1876 - SELLOS DE SAN VICENTE DE LA BARQUERA

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En el fondo documental, digital, del “Archivo Histórico Nacional” se puede ver una nota de la Alcaldía de San Vicente de la Barquera, del día quince de noviembre de 1876, y firmada por el Alcalde y con tres imágenes diferentes, acerca del “sello de San Vicente de la Barquera” que dice así: 

“Nota.

 La nave del sello de la Alcaldía representa las armas particulares de esta Villa de San Vicente de la Barquera, que con un navío a toda vela en campo blanco y azul, símbolo de la que el día tres de Mayo de mil cuatrocientos ochenta y dos, y bajo el mando del General de la armada Bonifaz, rompió el puente de barcos, que sujetos con cadenas de hierro, cruzaban el río Guadalquivir, y cuyo rompimiento facilitó al Santo Rey D. Fernando la toma de Sevilla que ocupaban los moros desde el año de setecientos once. 

Dicha nave estaba tripulada por marineros naturales de esta Villa y las de Santander Laredo y Castro Urdiales, y su figura no era como la que aparece del sello, pues el antiguo sello que desapareció durante la guerra de los franceses representaba una galeota con un castillo y cadena, y unos marineros con los remos tendidos en ademan de bogar. 

San Vicente de la Barquera y Noviembre 15 de 1876. 

El Alcalde 

Fran.co del Barrio y Fernández.”

1919 - VENTA DEL CASTILLO

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El diecisiete de febrero de 1919 se publicó en “El Cantábrico” la venta del Castillo de San Vicente con el fin de su reedificación por el adquirente. Tal artículo decía así: 

“En uno de nuestros pasados números dimos la noticia de que, por el diputado provincial, nuestro particular amigo don Victoriano Sánchez, y para un acaudalado asturiano, se había adquirido el ruinoso Castillo de San Vicente de la Barquera, con el propósito de reedificarle conforme á su antigua traza. 

Esta noticia da actualidad á un hermoso trabajo de nuestro también buen amigo el ilustrado historiógrafo montañés don Julián Fresnedo de la Calzada. 

Se publicó aquel trabajo en el número correspondiente al tercer trimestre de 1918, de la notable Revista "Arte Español"; se titula "San Vicente de la Barquera. -Apuntes retrospectivos para su reconstrucción", y es un resumen histórico de la villa, que fué una de las cuatro de la costa montañesa en los pasados siglos, y una acertada descripción de lo que fué su castillo, erigido probablemente por un duque de Estrada, casado con una hija del rey leonés Alfonso III el Magno, y por su orden, en 884, para defensa y seguridad del núcleo de población allí fijado cuando los hispano-godos, huyendo del avance de la invasión árabe, retrocedieron hacia el Norte de la Península. 

Fue ese castillo, cuya silueta ruinosa se destaca en lo alto de la colina donde tiene sus cimientos, vigilante defensor de San Vicente contra las invasiones de los normandos y demás piratas del mar y contra los enemigos de la parte de tierra, y á su amparo fondearon durante la Edad Media las barcas de pesca costera y las de altura que se dedicaban á la de la ballena; las naos de comercio que tan activo le hacían entre las cuatro villas y los puertos de Flandes, y las galeras de guerra, destinadas á luchar contra los ingleses ó de paso para las aguas andaluzas donde combatir con los sarracenos. 

Al cobijo de ese castillo se crearon industrias importantes; se alzaron centenares de edificaciones; se formaron bancos de pescadores, de menestrales, de hidalgos y de calafates, que trabajaban en los astilleros. 

Todo esto y más comprende el instructivo trabajo del señor Fresnedo, que ha merecido justos elogios de la "Revista de Arquitectura", por el acierto con que reconstruye la derruida fortaleza y expresa lo que fueron las murallas, de las que apenas quedan vestigios, los torreones, las espaciosas salas y cuanto fue en un tiempo orgullo de la villa. 

Estudios como el del señor Fresnedo de la Calzada, son en extremo útiles y necesarios, pues sobre ellos ha de cimentarse en el porvenir el edificio de la Historia de nuestra provincia, toda en embrión, aunque de algunos años á esta parte son varios los señores amantes de la Tierruca que van reuniendo los materiales que han de servir para aquel interesante trabajo que todos esperamos y tanto se desea.”


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(Se publicó aquel trabajo en el número correspondiente al tercer trimestre de 1918, de la notable Revista "Arte Español"; SAN VICENTE DE LA BARQUERA. Apuntes retrospectivos para su reconstrucción. 

