de cuya dirección se encargarán los religiosos. 

El presupuesto aproximado de esta nueva construcción se eleva a 80.000 duros y será costeado por los benefactores de San Vicente, la honorable familia Mata." 

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25 de mayo de 1926-0525, "El Cantábrico" - C. Corazón de María 

"UN NUEVO CENTRO DE ENSEÑANZA 

Terminadas enteramente las obras de construcción, arreglo y decorado interior del colegio para niños que, haciendo "pendant" con el de niñas, ha levantado la munificencia de los filántropos hermanos don Luis y doña Gloria de la Mata-Linares, en fecha próxima se harán cargo del edificio los Padres misioneros del C. de María, y posiblemente en el próximo mes de agosto se inaugurarán las clases."

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 13 de agosto de 1926,  "El Cantábrico" – Colegio de San Marcos

 "San Vicente de la Barquera 

EL COLEGIO DE SAN MARCOS 

En el día de hoy han llegado á nuestra villa los reverendos Padres del Inmaculado Corazón de María, para hacerse cargo del recientemente construido Colegio de San Marcos, fundado por la munificencia de los hermanos don Luis y doña Gloria de la Mata Linares.  

A esperar, y recibir á la citada Comunidad religiosa acudieron, además de los señores fundadores ya mencionados, las autoridades locales, los niños de las escuelas nacionales, con su profesor al frente, y numeroso público, que efusivamente dio la bienvenida á los viajeros." 

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12 de noviembre de 1926, Boletín oficial de Santander - Colegio Corazón de María y San Marcos 

Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera

 Extracto de los acuerdos del Ayuntamiento pleno durante e! primer cuatrimestre de 1926. (2.° semestre). 

Sesión extraordinaria del día 20 de Agosto. — Aprobación del acta anterior. Subastar las obras de la ampliación del cementerio católico con arreglo a las condiciones estipuladas en la misma. Adherirse a la pretensión contenida en la carta del señor Alcalde de Santa María de Cayón, a fin de conseguir para D. Vicente Portilla Ezpeleta, Delegado gubernativo, la cruz de Alfonso XII. Autorizar a D. Alfredo Casuso Velasco para instalar un surtidor de gasolina en la calle de La Barquera. Anunciar la vacante de Veterinario municipal e inspector de Higiene y Sanidad pecuarias. Contribuir con cien pesetas para la «Segunda Vuelta a Cantabria». Ver con agrado el resultado denlas cuentas del ejercicio anterior y transferir varios créditos, como así bien "asistir a la inauguración del Colegio de los Hijos del Corazón de María y San Marcos."

1789 - ISLA DEL CALLO

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Del  libro: “DERROTERO DE LAS COSTAS DE ESPAÑA EN EL OCÉANO ATLÁNTICO Y DE LAS ISLAS AZORES Ó TERCERAS...”

Autor: Don Vicente Tofiño de San Miguel (Brigadier de la Real Armada). Edición de 1879.

A través de Internet, se puede leer la siguiente copia literal:

 

Cabo Oyhambre          

 Al N 67° O. distancia dos y un décimo millas de ]a punta occidental de Comillas está lo mas E. de Cabo Oyhambre, y entre estos puntos se forma la ensenada de Rabia, donde desemboca el rio de este nombre, de tan corta consideracion, que su Barra queda en seco en baxamar. El Cabo Oyhambre presenta al N. un fronton de una milla de terreno de mediana altura, escarpado, de color blanco, con baxos que salen un cable á la mar.

 


San Vicente de la Barquera.

 Al S 71° 3o' O. una milla y tres décimos de lo mas O. de Cabo Oyhambre está la Isla del Callo en la entrada del Puerto de San Vicente de la Barquera, formando la Costa en el intermedio la ensenada y playa de Salmeron. El Puerto de San Vicente de la Barquera solo es capaz de Bergantines y pequeñas embarcaciones que no calen mas de 12 pies: su Barra no es muy variable, pero lleva tan poca agua, que en baxamar de mareas vivas apenas queda cubierta. La Isla del Callo forma dos entradas al Puerto: la del E. de dicha Isla tiene medio cable de ancho; y la entrada del O. solo un tercio de cable, estrechándolas tanto los arrezifes al E. y las restingas de la Costa firme al O. En lo interior tambien es lo que llaman el Puerto de cortísima consideracion, pero no obstante se darán las marcas de sus entradas, aunque son confusas, por si pudieren ser de alguna utilidad en el caso de que no salgan Prácticos, porque la mar gruesa y el viento no permitan romper á las Lanchas. Solo en circunstancias absolutamente desesperadas podrá intentarse entrar en estos términos, porque careciendo de práctica es casi inevitable el perderse, y se debe contar con muy corto auxilio de parte de las Lanchas del Puerto.


