1876 - SELLOS DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA
En el fondo documental, digital, del “Archivo Histórico Nacional” se puede ver una nota de la Alcaldía de San Vicente de la Barquera, del día quince de noviembre de 1876, y firmada por el Alcalde y con tres imágenes diferentes, acerca del “sello de San Vicente de la Barquera” que dice así:
“Nota.
Dicha nave estaba tripulada por marineros naturales de esta Villa y las de Santander Laredo y Castro Urdiales, y su figura no era como la que aparece del sello, pues el antiguo sello que desapareció durante la guerra de los franceses representaba una galeota con un castillo y cadena, y unos marineros con los remos tendidos en ademan de bogar.
San Vicente de la Barquera y Noviembre 15 de 1876.
El Alcalde
Fran.co del Barrio y Fernández.”
1919 - VENTA DEL CASTILLO
El diecisiete de febrero de 1919 se publicó en “El Cantábrico” la venta del Castillo de San Vicente con el fin de su reedificación por el adquirente. Tal artículo decía así:
“En uno de nuestros pasados números dimos la noticia de que, por el diputado provincial, nuestro particular amigo don Victoriano Sánchez, y para un acaudalado asturiano, se había adquirido el ruinoso Castillo de San Vicente de la Barquera, con el propósito de reedificarle conforme á su antigua traza.
Esta noticia da actualidad á un hermoso trabajo de nuestro también buen amigo el ilustrado historiógrafo montañés don Julián Fresnedo de la Calzada.
Se publicó aquel trabajo en el número correspondiente al tercer trimestre de 1918, de la notable Revista "Arte Español"; se titula "San Vicente de la Barquera. -Apuntes retrospectivos para su reconstrucción", y es un resumen histórico de la villa, que fué una de las cuatro de la costa montañesa en los pasados siglos, y una acertada descripción de lo que fué su castillo, erigido probablemente por un duque de Estrada, casado con una hija del rey leonés Alfonso III el Magno, y por su orden, en 884, para defensa y seguridad del núcleo de población allí fijado cuando los hispano-godos, huyendo del avance de la invasión árabe, retrocedieron hacia el Norte de la Península.
Fue ese castillo, cuya silueta ruinosa se destaca en lo alto de la colina donde tiene sus cimientos, vigilante defensor de San Vicente contra las invasiones de los normandos y demás piratas del mar y contra los enemigos de la parte de tierra, y á su amparo fondearon durante la Edad Media las barcas de pesca costera y las de altura que se dedicaban á la de la ballena; las naos de comercio que tan activo le hacían entre las cuatro villas y los puertos de Flandes, y las galeras de guerra, destinadas á luchar contra los ingleses ó de paso para las aguas andaluzas donde combatir con los sarracenos.
Al cobijo de ese castillo se crearon industrias importantes; se alzaron centenares de edificaciones; se formaron bancos de pescadores, de menestrales, de hidalgos y de calafates, que trabajaban en los astilleros.
Todo esto y más comprende el instructivo trabajo del señor Fresnedo, que ha merecido justos elogios de la "Revista de Arquitectura", por el acierto con que reconstruye la derruida fortaleza y expresa lo que fueron las murallas, de las que apenas quedan vestigios, los torreones, las espaciosas salas y cuanto fue en un tiempo orgullo de la villa.
Estudios como el del señor Fresnedo de la Calzada, son en extremo útiles y necesarios, pues sobre ellos ha de cimentarse en el porvenir el edificio de la Historia de nuestra provincia, toda en embrión, aunque de algunos años á esta parte son varios los señores amantes de la Tierruca que van reuniendo los materiales que han de servir para aquel interesante trabajo que todos esperamos y tanto se desea.”
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(Se publicó aquel trabajo en el número correspondiente al tercer trimestre de 1918, de la notable Revista "Arte Español"; SAN VICENTE DE LA BARQUERA. Apuntes retrospectivos para su reconstrucción.
Julián Fresnedo de la Calzada. (Arte Español. Año VII, tomo IV, m\m. 3, 1918, tercer trimestre.