Julián Fresnedo de la Calzada. (Arte Español. Año VII, tomo IV, m\m. 3, 1918, tercer trimestre. 

Pocos sitios de tan pintoresca hermosura como el pueblo de San Vicente de la Barquera, en la provincia de Santander. Vieja villa de bastante importancia en la Edad Media, conserva aún restos de su pasado, en un largo peñasco bordeado por dos rías que le dieron gran valor defensivo. Altos muros de un castillo desmantelado, paredones de muralla cubiertos de yedra, viejas casas arruinadas, una iglesia del XIII, cuya hermosa torre fué torpemente restaurada hace pocos años, es lo que queda después de numerosos incendios y asolaciones. Tras las montañas verdes que rodean el pueblo, vense los días claros, las cumbres imponentes y nevadas de los Picos de Europa.

El Sr. Fresnedo trata de rehacer con gran fortuna el plano del pueblo en la Edad Media.-T.)

1893 - ROGATIVAS

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El veintisiete de Junio de 1893 se publicó en “La Atalaya” el siguiente artículo sobre unas “rogativas” efectuadas por el pueblo de Gandarilla y firmado por J. Gutiérrez de Gandarilla y que dice así:

 

"DESDE GANDARILLA 

Señor director de LA ATALAYA: 

Muy señor mío: Según decía á usted en mi última, ayer 23 fue el día señalado para trasladar ó volver la preciosa imagen de Nuestra Señora del Andrinal al pueblo de Labarces, de donde es patrona, y que estaba en éste de Gandarilla con motivo de la rogativa: la hora las cuatro de la tarde, y desde mucho antes se dejaba ver en todos los semblantes esa alegría propia aquí en esta clase de funciones. Reunidos los dos pueblos en nuestra santa iglesia parroquial, los dos muy dignos sacerdotes don Manuel García y don Isidro Gómez, acompañados por el coro de este pueblo, entonaron el "Te Deum" en acción de gracias por la súplica obtenida; una vez concluido se organizó la procesión, cantando el Santísimo Rosario. 

Ya en el sitio de costumbre para encontrarse y despedirse las dos milagrosas imágenes, seis hermosas jóvenes de Gandarilla, en representación del pueblo, cantaron magistralmente preciosos versos alusivos al acto, y otras seis no menos bellas del pueblo de Labarces les contestaron en igual forma dándoles las gracias, tanto por el buen recibimiento que se les había hecho el día 13, como por la cariñosa despedida que entonces se les hacía. Seguidamente, el muy querido é ilustrado señor cura de Labarces, don Manuel García, haciendo púlpito de una pequeña piedra que en aquel sitio sobresale un poco más que las otras, pronunció un notable discurso-plática, lleno de unción evangélica y versando el asunto sobre lo que significa la inmemorial costumbre de estos des pueblos al hacer la rogativa, y la acendrada fe y devoción que se les tiene á nuestras santas patronas, terminando con fuertes vivas á la Virgen de las Nieves, la del Andrina!, la religión católica, y últimamente Gandarilla y Labarces, que fueron todos por el numeroso público calurosamente contestados, llegando entonces el entusiasmo hasta un grado indescriptible. 

Excuso decir á usted que tanto allí como durante toda la carrera no cesaron un momento de atronar el espacio con sus estampidos los cohetes, voladores y medias bombas que seis ú ocho jóvenes lanzaban por los aires como si allá en célicas regiones fueran á saludar á la que es reina de los ángeles y corredentora del género humano: y para probarle á usted una vez más la verdadera fe y devoción que todavía por la misericordia de Dios se conserva en estos pueblos, bástele saber que, al separarse las dos milagrosas imágenes, casi todas las mujeres y muchos hombres de Labarces besaban y le ponían favores á nuestra santa patrona la virgen de las Nieves, que con seguridad no se harán esperar mucho tiempo, pues como dijo allí el citado don Manuel García, nunca tan buenas Madres abandonan á aquellos- de sus hijos que tan bien las quieren. 

No solamente en los pueblos de Labarces y Gandarilla, sino en todos los comarcanos, serán los días 13 y 23 del corriente dos fechas memorables que todos tendremos siempre grabadas en nuestros corazones, tanto por el favor obtenido, cuanto por la pompa y solemnidad como se ha hecho esta rogativa. 

Sin otro particular, quedo suyo afectísimo

s. s. q. b. s. m., 

J. GUTIÉRREZ DE GANDARILLA. 

Julio 24 de 1893."