 
Marcas para entrar en el Puerto de San Vicente de la Barquera.

 Para entrar por la Barra del O. se costeará á muy corta distancia la Isla del Callo, y estando tanto abante con su Punta SO. se gobernará  en vuelta de la casa que llaman de la Marca, que desde aquel punto demora como al S E. : es alta, y está en lo mas N E. del puente. Se seguirá así hasta descubrir la primera casa de la Poblacion de San Vicente, que entonces se debe gobernar hácia ella hasta tanto que se vea la medianía de la Poblacion, en cuyo punto se está ya revasado de todos riesgos, y debe atracarse la Costa del O. á un cumplido de buque, para dar fondo frente de la Ermita de nuestra Señora de la Barquera en tres y media brazas fango. La estrechez del parage precisa á amarrarse en quatro.


 Para entrar por la Barra del E. se costeará la Isla del Callo á muy corta distancia, y estando cerca de su Punta S O. regirán las marcas y advertencias que anteceden.”


1877 - CUARENTA LEGUAS POR CANTABRIA - SAN VICENTE DE LA BARQUERA

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"CUARENTA LEGUAS POR CANTABRIA"

(Bosquejo descriptivo de San Vicente de la Barquera)

"REVISTA CÁNTABRO ASTURIANA" 




 Publicado en "La Revista cántabro asturiana" el 1 de enero de  1877, por Benito Pérez Galdós.



VI.

 SAN VICENTE DE LA BARQUERA.

     Las marismas de la Rabia son tristes, solitarias, más solitarias y tristes á causa de su extensión. En las orillas bajas no hay pueblos, ni caseríos, ni bosques, ni los verdes collados que tanto abundan en este país. Las argomas, un linaje de yerbas espinosas que se adornan de florecillas menudas parecidas á las de la retama, invaden todo el suelo. Lo que de este queda libre se lo toman para sí los helechos que estienden sus dominios absolutos, allí donde no entra jamás ni arado, ni dalle, ni azada. En la Rabia debieran existir hermosos y espesos pinares; pero no hay nada más que charcos salobres y cien mil islas bajas, formadas por intrincado dédalo de canales, que unos á otros se quitan ó se dán el agua, según sube ó baja la marea.

     Unese luego el camino á la carretera de Torrelavega á Oviedo, y poco después, vencidos los cerros que dominan la ria, se distingue el incomparable panorama de San Vicente. La inmensa anchura del valle á cuyo extremo se alza esta villa, la proximidad del mar, la gallarda situación del caserío entre dos puentes, las lejanas y altísimas montañas que forman un fondo magestuoso y parecen agrandar aun más el paisaje, hacen de esta perspectiva una de las más admirables y grandiosas que pueden ofrecerse á la vista del viajero. Allí todo es grande, tierra, cielo, montes, praderas, rio, mar, marismas. Hasta el mismo pueblo de San Vicente, parece un pueblo de primer orden á causa de la maravillosa fantasmagoría que produce su situación al pié del cerro, en cuya cima está la iglesia; reflejando en el agua dormida sus pintorescas casas; alargando á una y otra ribera sus dos puentes como brazos con que se sostiene en los montes para poder zambullirse mejor en el agua. Tan bello es esto, que verdaderamente da pena el ver que á continuación de la perspectiva de San Vicente, venga San Vicente mismo, cuando lo mejor sería que después de ofrecerse en imagen lejana y fascinadora á los ojos del atónito pasajero, desapareciese y se ocultara allá entre juncos de la mar, ó que se desvaneciera con las figuras del humo en los aires.

     Al pasar el gran puente del siglo VI, de treinta y dos arcos, se siente verdadera amargura al ver que no se entra por allí á un pueblo como Glasgow, Hamburgo ó Nueva- York. No se comprende que aquella gran ribera haya sido criada por Dios para sustentar al pobre San Vicente, y que las inmensas marismas que quedan atrás no sustenten miles de calles y plazas donde hierva afanoso gentío; no se comprende que esté tan cerca un mar sin barcos y un abra sin puerto, y un rio sin fondo ni muelles, y que toda aquella singular belleza y amplitud sea tan solo un gran charco de lodo salobre donde mojan sus cimientos algunas casas antiguas, tristes y negras, como los pensamientos del desesperado.