Pocos sitios de tan pintoresca hermosura como el pueblo de San Vicente de la Barquera, en la provincia de Santander. Vieja villa de bastante importancia en la Edad Media, conserva aún restos de su pasado, en un largo peñasco bordeado por dos rías que le dieron gran valor defensivo. Altos muros de un castillo desmantelado, paredones de muralla cubiertos de yedra, viejas casas arruinadas, una iglesia del XIII, cuya hermosa torre fué torpemente restaurada hace pocos años, es lo que queda después de numerosos incendios y asolaciones. Tras las montañas verdes que rodean el pueblo, vense los días claros, las cumbres imponentes y nevadas de los Picos de Europa.
El Sr. Fresnedo trata de rehacer con gran fortuna el plano del pueblo en la Edad Media.-T.)
1893 - ROGATIVAS
El veintisiete de Junio de 1893 se publicó
en “La Atalaya” el siguiente artículo sobre unas “rogativas” efectuadas por el
pueblo de Gandarilla y firmado por J. Gutiérrez de Gandarilla y que dice así:
"DESDE GANDARILLA
Señor director de LA ATALAYA:
Muy señor mío: Según decía á usted en mi última, ayer 23 fue el día señalado para trasladar ó volver la preciosa imagen de Nuestra Señora del Andrinal al pueblo de Labarces, de donde es patrona, y que estaba en éste de Gandarilla con motivo de la rogativa: la hora las cuatro de la tarde, y desde mucho antes se dejaba ver en todos los semblantes esa alegría propia aquí en esta clase de funciones. Reunidos los dos pueblos en nuestra santa iglesia parroquial, los dos muy dignos sacerdotes don Manuel García y don Isidro Gómez, acompañados por el coro de este pueblo, entonaron el "Te Deum" en acción de gracias por la súplica obtenida; una vez concluido se organizó la procesión, cantando el Santísimo Rosario.
Ya en el sitio de costumbre para encontrarse y despedirse las dos milagrosas imágenes, seis hermosas jóvenes de Gandarilla, en representación del pueblo, cantaron magistralmente preciosos versos alusivos al acto, y otras seis no menos bellas del pueblo de Labarces les contestaron en igual forma dándoles las gracias, tanto por el buen recibimiento que se les había hecho el día 13, como por la cariñosa despedida que entonces se les hacía. Seguidamente, el muy querido é ilustrado señor cura de Labarces, don Manuel García, haciendo púlpito de una pequeña piedra que en aquel sitio sobresale un poco más que las otras, pronunció un notable discurso-plática, lleno de unción evangélica y versando el asunto sobre lo que significa la inmemorial costumbre de estos des pueblos al hacer la rogativa, y la acendrada fe y devoción que se les tiene á nuestras santas patronas, terminando con fuertes vivas á la Virgen de las Nieves, la del Andrina!, la religión católica, y últimamente Gandarilla y Labarces, que fueron todos por el numeroso público calurosamente contestados, llegando entonces el entusiasmo hasta un grado indescriptible.
Excuso decir á usted que tanto allí como durante toda la carrera no cesaron un momento de atronar el espacio con sus estampidos los cohetes, voladores y medias bombas que seis ú ocho jóvenes lanzaban por los aires como si allá en célicas regiones fueran á saludar á la que es reina de los ángeles y corredentora del género humano: y para probarle á usted una vez más la verdadera fe y devoción que todavía por la misericordia de Dios se conserva en estos pueblos, bástele saber que, al separarse las dos milagrosas imágenes, casi todas las mujeres y muchos hombres de Labarces besaban y le ponían favores á nuestra santa patrona la virgen de las Nieves, que con seguridad no se harán esperar mucho tiempo, pues como dijo allí el citado don Manuel García, nunca tan buenas Madres abandonan á aquellos- de sus hijos que tan bien las quieren.
No solamente en los pueblos de Labarces y Gandarilla, sino en todos los comarcanos, serán los días 13 y 23 del corriente dos fechas memorables que todos tendremos siempre grabadas en nuestros corazones, tanto por el favor obtenido, cuanto por la pompa y solemnidad como se ha hecho esta rogativa.