1849 - SOBRE EL PUERTO

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 El seis de septiembre de 1849 se publica en "La España", edición de Madrid, un artículo del corresponsal en Potes, sin firmar, que con fecha 30 de agosto envía y, en la segunda parte del mismo, hace referencia a San Vicente de la Barquera, su situación marítima y puerto en las siguientes condiciones que me parecen interesantes de reproducir: 

(Nota: Hay algunas palabras “mal sonantes” que están fielmente reproducida y algunas otras con faltas de ortografía, tal y como vienen redactadas)

 

“POTES 30 de agosto.

(De nuestro corresponsal). 

…Habiendo estado en san Vicente de la Barquera, no puedo dispensarme de decir algo de este puerto abandonado que tanto interés inspira por los recuerdos de su antigua opulencia y las ruinas de su población, situada en una pintoresca peninsulada sobre dos hermosas vías con magníficos puentes de piedra, el más antiguo de mil quinientos cincuenta y seis pies y treinta y dos ojos, y una tercera parte de aquellos con nueve de éstos el construido ha justamente cincuenta años, más abajo del arruinado donde debía estar con ventaja del camino de la costa, á que ambos dan paso, y del puerto á quien tanto ha perjudicado por hallarse contiguo al embarcadero. Creía, porque tal se dice en todas partes, que este puerto estaba perdido; pero no es así, porque yo vi á pocos pasos del embarcadero y salir el 19 del anterior julio con destino á la Carraca, la goleta hanoveriana Aguela, capitán H. F. Hollander, de la matrícula de Gueden, de ciento sesenta toneladas, y de calo trece pies y medio, con 1,369 codos cúbicos de madera roble, habiéndolo hecho con igual rumbo el 7 de febrero el bergantín ruso Benedit, capitán D. F. H. Hocterchoff, de igual porte, con 4,416 1/2 codos, y el 12 de marzo el Lovisse, etc., Betty, capitán Forean Thomesese, de 213 toneladas, con solo 1,134 5/8 codos, por no haber madera menuda para abarrotarle, ambos de la matrícula de Riga, con otros buques de menor porte; y este movimiento debido á la corta de maderas de aquellos contornos. Como esta carretera de Liébana está proyectada á Tinamayor, ensenada ó ría que forma el Deva al desembocar en el mar sin población ni muelle, debiera mandarse reconocer excrupulosamente á la vez que el puerto de san Vicente y comparar sus barras, fondo, corrientes, etc., para conocer cuál de los dos ofrece mejor fondeadero y entrada en todas estaciones, prefiriendo aun en iguales circunstancias á San Vicente de la Barquera, porque si habría que prolongar la línea de la carretera una escasa legua, buen ejemplo nos ofrece dentro de la provincia la de Castilla por Torrelavega, que despreciando el mar en Suances, recorre varias leguas más para buscarle en Santander, población y puerto notables que no hay en Suances, como lo es san Vicente con respecto á Tinamayor, punto en que todo habría que hacerlo, invirtiéndose inecesaríaramente los grandes capitales que exige la construcción de un pueblo con muelles, sobre tener aquel término propio y mejor campo. Con la esportacion que el camino de Liébana ofrecerá á San Vicente, especialmente en los considerables artículos de maderas, corcho y vino, los que le proporcionaría el proyectado por el valle ó acerca del Nansa que termina en él, y el movimiento  que recibiese con el de la costa de Asturias, si así y todo nunca volvería á su antigua opulencia, reviviría al menos este desgraciado pueblo, y habría este puerto más en la brava costa Cantábrica entre Santander y Gijón, que diese impulso á la riqueza de los pueblos del interior de esta parte de la Península, hoy pobres y llenos de preocupaciones...? Escribo para que el gobierno y el público sepan todo esto, y ruego á vds. dediquen la atención de aquel para que mande hacer un reconocimiento que tan poco le cuesta. 


  No concibo cómo se permite á dichos buques estranjeros el comercio de cabotaje espresado, que ninguna nación consiente y tanto perjudica á nuestra marina; concesión aún menos disimulable y más sensible por dispensarle á los contratistas de maderas que tan caras se las venden, y no necesitaban en verdad esta ganancia más. Siento haberme acordado de esto después de ir tan larga mi comunicación, porque merecía decir algo mas esta preferencia de buques estranjeros que tan fatal puede ser para el desarrollo de nuestra marina. 

Indicaré otro abuso que noté en San Vicente. Cual si su puerto sufriese poco con las arenas que naturalmente se aglomeran, las maderas que debieran colocarse en determinado sitio para embarcarlas, se hallan meses y meses arrojadas en el mismo puerto deteniendo las arenas que las mareas remueve, en términos de verse muchas piezas casi del todo cubiertas. A todos oía lamentarlo, como es muy de lamentar, pues el puerto está desconocido desde que por vez primera le vi el año anterior; pero nadie pone remedio. Sirva de aviso á quien deba remediarlo.”