     Al fin, el puente se acaba, y es preciso entrar en la villa. Un convento que fué de Franciscos parece que vigila la entrada. Ya se sabe que ellos no se situaban en los peores sitios. Torciendo á derecha mano, después de hacer una reverencia muy devota á lo que fué asilo de aquellos humildes siervos de Dios, entramos en la calle principal de San Vicente, una especie de avenida de fango, formada á la izquierda por larga fila de altos caserones con zancudas arcadas, y á la derecha por la muralla inmediata al rio. A un lado, oscuras y feísimas tiendas, balcones de hierro, en los cuales parece haber trabajado el mismo Vulcano, según son de antiguos y pesados; á otro, serena extensión de agua en que nadan gruesas vigas de roble, y en los muelles ni un buque, ni una grúa, ni un tonel, ni una caja, ni un cable, ni un ancla rota. Allá lejos, junto á la orilla, semejante á una choza de pescadores, está el santuario de la Barquera, donde no faltarán imágenes, ante las cuales recen los hijos del país siempre que no tengan otra ocupación peor en que invertir las pesadas horas.

     Para ver el resto de San Vicente, es preciso abandonar la calzada llana y trepar por las empinadas calles que conducen á la hermosa iglesia ojival. Pero entonces el asombro del viajero sube de punto al verse rodeado de imponentes ruinas, como si la villa hubiera padecido terremotos é incendios horribles sin tener después una mano solícita que la reedificase. Por un lado y  otro se ven enormes muros y rotos arcos y restos de edificios que fueron vivienda de hidalgas familias, y que hoy son esqueletos coronados de yedra, cuya espantosa fisonomía pone miedo en el corazón. Tristeza más honda que la tristeza de Santillana es la de San Vicente, porque la villa del marqués conserva en su momificado y entero rostro la forma y aun la espresion de la vida, mientras este desbaratado pueblo marítimo ha sufrido la postrera descomposición de la carne, y los vientos de la mar y la lluvia del cielo le han arrebatado partícula tras partícula, dejándole en los puros huesos.

     Aumenta nuestra pena al oir que el origen de tanta ruina no ha sido un cataclismo como en Pompeya, ni maldición del cielo, como en Jerusalén, ni fuego de Dios como en Gomorra, sino decadencias puras por esas misteriosas sentencias que suele extender el tiempo, y por esto San Vicente de la Barquera tiene algo de la majestad de Itálica. Pero el amarillo jaramago de esta pobre villa no es tal que despierte un exagerado afán de llorar sobre él, ni de extasiarse largas horas contemplando las nobles piedras, ó leyendo lo que quede de algún escudo comido de los años, ó las últimas letras de la inscripción heráldica que el dedo del tiempo ha empezado á borrar.

     En San Vicente ha rodado, al parecer, la cuna ilustre, no sabemos si de marfil y oro, del Inquisidor D. Antonio del Corro, cuya hermosa estatua existe en la iglesia, atenta á la lectura de un libro. La expresión y belleza son tales, que el observador se detiene instintivamente y aguarda con ansioso afán á que el reverendo levante la marmórea cabeza y aparte del libro los ojos sin pupilas para mirarle á él. La semejanza de este enterramiento con el que existe en la capilla de Bedmar de la catedral de Sigüenza, es grande y su mérito no inferior al de esta primorosa obra de arte.

     Es preciso salir de San Vicente. No solo lo exige el plan de la expedición, sino también el atractivo del hermoso país que rodea á la villa caduca y del cual jamás se sacian los ojos. Pasamos otro puente y subimos la pendiente del camino de Asturias. Desde allí el panorama no es menos admirable que cuando se baja por la otra orilla en busca del puente citado. Los charcos de las marismas que rodean á San Vicente ofrecen el más complicado mapa que puede imaginar el delirio de la geografía. Todas las combinaciones posibles de rayas de agua, discurriendo sin orden ni tino por entre juncos; todas las formas geométricas de islas y penínsulas que serían posibles si estuviese en proyecto una nueva Creación del mundo, se ven allí, y nadie puede eximirse de observar con pueril atención tan graciosa cosmogonía. Entre estos caprichosos juegos del agua y el fango, se alza el cerro de San Vicente muy semejante al lomo de un cocodrilo, y después las múltiples series de colinas que escalonadas suben sirviendo de plinto á los montes, y en último término las descomunales crestas de Ándara, último esfuerzo de la tierra para llegar al cielo.