Sin otro particular, quedo suyo afectísimo
s. s. q. b. s. m.,
J. GUTIÉRREZ DE GANDARILLA.
Julio 24 de 1893."
1849 - SOBRE EL PUERTO
El seis de septiembre de 1849 se publica en "La España", edición de Madrid, un artículo del corresponsal en Potes, sin firmar, que con fecha 30 de agosto envía y, en la segunda parte del mismo, hace referencia a San Vicente de la Barquera, su situación marítima y puerto en las siguientes condiciones que me parecen interesantes de reproducir:
(Nota: Hay algunas palabras “mal sonantes”
que están fielmente reproducida y algunas otras con faltas de ortografía, tal y
como vienen redactadas)
“POTES 30 de agosto.
(De nuestro corresponsal).
…Habiendo estado en san Vicente de la Barquera, no puedo dispensarme de decir algo de este puerto abandonado que tanto interés inspira por los recuerdos de su antigua opulencia y las ruinas de su población, situada en una pintoresca peninsulada sobre dos hermosas vías con magníficos puentes de piedra, el más antiguo de mil quinientos cincuenta y seis pies y treinta y dos ojos, y una tercera parte de aquellos con nueve de éstos el construido ha justamente cincuenta años, más abajo del arruinado donde debía estar con ventaja del camino de la costa, á que ambos dan paso, y del puerto á quien tanto ha perjudicado por hallarse contiguo al embarcadero. Creía, porque tal se dice en todas partes, que este puerto estaba perdido; pero no es así, porque yo vi á pocos pasos del embarcadero y salir el 19 del anterior julio con destino á la Carraca, la goleta hanoveriana Aguela, capitán H. F. Hollander, de la matrícula de Gueden, de ciento sesenta toneladas, y de calo trece pies y medio, con 1,369 codos cúbicos de madera roble, habiéndolo hecho con igual rumbo el 7 de febrero el bergantín ruso Benedit, capitán D. F. H. Hocterchoff, de igual porte, con 4,416 1/2 codos, y el 12 de marzo el Lovisse, etc., Betty, capitán Forean Thomesese, de 213 toneladas, con solo 1,134 5/8 codos, por no haber madera menuda para abarrotarle, ambos de la matrícula de Riga, con otros buques de menor porte; y este movimiento debido á la corta de maderas de aquellos contornos. Como esta carretera de Liébana está proyectada á Tinamayor, ensenada ó ría que forma el Deva al desembocar en el mar sin población ni muelle, debiera mandarse reconocer excrupulosamente á la vez que el puerto de san Vicente y comparar sus barras, fondo, corrientes, etc., para conocer cuál de los dos ofrece mejor fondeadero y entrada en todas estaciones, prefiriendo aun en iguales circunstancias á San Vicente de la Barquera, porque si habría que prolongar la línea de la carretera una escasa legua, buen ejemplo nos ofrece dentro de la provincia la de Castilla por Torrelavega, que despreciando el mar en Suances, recorre varias leguas más para buscarle en Santander, población y puerto notables que no hay en Suances, como lo es san Vicente con respecto á Tinamayor, punto en que todo habría que hacerlo, invirtiéndose inecesaríaramente los grandes capitales que exige la construcción de un pueblo con muelles, sobre tener aquel término propio y mejor campo. Con la esportacion que el camino de Liébana ofrecerá á San Vicente, especialmente en los considerables artículos de maderas, corcho y vino, los que le proporcionaría el proyectado por el valle ó acerca del Nansa que termina en él, y el movimiento que recibiese con el de la costa de Asturias, si así y todo nunca volvería á su antigua opulencia, reviviría al menos este desgraciado pueblo, y habría este puerto más en la brava costa Cantábrica entre Santander y Gijón, que diese impulso á la riqueza de los pueblos del interior de esta parte de la Península, hoy pobres y llenos de preocupaciones...? Escribo para que el gobierno y el público sepan todo esto, y ruego á vds. dediquen la atención de aquel para que mande hacer un reconocimiento que tan poco le cuesta.
Indicaré otro abuso que noté en San Vicente.