1910 - FIESTA DE LA BARQUERA.

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 El doce de septiembre de 1910 se publicó en "El Cantábrico", y firmado por "Masanfer", el siguiente reportaje sobre la fiesta de "La Barquera" que dice así:







"Fiesta de La Barquera

Con un día nublado, que despejó después y una animación incomparable, han dado comienzo en esta villa las fiestas que, en honor de su patrona, Nuestra Señora de la Barquera, tenía preparadas y anunciadas este Ayuntamiento; y como no hay necesidad de hacer grandes encomios de ellas, ni ensalzarlas con palabras, por ser los hechos más elocuentes, me limito á hacer un relato lo más aproximado á fin de que se pueda juzgar del gusto predilecto de este Municipio. 

El día 7, después de recorrer la banda de música, tocando la diana, las principales calles de la localidad, comenzaron á inscribirse y prepararse los jugadores de bolos que habían de tomar parte en el gran concurso que se ha celebrado, invadiendo materialmente el público las inmediaciones de la bolera, que ofrecían á la vista la nota mas animada y simpática, por haber en todos los grupos las consiguientes discusiones, debidas al interés que inspiraban unos jugadores ú otros á sus múltiples partidarios. 

A las diez se constituyó el jurado, señalando raya de 3/4 metros y colocando el emboque para jugar á la mano, siendo este tiro á quince metros de distancia y el segundo, ó sea el del pulgar, á diez y ocho.  


Tomaron parte diez y seis jugadores, divididos en cuatro partidas, constituidas en la siguiente forma: la primera, por don Marcos Fernández, don Manuel, don Ramón y don Feliciano Roiz, contra los de la segunda, que la completaban don Antonio Lara, don Aurelio Ceballos, don Enrique Bedoya y don Manuel García; la tercera, don Isaac Bedoya, don Norberto Molleda, don Manuel y don Ángel Sierra, contra los de la cuarta, formada por don Francisco Blanco, don José González, don Apolinar Gutiérrez y don Baldomero Merino. 

Quedó gananciosa la segunda partida, jugando contra la cuarta, hasta obtener el mayor número de bolos, siéndole adjudicado el premio de 50 pesetas. 

Por la tarde se celebró la carrera de cintas, resultando con la brillantez que se esperaba. 

A las cuatro y media ocupó la tribuna la presidencia, que estaba constituida por las angelicales, elegantes y distinguidas señoritas María Gutiérrez, Lolita Velarde y Palma, Marín Blanco Barrio, Pura del Corro, Rosario Martínez y María Rueda. 

De los corredores en bicicleta, obtuvieron cintas don Manuel Díaz, don Luis y don José Laspra, don Arturo Carranceja, don Ignacio Sánchez, don Alejandro Gutiérrez, don Manuel Posada, don Victoriano Calleja, don Francisco Blanco; de los de á caballo, don Rodrigo de Mier, don Luis Merodio, don Vicente García, don Ángel Gutiérrez, don Fructuoso García, don José García don Arturo Blanco y don José Noreña. 

Don Luis Laspra, obtuvo el primer premio de bicicletas y don Manuel Posada el segundo, y de los de á caballo, el primero se adjudicó á don Ángel Gutiérrez y el segundo á don Fructuoso García. 

Terminada la carrera, fueron obsequiadas las presidentas en la terraza del suntuoso Hotel de Miramar, con un espléndido lunch. Acto seguido, una comisión solicitó de don Silverio Gómez, propietario de dicho Hotel, les concediera el salón del mismo, para celebrar bailes de sociedad, cuya petición fue atendida con la excesiva bondad que á dicho señor caracteriza, á pesar de la inmensa pena que embarga su ánimo, por la pérdida reciente de su señora madre. 

El día 8, entre otros festejos, los más salientes fueron las cucañas que se verificaron en palo ensebado, y las carreras de cintas, marítimas, de cuerda y en tinas, que resultaron muy entretenidas por los incidentes cómicos á que dan lugar y que el gran gentío que las presenció, celebraba y reía á placer. 

En cucañas el primer premio, único que se adjudicó, debido á tener que suspenderlas á causa del frío que tenían los nadadores, por lo desapacible que estuvo la tarde, fue para el marinero Ramón San Nicolás y los de cintas fueron respectivamente para Regino Roiz, Santos González, José María González y José González, todos marineros. 