 B. Pérez Galdós.

 

1753 - CATASTRO DEL "MARQUÉS DE LA ENSENADA" - SAN VICENTE DE LA BARQUERA - Pregunta 37

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(Grabado de Rafael Monleón, BNE)



 En la número 37 preguntaba: "Si hay algunos individuos que tengan embarcaciones que naveguen en la mar, ó ríos, su porte, o para pescar. ¿Cuántas hay, a quien pertenecen y qué utilidad se considera da cada una a su dueño en cada año?"


 La respuesta  abreviada, (y  que   se puede  ver y conseguir en su totalidad, en Internet, en la página del Catastro del Marqués de la Ensenada), es la siguiente:

 "37 Que hay nueve Barcos para pescar.

 Uno llamado "San Diego"  de D.n Diego Perez de cobrezes Vecino de esta Villa: al que por no ir a la mar se le considera solo dos partes de lo que se pesca.

 Otro llamado de "San Antonio de Padua" propio de Antonio de Udias Vecino de esta Villa al que por ir al mar personalmente se le consideran de utilidad cada año tres partes de lo que se pesca.

 Otros dos tiene Manuel de Zelis Bargas el uno llamado "San Leon" y el otro que se llama "San Lustiano?" Al que por ir al mar se le consideran cinco partes ó quiñones de lo que se pesca; es a saber una por su persona y dos por cada uno de los dichos dos barcos.

 Así mismo tiene otros dos barcos Manuel de Narganes: el uno llamado "Santa Ana", el otro que se llama "San Phelipe Neri" por no ir él personalmente al mar.

 Otro propio de Juan Gutierrez Gaian al que  por ir el al mar por tres partes que tiene de todo lo que se pesca; el que se llama "Santta Theresa de Jesus".

 "Otro llamado "San Anselmo" propio de Manuel de Zulaica al que por ir al mar se le consideran tres partes de lo que se pesca.

 Y otro llamado "San Vizentte Ferrer" propio de Juan Pastor? del Castro, al que por ir al mar se le consideran de utilidad tres partes de lo que se pesca.

 Que el número de marineros matriculados que se emplean en el ejercicio de ir a pescar al mar son ciento veinte, inclusos los hijos de familia de mayor edad que ganan lo mismo que los padres por tener iguales partes de lo que se pesca y a todos se les ha considerado por cien días que cada uno va a la mar en la costera de los “besugos” y a excepción de algunos artesanos que como queda dicho ya se emplean en su oficio todos los demás trabajan en el campo a jornal ochenta días  y lo mismo dichos sus hijos de mayor edad. "

 

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 Esta es la transcripción literal, salvo error, que he conseguido en la Red:

 "37.ª Alatrigessima septima Dijeron que enesta Villa hai nuebe Barcos parapescar uno llamado San Diego propio de D.n Diego Perez decobrezes Vecino deesta Villa: alq.e porno hir alamar seleconsidera solo dos partes deloquesepesca lasque lebalen cada año de utilidad seiscientos rr.s: otro llamado de san Antonio de Padua propio // 234-V // de Antonio de Udias Vecino deesta Villa alquepor hir almar personalmentte seleconsideran de utilidad cada año tres partes deloquese pesca que balen nobezientos rr.s: otros dos tiene Manuel deZelis Bargas eluno llamado San Leon y el otro quese llama san Justiano? alquepor hir almar seleconsideran cincopartes óquiñones deloquese pesca; es hasaver una porsupersona y dos porcadauno delos dhos dos Barcos lasqueleproduzen mill y quinientos rr.s cada año arrazon cadauno de trescientos r.s porconsiderarseles hir almar Ciendias enelaño y ganar cada dia // 235 // Cada pescador y cada parte de Barco tres r.s assi mismo tiene otros dos barcos Manuel de Narganes: eluno llamado Santa Ana: elotro quesellama san Phelipe Neri aquien Leproduzen cada año los dos mill y doscientos rr.s porno hir el personalmente al Mar: otro propio de Juan Gutierrez Gaian alquele bale porhir el al Mar nobecientos rr.s portres partes quetiene de todo loquese pesca; el que sellama santta Theresa de Jesus: otro llamado san Anselmo propio de Manuel de Zulaica alq.e por hir al Mar seleconsideran trespartes deloquese pesca y cadauna Lebale trescientos r.s // 235-V // quejunttas hacen nobecientos rr.s anualm.te y otro llamado san Vizentte Ferrer propio de Juan Pastor? del Castro, alque por hir al mar seleconsideran de utilidad tres partes delo quesepesca quele balen nobezientos r.s y queel numero de marineros matriculados quese emplean enel exerzicio de hir apescar al Mar son Ciento y Veinte Inclusos los hijos defamilia demaior hedad queganan Lomismo quelos Padres portener Iguales partes deloquesepesca y atodos seles haconsiderado por Ciendias quecada uno ba ala Mar enlacostera delos Besugos atrescientos arrazon cadadia de tres rr.s // 236 // y aexcepcion dealgunos Artesanos q.e como quedadicho yase emplean ensuoficio todos losdemas Travajan enel Campo ha jornal ochenta dias arrazon dedos R.s encadauno y Lomismo dichos sus hijos de maior hedad Yrresponden"