Cual si su puerto sufriese poco con las arenas que naturalmente se aglomeran,
las maderas que debieran colocarse en determinado sitio para embarcarlas, se
hallan meses y meses arrojadas en el mismo puerto deteniendo las arenas que las
mareas remueve, en términos de verse muchas piezas casi del todo cubiertas. A
todos oía lamentarlo, como es muy de lamentar, pues el puerto está desconocido
desde que por vez primera le vi el año anterior; pero nadie pone remedio. Sirva
de aviso á quien deba remediarlo.”
1910 - FIESTA DE LA BARQUERA.
El doce de septiembre de 1910 se publicó en "El Cantábrico", y firmado por "Masanfer", el siguiente reportaje sobre la fiesta de "La Barquera" que dice así:
1905 - VIAJE EN TREN DE CABEZÓN A LLANES
El veintiséis de junio de 1905, se publicó en la primera página de "El
Cantábrico", un curioso reportaje sobre un "Viaje en tren de Cabezón a Llanes"
No es un artículo o reportaje dedicado en "exclusiva" a San Vicente de la Barquera, pero sí son citadas y descritas algunas peculiaridades referentes al trayecto por nuestra zona del naciente ferrocarril que se estaba terminando de construir y donde el articulista recoge, (y no firma), esta excursión.
Por parecerme de interés y "curiosidad" reproduzco el artículo completo de El Cantábrico que dice así:
"DE CABEZÓN Á LLANES
Habíamos recorrido toda la
línea, de Santander á Llanes, en ese tren. Ya está la vía en condiciones de que
por ella se circule: faltan sólo algunos detalles para que se pueda inaugurar
el servicio público. Muy pronto, los montañeses y los asturianos, yendo y
viniendo, se encontrarán y se saludarán con afecto en las estaciones de cruce.
Llanes estaba ayer
rebosante de animación. Las calles, los mercados ofrecían ese aspecto de los
pueblos laboriosos, que gozan del día de asueto, que van con sus ganancias de
la semana á comprar á las tiendas y á los puestos. Y recorriendo sus vías,
contemplábamos la variada edificación las construcciones nuevas, los palacios,
las viviendas, limpias y cómodas.
...Los dos montes, las dos
mesetas colocadas allí por los caprichos de la Naturaleza, las dos llamadas
Tinas, Tina mayor y Tina menor, dejan un huequecito entre sus laderas para que
desemboque el rio Nansa. Cuando pasamos frente á este espectáculo de un río que
corre, de un mar que le espera, de unos montes que no han podido cerrar el paso
al agua dulce que baja de otras alturas, se nos anuncia que Asturias va á
empezar, precisamente en una obra de los constructores de la vía, en la mitad
del puente de Unquera. Con afán deseamos penetrar con el tren del Cantábrico en
la provincia hermana. Va a ser un momento de emoción sincera.
Confesamos que una línea
férrea de tanta y tan deleitosa impresión no la hemos recorrido nunca.
Vanos á Colombres, el pueblo de los afortunados de América, aquel pueblo nobilísimo que también, como Llanes, sabe honrar á sus hijos insignes.
Los suntuosos edificios de
los buenos patriotas que volvieron á sus pueblos con sus ganancias, coronan la
altura, y la más hermosa y amplía de todas las construcciones que se ven es el
Hospital, creado por la caridad fecunda de tan buena gente. Entramos en el
túnel del Peral, sobre el cual, un poco desviado á la derecha, aparece el
cementerio de Colombres, con los soberbios panteones donde descansan ó
descansarán los restos de los generosos que tanto bien hacen al pueblo. ¡Del
Hospital á los panteones cuántas bendiciones caminarán, sobre los aires puros
de las montañas, que tanto sanean y purifican la voluntad de los adinerados!...