Los dos días ha habido bailes populares por tarde y noche en la plaza, luciendo una fantástica iluminación, é igualmente se han quemado en ambas preciosas colecciones de fuegos artificiales en el paseo del Bombé, y en el último día tuvo lugar en el templete de la música la rifa de dos monedas de oro de 25 pesetas cada una, habiendo sido la suerte para el número 97. 

Para terminar: todos han quedado muy complacidos; ha habido gran afluencia de forasteros y el Ayuntamiento ha sido por todos felicitado, especialmente los señores que componían la Comisión, don Manuel María de Hoyos, don Anselmo Calderón, don Vicente González, don Gerardo Arenas y don Manuel Fonseca y yo á mi vez les envío mi más cordial enhorabuena por el acierto que han tenido y actividad que han desplegado. 

Masanfer.

9 septiembre 1910." 

1905 - VIAJE EN TREN DE CABEZÓN A LLANES

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El veintiséis de junio de 1905, se publicó en la primera página de "El Cantábrico", un curioso reportaje sobre un "Viaje en tren de Cabezón a Llanes" 

No es un artículo o reportaje dedicado en "exclusiva" a San Vicente de la Barquera, pero sí son citadas y descritas algunas peculiaridades referentes al trayecto por nuestra zona del naciente ferrocarril que se estaba terminando de construir y donde el articulista recoge, (y no firma), esta excursión.

Por parecerme de interés y "curiosidad" reproduzco el artículo completo de El Cantábrico que dice así:



"DE CABEZÓN Á LLANES

 Notas de un viaje por la línea del Cantábrico

 La pintoresca villa de Llanes vio ayer llegar á su estación un tren de material procedente de Santander, en el cual iban algunas personas de esta ciudad, entre las cuales nos contábamos.

Habíamos recorrido toda la línea, de Santander á Llanes, en ese tren. Ya está la vía en condiciones de que por ella se circule: faltan sólo algunos detalles para que se pueda inaugurar el servicio público. Muy pronto, los montañeses y los asturianos, yendo y viniendo, se encontrarán y se saludarán con afecto en las estaciones de cruce.

Llanes estaba ayer rebosante de animación. Las calles, los mercados ofrecían ese aspecto de los pueblos laboriosos, que gozan del día de asueto, que van con sus ganancias de la semana á comprar á las tiendas y á los puestos. Y recorriendo sus vías, contemplábamos la variada edificación las construcciones nuevas, los palacios, las viviendas, limpias y cómodas.

  ¡Qué encantos, qué atractivos los de estos pueblos asturianos! Salimos de Llanes con el espíritu repleto de impresiones gratas; volvimos de nuestra excursión con el recuerdo de las suaves emociones gozadas en el balconcillo de un cómodo vagón de viajeros. Antes de contemplar la estatua de Posada Herrera, que es el primer motivo que se da á los visitantes para que sientan honda simpatía por Llanes, por una villa que así honra á sus hijos ilustres; antes de admirar en las llaniscas la hermosura de la mujer asturiana, habíamos cruzado algunas leguas de la tierra de Asturias. Bella es nuestra Montaña, con su poesía tan apacible y tan dulce. Bellísima es la campiña asturiana, poblada de una vegetación abundante, frondosa, variadísima, que sacia las hambres de la vista más deseosa de continúas novedades.

...Los dos montes, las dos mesetas colocadas allí por los caprichos de la Naturaleza, las dos llamadas Tinas, Tina mayor y Tina menor, dejan un huequecito entre sus laderas para que desemboque el rio Nansa. Cuando pasamos frente á este espectáculo de un río que corre, de un mar que le espera, de unos montes que no han podido cerrar el paso al agua dulce que baja de otras alturas, se nos anuncia que Asturias va á empezar, precisamente en una obra de los constructores de la vía, en la mitad del puente de Unquera. Con afán deseamos penetrar con el tren del Cantábrico en la provincia hermana. Va a ser un momento de emoción sincera.

  Avanzamos. La cuesta del Peral se sube con rapidez, y el tren se interna en las selvas, como una oruga que se esconde entre unas matas. La variedad del paisaje absorbe la atención del viajero; tanta diversidad de bellezas naturales nos produce esa desorientación que experimentan los niños en los bazares de juguetes. ¿En cuál detalle nos fijaremos, si unos bosques, si unas huertas, si unos montes, y unas hondonadas, y unos peñascos, y unas mieses, unos arroyos y unas cúspides suceden sin cesar á otras cimas que nos asombraron por lo elevadas, á otros riachuelos que nos encantaron por lo umbríos y silenciosos, á otros plantíos que nos gustaron por lozanos, á otros peñascos, á otras honduras, á otras montañas, á otras huertas, á otras selvas que nos dejaron en actitud contemplativa, engolfados en la admiración á la Madre eterna, á la opulenta y pródiga Naturaleza? Aunque hiciéramos este viaje en un pausado carromato, sentiríamos el pesar de andar tan de prisa. Si queréis que os aflija la noche, cruzad estos lugares cuando la obscuridad os vaya negando el gozo de contemplar tales paisajes.