1901 - UNA EXCURSIÓN A "LLENO"

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Artículo publicado en "LA ATALAYA ", el día 20 de agosto de 1901, en la que el vecino, y corresponsal de este periódico, J. Gutiérrez de Gandarilla, relata una excursión a la sierra y pico de Lleno, lugar emblemático, al sur de San Vicente, y encima de Gandarilla, siendo el punto más alto del municipio.





(Este artículo se publica como homenaje a D. Juan Gutiérrez de Gandarilla, oriundo del pueblo de Gandarilla, autor de novelas y cuentos costumbristas, emigró a la Isla de Cuba en los últimos años del siglo XIX, colaborando en la revista "La Montaña", "El Pueblo cántabro" de la Habana y otras, así como en "La Atalaya" de Santander, regresando a su tierra, y llevando un cargo político en Val de San Vicente.)


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"Enclavada en los límites que forman los Ayuntamientos de Val de San Vicente, Herrerías, Valdáliga y San Vicente de la Barquera, siguiendo la orilla derecha del raudo Nansa y sirviendo como de dorado marco al hermoso cuadro que presenta este pueblo de Gandarilla, se halla la conocida montaña de Lleno (una de las famosas estribaciones de los tan celebrados Picos de Europa) de forma cónica, arenosa, que dá nombre á uno de los ríos que desembocan en el mar Cantábrico por la histórica villa de San Vicente de la Barquera, y como á unos mil metros sobre el nivel de dicho mar. 

Grandes deseos tenía yo de subir á la cumbre de esta montaña y poder contemplar desde allí, á mi gusto, el extenso y variado panorama que la circunda, uno de los más hermosos, entre los muchos que á cada paso nos presenta la pródiga Naturaleza en esta querida tierruca

Por fin, el día 8 del actual vi cumplidos mis deseos, merced á una excursión, con merienda y todo, que proyectamos hacer á dicho punto, algunos touristas de este pueblo. No siempre han de ser touristas los extranjeros en nuestra tierra; alguna vez lo hemos de ser nosotros, los nativos en ella. 

Formaban «la expedición» la encantadora é ilustrada señorita Filomena Noriega, distinguida colegiala que, á su natural belleza une un exquisito gusto artístico y una modestia sin límite, y las no menos bellas y simpáticas señoritas Anacleta Sánchez y Dolores Blanco. También nos acompañó la señora de Pellar, doña Josefa Blanco. 

Del que se ha dado en llamar, sin razón para ello, sexo fuerte, íbamos don Inocencio Gutiérrez de Gandarilla, don Tomás Noriega. don Raimundo Pérez Canal, don Leoncio Pellar, don Venancio Blanco y... un humilde servidor de ustedes. 

Para que la excursión resultara más chic, se acordó que las señoritas subieran las cestas con la merienda, y los hombres las borrachas con el vino, cohetes, tabacos y demás impedimenta: siendo la hora señalada para la salida las ocho de la mañana, y el punto de subida la parte de montaña que da vista á Bielba, y la bajada por el lado contrario, ó sea por Labarces. 

A esa hora, próximamente, y bajo los ardorosos rayos de un sol que parecía tropical, salimos todos de la magnífica casa de don Tomás Noriega. emprendiendo viaje por El escoboso, Praón, Cuesta de Cesura y Collado de Bielba. donde se hizo la primera parada y se requirieron las borrachas, para tomar un poco de ánimo, y poder continuar la marcha por entre aquellas escabrosidades. 

Media hora duró el descanso, y á pecho por la pendiente de los Pigúesos llegamos al nacimiento del rio Lleno, haciendo alto, para tomar las once, sentados al pie de aquella fresca y cristalina fuente, pero antes de llegar á aquel hermoso sitio ¡cuánto yo me reí por el camino viendo á las pobres señoritas, fatigadas y sudorosas, encarnadas como la grana (á pesar de los quitasoles y sombrillas que llevábamos) ir tirando, cuesta arriba, de las cestas con la merienda, y dar cada resbalón y caída en brañas y vericuetos que más de una vez tuve compasión de ellas y les ayudé á subir su pesada carga, junto con la bota que á mi me había tocado llevar en suerte! 