La vía se prolonga entre manzanales; ya hablan los excursionistas de la frescura de la sidra asturiana, de la espuma blanca de esa sidra «de tiro» que hace saltar el tapón de las panzudas botellas, después de las comidas fuertes, sustituyendo al champán en el trabajo de alegrar á los comensales. Y en seguida, en cuanto se ha pasado el viaducto de Cabra —de recia y esbelta construcción, como los demás viaductos y puentes de la línea—, se nos aparece lo más típico de Asturias: el hórreo. Son dos los que se ven, montados «al aire», como una remembranza de las viviendas lacustres. En ellos se depositan los frutos de la tierra, como si se hubiesen de santificar, alejándolos del contacto con el suelo, entregándolos á las caricias del aire puro, antes de ser alimento de los hombres. ¡El hórreo, con su cubierta á cuatro aguas, con su balcón, con su solana, con su silencio de casa de los frutos, donde no han de penetrar los roedores, que todo se lo quieren comer; donde no habitan los hombres, que se lo comen todo!...
...¡Gran sorpresa para el
viajero «primerizo»! El mar, el inmenso mar, con su azul intenso, con su
agitación constante, con sus rizos de espuma, con su corte de brisas, aparece
ante la vista. Por Guipúzcoa, yendo en un tren hacia Zumaya, recibimos cierto
día igual sorpresa. El mar no se anuncia en la marisma, no le vemos primero en
la bahía, no le contemplamos antes entre las playas, entre las rocas, entre los
juncales; de pronto se nos manifiesta, trayendo á la imaginación, cansada de
los valles angostos, de las gargantas estrechas, de los bosques, de las
callejuelas, la idea de lo infinito.
Entramos en un bosque
sombrío, y á poco dejamos atrás los álamos, los chopos, los castaños para
encontrarnos con otro pueblo pintoresco, diseminado entre la vegetación:
Pendueles. De entre la espesura una torrecilla surge: es de un templo que se
esconde en la verde confusión del follaje, ocultando sus muros entre las hojas,
sus cimientos entre las raíces. Un campesino con su dalle y con su montera; una
mujer con la herrada de anchos aros nos recuerdan también que estamos en
Asturias... Vidiago es un verde rincón de región tan bella. Sus viviendas no se
atreven á asomar entra las ramas pobladas de hoja: por un lado, parece un
bosque inhabitado: más allá, desde el tren, vemos las casitas blancas,
descansando junto á los troncos, estos inmóviles, Silenciosos centinelas que
amparan en la Montaña y en Asturias el sosiego de tantos enriquecidos! ¡Qué
amena estancia, Vidiago, para los espíritus fatigados! Junto al mar, sobre las
rocas, entre los manzanos, los álamos, los castaños, los eucaliptus, los robles
y los chopos...
Y penetramos en un extraño
túnel, en un túnel doble, de cuatro «bocas». Cuando se construyó, en medio de
él se abrió la superficie de la montaña, y se acordó hacer un pequeño trozo á
cielo abierto y continuar después á través de las entrañas de piedra del alto
monte. Se llama el túnel «de los Altares»: apenas salís de él volvéis á
penetrar en su segundo trozo, y mirando al interior desde el vagón veis en el
centro un poco de luz, como si hubiese allí una claraboya. Este túnel y el que
hay cerca de La Acebosa (estación de San Vicente) son los más curiosos detalles
de la línea. Este de La Acebosa se titula de la Castañera y es su entrada un
desmonte en trompa y hay en su salida una gran losa de tapa. Parece este túnel
obra de la Naturaleza, una caverna abierta en la roca viva. La sierra de Cuera
produce el efecto de las cosas magnas. Sus recias estribaciones tienen un aspecto
gigantesco. Nuestros poetas, nuestros sentimentales, nuestros pintores
montañeses han de poner en el papel y el lienzo muy bellos pensamientos cuando
hayan comprendido bien toda esta hermosura de la región asturiana.
Hemos recorrido, pues, toda la línea del ferrocarril Cantábrico desde Cabezón á Llanes. Las obras están terminadas, y ya hemos dicho que se activarán los últimos trabajos para poder inaugurar el servicio hasta Llanes. La prolongación se ha hecho muy bien. Abundan en ella las obras de fábrica, y no se ha omitido ningún gasto para la mayor seguridad y comodidad del viajero. Se ha empezado por prodigar en todo el trayecto el balastro, que es el pan de las vías férreas, asegurando con él la solidez del terreno y la firmeza del camino de hierro. Se han hecho para el servicio de los pueblos varios puentes muy esbeltos, de hormigón armado, y se han construido muy excelentes estaciones.