Confesamos que una línea férrea de tanta y tan deleitosa impresión no la hemos recorrido nunca.

Vanos á Colombres, el pueblo de los afortunados de América, aquel pueblo nobilísimo que también, como Llanes, sabe honrar á sus hijos insignes.

Los suntuosos edificios de los buenos patriotas que volvieron á sus pueblos con sus ganancias, coronan la altura, y la más hermosa y amplía de todas las construcciones que se ven es el Hospital, creado por la caridad fecunda de tan buena gente. Entramos en el túnel del Peral, sobre el cual, un poco desviado á la derecha, aparece el cementerio de Colombres, con los soberbios panteones donde descansan ó descansarán los restos de los generosos que tanto bien hacen al pueblo. ¡Del Hospital á los panteones cuántas bendiciones caminarán, sobre los aires puros de las montañas, que tanto sanean y purifican la voluntad de los adinerados!...

La vía se prolonga entre manzanales; ya hablan los excursionistas de la frescura de la sidra asturiana, de la espuma blanca de esa sidra «de tiro» que hace saltar el tapón de las panzudas botellas, después de las comidas fuertes, sustituyendo al champán en el trabajo de alegrar á los comensales. Y en seguida, en cuanto se ha pasado el viaducto de Cabra —de recia y esbelta construcción, como los demás viaductos y puentes de la línea—, se nos aparece lo más típico de Asturias: el hórreo. Son dos los que se ven, montados «al aire», como una remembranza de las viviendas lacustres. En ellos se depositan los frutos de la tierra, como si se hubiesen de santificar, alejándolos del contacto con el suelo, entregándolos á las caricias del aire puro, antes de ser alimento de los hombres. ¡El hórreo, con su cubierta á cuatro aguas, con su balcón, con su solana, con su silencio de casa de los frutos, donde no han de penetrar los roedores, que todo se lo quieren comer; donde no habitan los hombres, que se lo comen todo!...

...¡Gran sorpresa para el viajero «primerizo»! El mar, el inmenso mar, con su azul intenso, con su agitación constante, con sus rizos de espuma, con su corte de brisas, aparece ante la vista. Por Guipúzcoa, yendo en un tren hacia Zumaya, recibimos cierto día igual sorpresa. El mar no se anuncia en la marisma, no le vemos primero en la bahía, no le contemplamos antes entre las playas, entre las rocas, entre los juncales; de pronto se nos manifiesta, trayendo á la imaginación, cansada de los valles angostos, de las gargantas estrechas, de los bosques, de las callejuelas, la idea de lo infinito.

Entramos en un bosque sombrío, y á poco dejamos atrás los álamos, los chopos, los castaños para encontrarnos con otro pueblo pintoresco, diseminado entre la vegetación: Pendueles. De entre la espesura una torrecilla surge: es de un templo que se esconde en la verde confusión del follaje, ocultando sus muros entre las hojas, sus cimientos entre las raíces. Un campesino con su dalle y con su montera; una mujer con la herrada de anchos aros nos recuerdan también que estamos en Asturias... Vidiago es un verde rincón de región tan bella. Sus viviendas no se atreven á asomar entra las ramas pobladas de hoja: por un lado, parece un bosque inhabitado: más allá, desde el tren, vemos las casitas blancas, descansando junto á los troncos, estos inmóviles, Silenciosos centinelas que amparan en la Montaña y en Asturias el sosiego de tantos enriquecidos! ¡Qué amena estancia, Vidiago, para los espíritus fatigados! Junto al mar, sobre las rocas, entre los manzanos, los álamos, los castaños, los eucaliptus, los robles y los chopos...

  El viaducto de Purón, notable obra de la moderna ingeniería, nos aproxima á Llanes. Seguimos caminando entre arboledas. Un lejano monte cubierto de robles nos hace la ilusión de una altura invadida por inmensa muchedumbre de peregrinos que suben pausadamente hacía una ermita. Aquellos árboles, altos y recogidos de quimas, separados unos de otros, parecen gente.