Nuevo descanso, y tras otro esfuerzo por fin llegamos á lo más alto de la montaña, á Peña Escajal, de cuyo punto se divisa el más hermoso panorama que puede soñar la calenturienta imaginación de un exaltado. A la simple vista se abarca un circuito de más de veinte leguas en derredor, «cuajado» de pueblecitos, pequeñas montañas, bosques y valles, que, heridos por los rayos del sol del mediodía, rielando en las puras aguas de sus mil arroyuelos, formaban caprichosas variantes de fulgidos colores, sobresaliendo, entre ellos, el verde oscuro de los árboles, el blanco de las casas y el violáceo de las nubes, «posadas» sobre las crestas de los montea y peñas. 

Yo no alcanzo á comprender de otro modo más que por imposiciones de la maldita moda que haya un español que se gaste muchos miles de pesetas recorriendo todos los años Suiza, Alemania, los Alpes y otros puntos de Europa, y desconozca completamente lo que tenemos por acá, en esta privilegiada «tierruca», que si no es mejor, al menos es tan bueno como eso que tan caro les cuesta, y con la ventaja de ser «nuestro» y poderlo ver sin ocasionarles tan grandes gastos, que muchas veces les conducen á la ruina. 

Desde lo alto del Lleno se ve, al Norte, el proceloso mar Cantábrico en toda su extensión de Cabo Mayor á Llanes; al Este, Peña Castillo, Peña Cabarga y otras cuantas inmediatas; al Sur, Peña Labra, montañas de Reinosa y Peña Sagra; al Oeste, los tan ponderados Picos de Europa, cuyas cimas se ven cubiertas de nieve perpetua. 

Mucho tiempo estuvimos allí, extasiados, contemplando tanta belleza y sin acordarnos de la merienda, que, á la sombra de la Peña cuidaba la camarera. Yo aproveché aquel tiempo para anotar en mi cartera los nombres de los pueblos que se veían, y que yo conozco. 

Segús mis notas, aparece en primer término Gandarilla, situado en la falda Norte de dicha montaña, Hortigal y San Vicente de la Barquera, cuyo histórico puente de la Maza y convento de San Francisco, se ve en toda su estensión, y se cuentan, perfectamente, desde aquellas alturas, y á pesar de la distancia, sus 28 arcos. 

Siguen luego Santillán, Boria, Serdio, Estrada, Pesués, Unquera, Helguera, Prío, Molleda, Cabanzón, Casa María, Otero, Cades, Bielba, Lamasón, Peñarrubia, Labarces, minas de la Florida, Roiz, Treceño, Villanueva Caviedes, Vallines, Lamadrid, La Revilla, El Tejo, Ruiseñada, Seminario y villa de Comillas, Ruiloba, Colegio de Cóbreces, Ayuntamiento de Udías, San Vicente del Monte, Bustriguado y el Perujo. Pertenecientes á Asturias se ven: Colombres, Pimiango, San Yusté, Noriega, Vilde, Villanueva, Merodio, Abándames, Alebía y el palacio de Bores. 

Si la vista no se cansaba de contemplar desde aquellas alturas tan hermoso y variado panorama, en cambio el estómago se quejaba ya de falta de alguna cosa más positiva después de la caminata de dos leguas largas, por riscos y peñascales. 

Tendimos pues, los blancos manteles bajo la gran peña, en la sombra que proyectaban sus altos picachos, y previa una salva de dos docenas de cohetes y voladores, nos pusimos á merendar tumbados sobre la verde braña á la vista de este pueblo, y aspirando el suave perfume que exhalaba el campo alfombrado de aromáticas plantas. 

Al final de la merienda el don Raimundo Pérez Canal (que es poeta, músico, cantante indiano, y maestro de escuela, todo en una pieza) se inspiró de tal modo que improvisaba versos lo mismo que el que echa huevos á freír, y mientras él recitaba alguna de sus inéditas composiciones, otros nos entretuvimos en confeccionar un pequeño ramillete de odoríficas flores silvestres que ofrecimos como recuerdo de aquel grato dia, y premio á su natural belleza, á la simpática señorita Filomena Noriega, al mismo tiempo que, por unanimidad se acordó coronar en el acto, con el simbólico laurel, cogido en las verdes matas que en Lleno existen, al eximio Raimundo P. Canal, como al primer vate del pueblo. 