La Instalación telefónica
es perfecta: se divide la línea en dos secciones; la primera de Santander á Puente
San Miguel, la segunda de Puente San Miguel á Llanes. Los aparatos telefónicos
son de la casa Ericcsson, de Suecia, y además cuenta la Empresa con dos
aparatos de campaña, iguales á uno que tiene el Rey, y que lo regaló á S. M. el
Cuerpo de telégrafos.
Los relojes de la estación
son del señor don Emilio Eichberg, de esta ciudad.
Los contratistas de la
nueva línea han sido los señores don José Revilla, don José Mesones y don
Constantino Helguera. Han dirigido los trabajos el director del ferrocarril don
Manuel Huidobro y los señores don Jesús Quintana y don Ramón Velasco.
Han construido las
estaciones y depósitos los contratistas señores Laso y Rivas.
Son jefes: de la estación
de Treceño, el señor Rojo; de la de Roiz, el señor Raba; de la de San Vicente,
el señor Cañardo; de la de Unquera, el señor Solís; de la de Llanes, el señor
Carrasco.
Hoy, lunes, recorrerá la
nueva línea un tren especial de prueba, que saldrá de Cabezón á las 9'30.
Mucho deseamos que se
inaugure pronto el trayecto de Cabezón á Llanes, para que pueda el público
hacer un viaje de los más amenos por lugares bellísimos; y de vuelta de nuestra
deliciosa excursión por tan lindos pueblos y por tan pintorescos campos,
enviamos un saludo afectuoso á nuestros hermanos de Asturias, ahora que entre
aquella hermosa provincia y la nuestra se han acortado las distancias."
1901 - LISTAS ELECTORALES
El diecinueve de Abril de 1901 aparece en
el Boletín Oficial de Santander las Listas Electorales que forman diversos
Ayuntamientos, entre ellos el de San Vicente de la Barquera, y que reproducimos
a continuación:
"Lista electoral que forman los Ayuntamientos que á continuación se expresan en cumplimiento del artículo 25 de la ley de 8 de Febrero de 1877, comprensiva de sus individuos y de un número cuádruple de vecinos cabezas de familias con casa abierta, mayores de edad y que, por pagar las mayores cuotas de contribución directas tienen con aquéllos derecho de sufragio para compromisarios en las elecciones de Senadores.
San Vicente de la Barquera
D. Celestino Blanco Martínez
Fidel de Noriega y Noriega
Anselmo Calderón Bustamante
Tomás Noriega García
Laureano Blanco González
Donato Palacios Gimenez
Fermín García Gutiérrez
Maximino Gutiérrez Díaz
José Calleja Orbaneja
CONTRIBUYENTES
D. Urbano Velarde Barrio
Basilio Escandón Laverde
Juan Angel del Corro
Aquilino González Rabanal
Pedro Berroya Astarbe
José Gutiérrez Gutiérrez
Manuel Castro Noriega
Manuel Díaz del Cotero
Silverio Gómez Martínez
Francisco Molleda Vega
Gerardo Arenas Guernica
Gabino Bustamante Peral
Marcelo Villanueva Fernández
Severino Sáinz Sañudo
Antonio Suárez Pellón
Pedro García Ruiloba
Féliz Rozas Torre
Manuel Ruiz Duque
Manuel M.ª Hoyos y Hoyos
Baldomero Matamoros Vega
José Martínez Ruiz
Lorenzo
Garrido Tejedor
Feliciana Alvarez Caranceja
Antonio Valle González
Manuel Fernández Díaz
Manuel Roiz Barrio
Cecilio García Sanchez
Diego Gutiérrez Gutiérrez
Gumersindo Fuente Quintana
Serapio Roiz Bustillo
Alberto Martín Martín
José Noriega García
Eusebio Gutiérrez y Gutiérrez
Alfonso Celis Ruiz
Cirilo Gutiérrez y Gutiérrez
José González Díaz
San Vicente de la Barquera 30 de Marzo de
1901.- El Alcalde, Fidel de Noriega.- El Secretario, Manuel Díaz del Cotero."