Y penetramos en un extraño túnel, en un túnel doble, de cuatro «bocas». Cuando se construyó, en medio de él se abrió la superficie de la montaña, y se acordó hacer un pequeño trozo á cielo abierto y continuar después á través de las entrañas de piedra del alto monte. Se llama el túnel «de los Altares»: apenas salís de él volvéis á penetrar en su segundo trozo, y mirando al interior desde el vagón veis en el centro un poco de luz, como si hubiese allí una claraboya. Este túnel y el que hay cerca de La Acebosa (estación de San Vicente) son los más curiosos detalles de la línea. Este de La Acebosa se titula de la Castañera y es su entrada un desmonte en trompa y hay en su salida una gran losa de tapa. Parece este túnel obra de la Naturaleza, una caverna abierta en la roca viva. La sierra de Cuera produce el efecto de las cosas magnas. Sus recias estribaciones tienen un aspecto gigantesco. Nuestros poetas, nuestros sentimentales, nuestros pintores montañeses han de poner en el papel y el lienzo muy bellos pensamientos cuando hayan comprendido bien toda esta hermosura de la región asturiana.


  Y estamos en Llanes, cuya estación, es un edificio amplio y cómodo, en el que habrá un espacioso departamento para fonda. De aquí no pasamos; la alegre villa, con su hospitalaria cortesía, nos brinda con un grato paseo por sus animadas calles, en las cuales se advierte cuán trabajadores son los llaniscos, cuán grande es su cultura y cuán sinceramente laboran por el bienestar de su precioso pueblo.

Hemos recorrido, pues, toda la línea del ferrocarril Cantábrico desde Cabezón á Llanes. Las obras están terminadas, y ya hemos dicho que se activarán los últimos trabajos para poder inaugurar el servicio hasta Llanes. La prolongación se ha hecho muy bien. Abundan en ella las obras de fábrica, y no se ha omitido ningún gasto para la mayor seguridad y comodidad del viajero. Se ha empezado por prodigar en todo el trayecto el balastro, que es el pan de las vías férreas, asegurando con él la solidez del terreno y la firmeza del camino de hierro. Se han hecho para el servicio de los pueblos varios puentes muy esbeltos, de hormigón armado, y se han construido muy excelentes estaciones. 

  De Cabezón á Treceño pasa la vía por el puente de la Herrería, de gran solidez, y que está montado sobre el río del Escudo. Treceño es un pueblo de importancia, con su riqueza ganadera, con sus excelentes canteras, con sus fecundas mieses y con sus abundantes pastos. La estación está en el barrio de Requejo, rodeada de montañas. En ella se ven ya los depósitos de agua, de cemento armado, de gran cabida (cincuenta metros cúbicos) que se han construido en la nueva línea. Las garitas de los guardas son de ladrillo revestido de cemento, y los muros de las estaciones en toda la línea, se han revestido de una loseta imitando ladrillos, que evita las humedades. La estación de Unquera tiene dos pisos, para que en ellos habiten el jefe, el factor y el guarda-agujas.

  Viene luego la estación de Roiz (Las Cuevas) y en seguida la de San Vicente de la Barquera (La Acebosa). De Roiz á San Vicente hay un túnel, el de la Castañera, el puente de los Chichos, de piedra, y el puente de Dovalina, de piedra y hierro. En este trayecto se ha trabajado mucho. Hay en él, en dos kilómetros, nueve obras de fábrica, entre ellas dos túneles y dos puentes, Hallamos luego los túneles de Peña Tajada y de La Gallona. Ha habido que bajar la carretera de la mina de la Florida á Peña Candil, que antes iba por la derecha de la vía. 

  El tren pasa junio á las grandes marismas de los señores Rubín y Pombo, y se ve desde el tren la ría de San Vicente de la Barquera. La desembocadura del río del Escudo es un lugar de los más pintorescos de la línea. El tren atraviesa las extensas fincas del señor Carranceja. Para ir de La Acebosa á San Vicente la carretera no es muy cómoda, y ya se trata de lograr que se haga un buen camino. En este trozo la vegetación es pobre. El terreno, árido. De San Vicente á Pesués empieza á advertirse ya la proximidad de la espléndida vegetación de Asturias, Se atraviesa el túnel de Sobao, y luego se contempla la desembocadura del Nansa. Un magnífico puente sobre el Nansa, de hierro, es el último que se ha colocado. Todos los puentes han sido colocados por la casa Chávarri, Petremen y Compañía, de Miravalles (Vizcaya). Después del puente sobre el Nansa, está el túnel mayor de la linea, el túnel de Pesués, de 650 metros.