El poeta no se puedo quejar de la corona que le ofrecimos en las alturas del Parnaso (digo de la montaña de Lleno) formada de laurel y entretejida con tomillo, cantueso, orégano, regaliz, madreselva, claveles y amapolas silvestres, y hecha por las lindas manos de las bellas señoritas que nos acompañaban. Es decir, que allí se premió el mérito en el poeta Raimundo Pérez Canal, y la hermosura en la ilustrada señorita Filomena Noriega. 

El resto de la tarde lo dedicamos á visitar las grandes cuevas y cavernas que existen en dicha montaña, encontrando en ellas muchas y variadas muestras de estalactitas y estalagmitas, algunos fósiles y maderas petrificadas, siendo verdaderamente notable que, en lo que se puede llamar corazón de la roca, formada hoy por piedra y tierra calar, se encuentren, adheridas á ella, infinidad de piedrecitas del mar, restos de crustáceos y otras materias que denotan haber llegado hasta allí en algún tiempo las aguas del Cantábrico. 

De todo esto recogí varias muestras, como también de la blanca arena quo hay en los pequeños lagos que existen en lo más alto de la montaña, cuyas orillas se ven continuamente festoneadas por el berro y el peregil del pozo. No dudo que si se hicieran calas, ó excavaciones, en la montaña de Lleno se encontrarían cosas de gran mérito, pero... allí se estarán, como tantas otras de esta tierra, por muchos años, durmiendo el sueño del olvido. 



A la puesta del sol dimos vista á Labarces, ya descendiendo de la montaña, y entonces el poeta (que por lo visto aquel día le venteaba la musa) nos endilgó estos versos, con música de su propiedad: 


«Estamos en Pico Alto, 

muy cerquita de Berambres, 

contemplando á Rulosa 

y el gran pueblo de Labarces.» 


Algunos labradores de este último pueblo, que estaban á la yerba en unos prados inmediatos, aplaudieron al vate, y después de haber hecho allí otra descarga de cohetes y medias bombas, siguiendo la explanada de Cudaña, llegamos á este pueblo de Gandarilla, como suele decirse, entre dos luces, satisfechos de nuestra excursión á Lleno, puesto que en ella nos divertimos grandemente, á pesar de los resbalones, caídas y otras peripecias que nos ocurrieron y sería prolijo relatar. 

Paseos como este debían repetirse en nuestra querida Montaña, y darles publicidad á fin de que los españoles se enterasen de lo mucho bueno que hay por aquí, y nos visitasen más á menudo que lo hacen. El que venga una vez siquiera, vuelve irremisiblemente, porque esto es superior á toda ponderación, y hay que verlo para formarse una idea de ello."

J. GUTIERREZ DE GANDARILLA. 

Agosto 17 1901. 


1901 - LAS NIEVES.

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 DESDE GANDARILLA

Las Nieves 

"LA ATALAYA"



 Publicado en "La Atalaya", el 12 de agosto de 1901


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"Sr. Director de La ATALAYA.

 Muy señor mío y amigo: Después de haber escrito tanto para el público, sobre diferentes asuntos, sería en mí una ingratitud no decir siquiera cuatro palabras referentes á la solemnidad con que se celebró en este pueblo, el día 5 del actual, la festividad de su excelsa patrona la Virgen de las Nieves.

 Empezaron los cultos religiosos con la procesión de la milagrosa imagen, alrededor del suntuoso templo, por el florido campo que lo circunda, llevada en hombros por cuatro distinguidos jóvenes del pueblo, y colocada sobre artística parihuela. Al frente de la procesión iban dos robustos mozos disparando cohetes y medias bombas, cual si con eso quisieran probar que todos estábamos dispuestos á defender los derechos de nuestra sacrosanta Religión.

 Luego hubo misa cantada, ó de tres en ringla, con sermón, estando éste á  cargo del ilustrado párroco de Serdio don Salvador de la Puente, el que con fácil palabra y gran unción evangélica, arrebató, en más de una ocasión, al numeroso auditorio que lo escuchaba entusiasmado. Adornó su discurso con bellas y adecuadas figuras prácticas y retóricas, y á mi pobre juicio, dicho sermón, puede pasar como un modelo dentro de la oratoria sagrada.

 Celebró el Santo sacrificio de la misa el señor cura del pueblo don Isidro Gómez, asistido por el citado don Salvador de la Puente y por el dignísimo señor arcipreste y párroco de Luey, don Buenaventura Ozneta, de tan grata memoria en esta parroquia, que sirvió durante más de veinte años.