  Al recorrerle, desde el balconcillo del último vagón, vimos cómo se iba entristeciendo la luz del día que penetraba por la entrada. Como el túnel es recto en su mayor parte, la boca no se perdía de vista, y se iba experimentando un efecto de óptica curiosísimo. Los obreros que trabajaban sobre la vía parecían pequeños fogoneros moviéndose ante la boca de un horno abierto. Y aquella claridad del aire libre se iba extinguiendo, palideciendo, tomando tonos extraños, hasta que la curva que hay al final del túnel puso término al espectáculo. Este largo túnel está revestido, y es una de las obras más costosas que se han realizado.

La Instalación telefónica es perfecta: se divide la línea en dos secciones; la primera de Santander á Puente San Miguel, la segunda de Puente San Miguel á Llanes. Los aparatos telefónicos son de la casa Ericcsson, de Suecia, y además cuenta la Empresa con dos aparatos de campaña, iguales á uno que tiene el Rey, y que lo regaló á S. M. el Cuerpo de telégrafos.

Los relojes de la estación son del señor don Emilio Eichberg, de esta ciudad.

Los contratistas de la nueva línea han sido los señores don José Revilla, don José Mesones y don Constantino Helguera. Han dirigido los trabajos el director del ferrocarril don Manuel Huidobro y los señores don Jesús Quintana y don Ramón Velasco.

Han construido las estaciones y depósitos los contratistas señores Laso y Rivas.

Son jefes: de la estación de Treceño, el señor Rojo; de la de Roiz, el señor Raba; de la de San Vicente, el señor Cañardo; de la de Unquera, el señor Solís; de la de Llanes, el señor Carrasco.

Hoy, lunes, recorrerá la nueva línea un tren especial de prueba, que saldrá de Cabezón á las 9'30.

Mucho deseamos que se inaugure pronto el trayecto de Cabezón á Llanes, para que pueda el público hacer un viaje de los más amenos por lugares bellísimos; y de vuelta de nuestra deliciosa excursión por tan lindos pueblos y por tan pintorescos campos, enviamos un saludo afectuoso á nuestros hermanos de Asturias, ahora que entre aquella hermosa provincia y la nuestra se han acortado las distancias."

1901 - LISTAS ELECTORALES

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El diecinueve de Abril de 1901 aparece en el Boletín Oficial de Santander las Listas Electorales que forman diversos Ayuntamientos, entre ellos el de San Vicente de la Barquera, y que reproducimos a continuación:

 

"Lista electoral que forman los Ayuntamientos que á continuación se expresan en cumplimiento del artículo 25 de la ley de 8 de Febrero de 1877, comprensiva de sus individuos y de un número cuádruple de vecinos cabezas de familias con casa abierta, mayores de edad y que, por pagar las mayores cuotas de contribución directas tienen con aquéllos derecho de sufragio para compromisarios en las elecciones de Senadores. 

San Vicente de la Barquera

 

  CONCEJALES 

D. Celestino Blanco Martínez

   Fidel de Noriega y Noriega

   Anselmo Calderón Bustamante

   Tomás Noriega García

   Laureano Blanco González

   Donato Palacios Gimenez

   Fermín García Gutiérrez

   Maximino Gutiérrez Díaz

   José Calleja Orbaneja

 


CONTRIBUYENTES 

D. Urbano Velarde Barrio

   Basilio Escandón Laverde

   Juan Angel del Corro

   Aquilino González Rabanal

   Pedro Berroya Astarbe

   José Gutiérrez Gutiérrez

   Manuel Castro Noriega

   Manuel Díaz del Cotero

   Silverio Gómez Martínez

   Francisco Molleda Vega

   Gerardo Arenas Guernica

   Gabino Bustamante Peral

   Marcelo Villanueva Fernández

   Severino Sáinz Sañudo

   Antonio Suárez Pellón

   Pedro García Ruiloba

   Féliz Rozas Torre

   Manuel Ruiz Duque

   Manuel M.ª Hoyos y Hoyos

   Baldomero Matamoros Vega

   José Martínez Ruiz

   Lorenzo Garrido Tejedor

   Feliciana Alvarez Caranceja

   Antonio Valle González

   Manuel Fernández Díaz

   Manuel Roiz Barrio

   Cecilio García Sanchez

   Diego Gutiérrez Gutiérrez

   Gumersindo Fuente Quintana

   Serapio Roiz Bustillo



   Alberto Martín Martín

   José Noriega García

   Eusebio Gutiérrez y Gutiérrez

   Alfonso Celis Ruiz

   Cirilo Gutiérrez y Gutiérrez

   José González Díaz 

San Vicente de la Barquera 30 de Marzo de 1901.- El Alcalde, Fidel de Noriega.- El Secretario, Manuel Díaz del Cotero."