El coro estaba á cargo del muy querido maestro del pueblo don Raimundo Pérez Carral, acompañado por los célebres cantores don José Pérez Villa y don Isaac Noriega, todos hijos de este lugar.

 Con tales elementos excuso decir que la misa cantada resultó de primera, ó como diríamos en argot periodístico, á toda orquesta.

 Por la tarde se rezó el Santo Rosario, cantando una preciosa salve á nuestra patrona varias simpáticas jóvenes, que á su gracia y hermosura unen la acendrada fé heredada de nuestros mayores.

 Durante estos cultos se vio la iglesia materialmente llena de fíeles, tanto del pueblo como forasteros, sirviéndonos esto de gran satisfacción á los verdaderos católicos, hoy que tanto se persigue por todas partes nuestra Religión, y particularmente á sus ministros. Felizmente para nosotros, aun no ha llegado á estas incomparables aldeas la hidrofobia antirreligiosa que invade á nuestra España, y quiera Dios que nunca llegue, para bien de todos, porque una vez perdida la fe y la esperanza por estos aldeanos, dado lo mísera que para ellos debe ser la vida, por el rudo y penoso trabajo á que se dedican, causa horror pensar al extremo que los conducirían las devastadoras doctrinas de estos tiempos.

 A las tres, próximamente, empezó la romería, que es como si dijéramos el epilogo de la fiesta del patrono en estos pueblos. En el hermoso sitio del Cagigón, bajo corpulentos árboles y sobre el verde césped de extensa braña, se formó el baile genuino de la Montaña, la jota, inmediato al corro de bolos y no muy lejos de la taberna.

Puestos con dulces; mesas   con refrescos y bebidas espirituosas; canastas con frutas; rosquilleras, barquilleros y demás caterva de vendedores ambulantes formaban, en unión del baile y del juego   de bolos, el animado cuadro que presentaba la romería.

 Allí tuve el gusto de saludar, entre otras muchas bellas forasteras á las encantadoras señoritas de San Vicente de la Barquera, Marcelina y María Diez del Cotero, hijas del notable juriscondulto y secretario de aquel Ayuntamiento don Miguel Díaz del Cotero y á la discreta Laura Noriega, á las cuales acompañaba la distinguida señorita de este pueblo, Filomena Noriega.

 También recuerdo haber visto en la romería á la simpática señorita de Portillo, Yabelina Vada, de San Vicente. Juliana Gutiérrez, y de Bielba, Demetria y Paula G. de la Torre.

 Mucho y honestamente se divirtió la gente joven celebrando la fiesta de la patrona del pueblo, y los viejos como yo, también nos divertimos viéndolos gozar á ellos, y recordando los tiempos felices en que tomábamos parte activa en tales fiestas que aminoran en algo los mil sinsabores de que está lleno el  camino de la vida en este valle de lágrimas.

 Sin otro particular por hoy, quedo suyo afectísimo amigo y S. S. Q. B. S. M.

 J GUTIÉRREZ DE GANDARILLA.

Agosto 7 de 1901."

1901 - LA FERIA

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 DESDE SAN VICENTE

La feria

"LA ATALAYA"





    Publicado en "La Atalaya", el 26 de enero de 1901


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 Señor Director de LA ATALAYA.

 Muy señor mío y de mi distinguida consideración: Acaba de terminarse en esta villa la tradicional feria de San Vicente, que se celebra todos los años los días 22, 23 y 24 del corriente. Han sido muchas las transacciones hechas, tanto de ganado vacuno como de cerda, observándose que el ganado sostiene sus altos precios, á pesar de resentirse algunos ganaderos de la escasez de yerba. La concurrencia á esta renombrada feria ha sido, si cabe, más numerosa que en años anteriores, pues no sólo por el número de tratantes que á ella concurrieron, sino por el de romeros que ha sacado de sus hogares el espléndido día del 22, atraídos por los encantos de esta histórica villa donde encuentra siempre el forastero hospedaje cómodo y barato y un ferial como pocos, á pesar de que este año se hacía menos cómoda la estancia en él por un extenso pozo que se formó por las lluvias de días anteriores. Sin duda las ocupaciones del señor Alcalde le impidieron dar salida á las aguas estancadas. como á muy poca costa se hubiera conseguido, evitando que las reses se metieran en aquel charco inmundo, con descontento de sus dueños y de los que pretendían examinarlas para comprarlas.

 P. R.

 San Vicente de la Barquera, enero 25 de 1901.